Alfa 166 3.0 V6 24V / Opel Omega 3.0 V6 Executive

Buenos, bonitos, lujosos y bien hechos. Alfa Romeo y Opel poseen en sus gamas modelos de lujo y representación tan aparentes como los 166 y Omega. Berlinas dotadas de poderosos motores de tres litros y seis cilindros en V capaces de satisfacer a los clientes más exigentes con argumentos muy diferentes.
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Alfa 166 3.0 V6 24V / Opel Omega 3.0 V6 Executive
Alfa 166 3.0 V6 24V / Opel Omega 3.0 V6 Executive

Con estos dos modelos, Alfa y Opel persiguen un mismo fin: satisfacer a una clientela de alto poder adquisitivo que huye de las tradicionales berlinas de representación alemanas, por lo general, algo más caras a igualdad mecánica y mucho más, si entra también el factor equipamiento. Para conseguirlo, apuestan por caminos muy diferentes: un tracción delantera (Alfa) y un tracción trasera (Opel), con cambio manual de cinco velocidades frente al cambio automático de cuatro en el modelo italiano. Coinciden en elementos de confort y un equipamiento de máximo lujo, en el que hay pocas diferencias entre sí. No resulta extraño, por tanto, encontrarnos ante dos planteamientos bien distintos. El Alfa es una berlina de corte elegante, con el carácter deportivo que la marca italiana imprime a todos sus productos. El Opel, al estilo alemán, apuesta por la robustez de un diseño compacto que, bien puesto al día, no acusa el paso del tiempo y se mantiene fiel a la propulsión posterior, con un eficaz bastidor que propicia un comportamiento burgués carente de complicaciones para la conducción.

Sus diseños son, pues, fiel reflejo de sus diferentes personalidades. Más cuadrado y amplio, el Opel Omega; más agresivo, afilado y deportivo, el Alfa Romeo 166, que destaca por su pronunciado diseño en cuña, a simple vista, mucho más compacto de lo que luego es en realidad. En este segmento «grande» de las berlinas, cada centímetro es realmente importante y de la comparación de esos centímetros sale vencedor el Opel, que es más largo y alto, aunque más estrecho por fuera. En su interior, la tónica es la misma y todos los registros son favorables al modelo alemán, salvo por la anchura de las plazas delanteras, que es idéntica en ambos. Gracias al diseño de la consola del Alfa en la parte del acompañante, que se «hunde» en dirección al vano motor, dispone de mayor amplitud; pero, salvo por esto, todas las ventajas en dimensiones son para el Omega, que cuenta con mayor anchura para las plazas posteriores, mayor cota de altura tanto para las plazas anteriores como las posteriores y, para rematar la faena, dispone de 490 litros para el maletero, frente a los 450 que ofrece el Alfa.

El principal punto en común entre ambos es la utilización de propulsores de tres litros y bloques de seis cilindros en V con culatas de cuatro válvulas por cámara. Los datos oficiales conceden una importante ventaja al motor italiano, que llega a los 226 CV frente a los 211 del alemán, en ambos casos, obtenidos a 6.000 rpm. En la práctica, ninguno de los dos consiguió el mencionado rendimiento en el banco de potencia, aunque la diferencia se mantuvo a favor del modelo italiano. Al volante del Alfa se aprecia que su motor es más voluntarioso, estira más y mejor y, aunque necesita girar a regímenes más altos, proporciona una mayor satisfacción al conductor, en especial a la hora de realizar una conducción de tipo deportivo. El motor Opel, sin ser «percherón», destaca frente a su rival por la progresiva entrega de potencia y la capacidad de recuperación. Es más agradable a bajo y medio régimen y ofrece el 100 por cien del par motor a 3.600 rpm, mientras que el Alfa debe esperar hasta casi las cinco mil vueltas para obtener el mismo nivel de potencia. Ésta es la lectura que se obtiene al ponerse tras el volante pero, curiosamente, con el cronómetro en la mano, el Opel es más rápido tanto en el 0 a 100 km/h como en los 1.000 metros con salida parada. La verdad es que parece que entre ambos se hubieran puesto de acuerdo para destacar en apartados diferentes, pues, si al motor del Alfa se le puede tildar de ligeramente puntiagudo, el del Opel destaca por su rendimiento en la zona baja y media y se muestra algo perezoso al llegar a la zona alta del cuentavueltas. De la unión de lo mejor de ambos se extraería una motor brillante, con par y prestaciones a cualquier régimen.

