Alfa 166 3.0 V6 24V / Opel Omega 3.0 V6 Executive

Buenos, bonitos, lujosos y bien hechos. Alfa Romeo y Opel poseen en sus gamas modelos de lujo y representación tan aparentes como los 166 y Omega. Berlinas dotadas de poderosos motores de tres litros y seis cilindros en V capaces de satisfacer a los clientes más exigentes con argumentos muy diferentes.
Autopista -
Alfa 166 3.0 V6 24V / Opel Omega 3.0 V6 Executive
Alfa 166 3.0 V6 24V / Opel Omega 3.0 V6 Executive

Una de las diferencias más importantes entre ambos reside en el apartado del cambio. El Alfa, con motor V6 de tres litros, está inevitablemente asociado a una caja de cambios automática con mando secuencial de cuatro velocidades, mientras que el Opel ofrece como opción la caja de cambios automática y, de serie, incluye una caja manual de cinco velocidades. Bajo parámetros de elección con prioridad total al confort y facilidad de uso no hay duda de que el Alfa es la mejor opción. La caja de cambios «Sportronic» puede funcionar de forma secuencial, de modo que el conductor puede seleccionar la velocidad en la que quiere ir y el cambio la engrana automáticamente. O bien puede seleccionar la tradicional «D» y funcionar como un cambio automático normal, en el que, dicho sea de paso, funciona mejor que como secuencial. Este apartado permite algo de participación al conductor, que debe conformarse con manipular sólo cuatro velocidades, motivo por el cual su uso resulta escaso de posibilidades y lo normal es acabar por ignorar la palanca. Sinceramente, para disfrutar al máximo del potencial de un V6 como el de los modelos de la presente comparativa, se nos antoja más adecuado un automático secuencial de cinco velocidades sin tanto salto entre marchas o el cambio manual de cinco velocidades del Opel, que permite al conductor un mayor control. El cambio del Omega funciona correctamente, incluso sin tratarse de los mejores del mercado, ya que la palanca tiene un largo recorrido y el tacto es fofo, aunque preciso.

El comportamiento es bueno en líneas generales. Son cómodos y suaves con sus ocupantes, pero también muy distintos. Con el Alfa se siente la carretera y el volante, a diferencia de lo que ocurre con el Opel (demasiado filtrado y asistido), transmite mucha información. Gracias a esto, muestra un plus de agilidad y dinamismo frente al Omega. De todos modos, el Alfa es excesivamente blando y la carrocería se inclina en exceso. No es que el Opel sea duro, pero los baches se filtran con mayor eficacia y en el paso por curva las inclinaciones laterales no son tan reseñables. La condición de tracción trasera del Opel y de tracción delantera del Alfa les hace realmente diferentes al volante, pero igualmente nobles de reacciones, y su elección se basa más en gustos que en motivos de estabilidad o seguridad, por que, por eficacia, ninguno pone en aprietos a su conductor. Además, el Opel dispone de serie del control electrónico de tracción TC, mientras que el Alfa no incluye ningún dispositivo de este tipo (cierto que al Omega le hace mucha más falta).

Con un nivel de prestaciones semejante y una cota de confort también muy parecida, sólo resta matizar algunos detalles. Por una parte, está el nivel acústico de su interior, más bajo en el Alfa, aunque por la mínima. Y, por la otra, dos apartados que nos parecen realmente importantes: los frenos y el consumo. En ambos, es el Opel el que se impone con claridad. En las pruebas de frenada, el Alfa mostró una rápida tendencia a desfallecer, prolongando su frenada hasta en diez metros frente a los resultados arrojados por el Opel. En lo referente al consumo, la balanza estuvo mucho más equilibrada, con 13 litros para cada 100 km en el Alfa y unos sorprendentes 10,3 litros para el Opel. En ambos casos, a nada que se dé rienda suelta al acelerador, el consumo escala por encima de los quince litros sin problemas. Para valorarlos en su justa medida, hay que recurrir al precio. Parecen altos, pero comparados con los de coches que serían sus rivales naturales, tales como un Audi A6 2.8 (6.530.000 pesetas) o BMW 528i (6.675.000 pesetas), nos encontramos que la oferta del Opel es muy buena y la del Alfa se encuentra muy pareja a los antes mencionados. Profundizando, es obligado percatarse de que el equipamiento de serie que ofrece el Alfa es muy superior al que proponen los Audi y BMW. Y, por ejemplo, frente al Opel, el italiano incluye el navegador GPS, un complemento que, hoy por hoy, todavía se paga muy caro.

