Citroën Xsara Picasso 1.6 / Renault Scénic 1.6 RXE

Aunque ambos modelos están situados en el primer escalón de la oferta de sus respectivas gamas, ofrecen un buen equipamiento, son cómodos, amplios y cuentan con un precio base muy ajustado, motivos más que suficientes para que su éxito de ventas esté prácticamente asegurado.
Autopista -
Citroën Xsara Picasso 1.6 / Renault Scénic 1.6 RXE
Citroën Xsara Picasso 1.6 / Renault Scénic 1.6 RXE

En el interior nos encontramos con una configuración prácticamente calcada entre ellos en cuanto al número de plazas y huecos disponibles; sus asientos son individuales en ambos y, además, tienen capacidad para desplazarse longitudinalmente, algo que mejora e incrementa las posibilidades para adecuar su configuración a las necesidades de cada momento. La capacidad del maletero es mayor en el Picasso, aunque no ofrece la posibilidad de poner la bandeja trasera en dos alturas ni tiene la luna posterior practicable, algo que viene de serie en el Scénic.

El puesto de conducción es más confortable en el Picasso, gracias a la colocación de sus asientos y la posición de la palanca de cambios en el salpicadero. Por esto último, además, se podría, incluso, acceder con suma facilidad a la parte trasera del coche sin tener que hacer muchos ejercicios de contorsionismo.

En el Picasso, se ha optado por una instrumentación digital colocada en el centro del salpicadero, mientras que el Scénic recurre a la típica consola de relojes en la zona del conductor y reserva el espacio central del salpicadero para ubicar la pantalla del navegador. En el Picasso hay dos puntos que no nos terminan de convencer: el primero de ellos es que el accionamiento del "warning" con el motor apagado implica que en el interior no se oye ni se ve ninguna luz que nos indique que este elemento está funcionando; el otro es la posibilidad de apagar todas las funciones del cuadro de instrumentos excepto la de la velocidad, un sistema ya conocido en Saab y al que seguimos sin verle la utilidad práctica. A la hora de enjuiciar el precio final, es el Scénic el que pone las reglas del juego. Si bien es cierto que es 75.000 pesetas más caro -siempre comparando precios oficiales, sin ofertas de ningún tipo-, la política de Renault de los últimos tiempos de equipar prácticamente a tope sus coches hace que, en este apartado, siempre haya que valorarlo muy positivamente.

El Scénic ofrece más que el Picasso el aire acondicionado, el cuentarrevoluciones, el ordenador de viaje, los elevalunas eléctricos traseros, las llantas de aleación ligera, el radiocassette con mandos en el volante y la regulación del apoyo lumbar. En ambos casos nos encontramos con dos vehículos de corte moderno, con una buena habitabilidad interior y un alto confort, pero las modestas prestaciones del Picasso le dejan un tanto descolgado a la hora de hacer una valoración global de cada uno.

En el interior nos encontramos con una configuración prácticamente calcada entre ellos en cuanto al número de plazas y huecos disponibles; sus asientos son individuales en ambos y, además, tienen capacidad para desplazarse longitudinalmente, algo que mejora e incrementa las posibilidades para adecuar su configuración a las necesidades de cada momento. La capacidad del maletero es mayor en el Picasso, aunque no ofrece la posibilidad de poner la bandeja trasera en dos alturas ni tiene la luna posterior practicable, algo que viene de serie en el Scénic.

El puesto de conducción es más confortable en el Picasso, gracias a la colocación de sus asientos y la posición de la palanca de cambios en el salpicadero. Por esto último, además, se podría, incluso, acceder con suma facilidad a la parte trasera del coche sin tener que hacer muchos ejercicios de contorsionismo.

En el Picasso, se ha optado por una instrumentación digital colocada en el centro del salpicadero, mientras que el Scénic recurre a la típica consola de relojes en la zona del conductor y reserva el espacio central del salpicadero para ubicar la pantalla del navegador. En el Picasso hay dos puntos que no nos terminan de convencer: el primero de ellos es que el accionamiento del "warning" con el motor apagado implica que en el interior no se oye ni se ve ninguna luz que nos indique que este elemento está funcionando; el otro es la posibilidad de apagar todas las funciones del cuadro de instrumentos excepto la de la velocidad, un sistema ya conocido en Saab y al que seguimos sin verle la utilidad práctica. A la hora de enjuiciar el precio final, es el Scénic el que pone las reglas del juego. Si bien es cierto que es 75.000 pesetas más caro -siempre comparando precios oficiales, sin ofertas de ningún tipo-, la política de Renault de los últimos tiempos de equipar prácticamente a tope sus coches hace que, en este apartado, siempre haya que valorarlo muy positivamente.

El Scénic ofrece más que el Picasso el aire acondicionado, el cuentarrevoluciones, el ordenador de viaje, los elevalunas eléctricos traseros, las llantas de aleación ligera, el radiocassette con mandos en el volante y la regulación del apoyo lumbar. En ambos casos nos encontramos con dos vehículos de corte moderno, con una buena habitabilidad interior y un alto confort, pero las modestas prestaciones del Picasso le dejan un tanto descolgado a la hora de hacer una valoración global de cada uno.

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