Con estos dos modelos, Alfa y Opel persiguen un mismo fin: satisfacer a una clientela de alto poder adquisitivo que huye de las tradicionales berlinas de representación alemanas, por lo general, algo más caras a igualdad mecánica y mucho más, si entra también el factor equipamiento. Para conseguirlo, apuestan por caminos muy diferentes: un tracción delantera (Alfa) y un tracción trasera (Opel), con cambio manual de cinco velocidades frente al cambio automático de cuatro en el modelo italiano. Coinciden en elementos de confort y un equipamiento de máximo lujo, en el que hay pocas diferencias entre sí. No resulta extraño, por tanto, encontrarnos ante dos planteamientos bien distintos. El Alfa es una berlina de corte elegante, con el carácter deportivo que la marca italiana imprime a todos sus productos. El Opel, al estilo alemán, apuesta por la robustez de un diseño compacto que, bien puesto al día, no acusa el paso del tiempo y se mantiene fiel a la propulsión posterior, con un eficaz bastidor que propicia un comportamiento burgués carente de complicaciones para la conducción.

Sus diseños son, pues, fiel reflejo de sus diferentes personalidades. Más cuadrado y amplio, el Opel Omega; más agresivo, afilado y deportivo, el Alfa Romeo 166, que destaca por su pronunciado diseño en cuña, a simple vista, mucho más compacto de lo que luego es en realidad. En este segmento «grande» de las berlinas, cada centímetro es realmente importante y de la comparación de esos centímetros sale vencedor el Opel, que es más largo y alto, aunque más estrecho por fuera. En su interior, la tónica es la misma y todos los registros son favorables al modelo alemán, salvo por la anchura de las plazas delanteras, que es idéntica en ambos. Gracias al diseño de la consola del Alfa en la parte del acompañante, que se «hunde» en dirección al vano motor, dispone de mayor amplitud; pero, salvo por esto, todas las ventajas en dimensiones son para el Omega, que cuenta con mayor anchura para las plazas posteriores, mayor cota de altura tanto para las plazas anteriores como las posteriores y, para rematar la faena, dispone de 490 litros para el maletero, frente a los 450 que ofrece el Alfa.

El principal punto en común entre ambos es la utilización de propulsores de tres litros y bloques de seis cilindros en V con culatas de cuatro válvulas por cámara. Los datos oficiales conceden una importante ventaja al motor italiano, que llega a los 226 CV frente a los 211 del alemán, en ambos casos, obtenidos a 6.000 rpm. En la práctica, ninguno de los dos consiguió el mencionado rendimiento en el banco de potencia, aunque la diferencia se mantuvo a favor del modelo italiano. Al volante del Alfa se aprecia que su motor es más voluntarioso, estira más y mejor y, aunque necesita girar a regímenes más altos, proporciona una mayor satisfacción al conductor, en especial a la hora de realizar una conducción de tipo deportivo. El motor Opel, sin ser «percherón», destaca frente a su rival por la progresiva entrega de potencia y la capacidad de recuperación. Es más agradable a bajo y medio régimen y ofrece el 100 por cien del par motor a 3.600 rpm, mientras que el Alfa debe esperar hasta casi las cinco mil vueltas para obtener el mismo nivel de potencia. Ésta es la lectura que se obtiene al ponerse tras el volante pero, curiosamente, con el cronómetro en la mano, el Opel es más rápido tanto en el 0 a 100 km/h como en los 1.000 metros con salida parada. La verdad es que parece que entre ambos se hubieran puesto de acuerdo para destacar en apartados diferentes, pues, si al motor del Alfa se le puede tildar de ligeramente puntiagudo, el del Opel destaca por su rendimiento en la zona baja y media y se muestra algo perezoso al llegar a la zona alta del cuentavueltas. De la unión de lo mejor de ambos se extraería una motor brillante, con par y prestaciones a cualquier régimen.

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