BMW 316i

Desde siempre se ha mantenido la eterna duda de si es preferible ser cola de león o cabeza de ratón. Esa es la disyuntiva que mantendrán los potenciales compradores del BMW 316i: adquirir un modelo de otra marca generalista de igual precio, mayor potencia y equipamiento o llevarse a casa el BMW menos potente y más “simple”, con todos los respetos, de la gama de la marca alemana.
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BMW 316i
BMW 316i

El 316i tiene a su favor que es un BMW y, como tal, mantiene casi todas las positivas características que poseen sus hermanos con más motor de la Serie 3. Una de ellas, quizás la principal, es un excepcional bastidor que se mantiene inamovible ante todo tipo de “perrerías” que le hagamos y que en esta versión se le nota sobrado para digerir los 115 CV que posee este 316i.

La principal novedad del modelo germano es la adopción del sistema Valvetronic, que consiste en un control variable de la alzada o apertura de las válvulas, que sustituye la convencional válvula de mariposa que está ubicada en el conducto de admisión, con ello se consigue adaptar lo más posible el suministro de carburante a las necesidades del motor en cada momento.

Gracias a la adopción de este sistema, y a pesar de que la cilindrada ha disminuido (de 1.895 a 1.796 centímetros cúbicos), desde BMW se ha anunciado un incremento de la potencia y de las prestaciones y un ahorro del consumo en un 11 por ciento respecto al propulsor que hasta hace unos meses montaba este BMW.

Nuestro Centro Técnico se ha encargado de demostrar que las mejoras en las prestaciones no son tantas. De acuerdo que la aceleración de 0 a 100 km/h se hace casi en un segundo menos (10,6 frente a 11,3 segundos), pero cuando hablamos de recuperaciones, tan importantes para valorar la capacidad de adelantamiento que posee un vehículo, las diferencias, menos de medio segundo, son inapreciables. En cuanto al consumo, mientras que BMW promete un ahorro del 11 por ciento del combustible, nuestras pruebas demuestran que este nuevo 316i gasta más o menos lo mismo

Dejando un poco de lado los fríos, aunque certeros, números, hay que señalar que ponerse al volante de cualquier BMW es un auténtico manjar para sibaritas, y en este 316i no nos quedaremos con hambre, ni mucho menos.

Todo empieza al introducirnos en el puesto de conducción. Los asientos nos recibirán con el mimo de una madre pero al mismo tiempo con la firmeza y el ajuste que necesita un piloto de Fórmula 1. Sea cuál sea nuestra talla y corpulencia, la postura de conducción es fácil de lograr gracias a la multitud de reglajes que posee tanto la banqueta como el volante (altura y profundidad).

Una vez “encerrados” en la dulce prisión del asiento de conductor, sólo nos queda girar la llave y esperar lo que nos depara este confuso motor que BMW enmascara bajo las siglas 1.6 cuando se trata de un 1.8. Y aunque las cifras no son destacadas, las sensaciones sí lo son. Ya el ronroneo del propulsor nos anuncia que no lo vamos a pasar mal; es un sonido deportivo que hace palidecer de envidia a cualquiera de los “TDI” más destacados.

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