Una de las diferencias más importantes entre ambos reside en el apartado del cambio. El Alfa, con motor V6 de tres litros, está inevitablemente asociado a una caja de cambios automática con mando secuencial de cuatro velocidades, mientras que el Opel ofrece como opción la caja de cambios automática y, de serie, incluye una caja manual de cinco velocidades. Bajo parámetros de elección con prioridad total al confort y facilidad de uso no hay duda de que el Alfa es la mejor opción. La caja de cambios «Sportronic» puede funcionar de forma secuencial, de modo que el conductor puede seleccionar la velocidad en la que quiere ir y el cambio la engrana automáticamente. O bien puede seleccionar la tradicional «D» y funcionar como un cambio automático normal, en el que, dicho sea de paso, funciona mejor que como secuencial. Este apartado permite algo de participación al conductor, que debe conformarse con manipular sólo cuatro velocidades, motivo por el cual su uso resulta escaso de posibilidades y lo normal es acabar por ignorar la palanca. Sinceramente, para disfrutar al máximo del potencial de un V6 como el de los modelos de la presente comparativa, se nos antoja más adecuado un automático secuencial de cinco velocidades sin tanto salto entre marchas o el cambio manual de cinco velocidades del Opel, que permite al conductor un mayor control. El cambio del Omega funciona correctamente, incluso sin tratarse de los mejores del mercado, ya que la palanca tiene un largo recorrido y el tacto es fofo, aunque preciso.

El comportamiento es bueno en líneas generales. Son cómodos y suaves con sus ocupantes, pero también muy distintos. Con el Alfa se siente la carretera y el volante, a diferencia de lo que ocurre con el Opel (demasiado filtrado y asistido), transmite mucha información. Gracias a esto, muestra un plus de agilidad y dinamismo frente al Omega. De todos modos, el Alfa es excesivamente blando y la carrocería se inclina en exceso. No es que el Opel sea duro, pero los baches se filtran con mayor eficacia y en el paso por curva las inclinaciones laterales no son tan reseñables. La condición de tracción trasera del Opel y de tracción delantera del Alfa les hace realmente diferentes al volante, pero igualmente nobles de reacciones, y su elección se basa más en gustos que en motivos de estabilidad o seguridad, por que, por eficacia, ninguno pone en aprietos a su conductor. Además, el Opel dispone de serie del control electrónico de tracción TC, mientras que el Alfa no incluye ningún dispositivo de este tipo (cierto que al Omega le hace mucha más falta).

Con un nivel de prestaciones semejante y una cota de confort también muy parecida, sólo resta matizar algunos detalles. Por una parte, está el nivel acústico de su interior, más bajo en el Alfa, aunque por la mínima. Y, por la otra, dos apartados que nos parecen realmente importantes: los frenos y el consumo. En ambos, es el Opel el que se impone con claridad. En las pruebas de frenada, el Alfa mostró una rápida tendencia a desfallecer, prolongando su frenada hasta en diez metros frente a los resultados arrojados por el Opel. En lo referente al consumo, la balanza estuvo mucho más equilibrada, con 13 litros para cada 100 km en el Alfa y unos sorprendentes 10,3 litros para el Opel. En ambos casos, a nada que se dé rienda suelta al acelerador, el consumo escala por encima de los quince litros sin problemas. Para valorarlos en su justa medida, hay que recurrir al precio. Parecen altos, pero comparados con los de coches que serían sus rivales naturales, tales como un Audi A6 2.8 (6.530.000 pesetas) o BMW 528i (6.675.000 pesetas), nos encontramos que la oferta del Opel es muy buena y la del Alfa se encuentra muy pareja a los antes mencionados. Profundizando, es obligado percatarse de que el equipamiento de serie que ofrece el Alfa es muy superior al que proponen los Audi y BMW. Y, por ejemplo, frente al Opel, el italiano incluye el navegador GPS, un complemento que, hoy por hoy, todavía se paga muy caro.

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