Seat Ibiza TDI 90 CV Sport / Volkswagen Polo 1.4 TDI Trendline

Construidos sobre la misma plataforma, estas dos versiones de Ibiza y Polo han conseguido diferenciarse no solamente en lo que se ve, sino también por su especial temperamento. En Seat apuestan por la calidad en gran serie, mientras que el representante de Volkswagen pretende ofrecer un mayor grado de refinamiento técnico.
Autopista -
Seat Ibiza TDI 90 CV Sport / Volkswagen Polo 1.4 TDI Trendline
Seat Ibiza TDI 90 CV Sport / Volkswagen Polo 1.4 TDI Trendline

Lo primero que salta a la vista es la especial separación que se observa entre estos dos modelos. En el Ibiza todo es ya sobradamente conocido. Los últimos cambios estéticos han modificado su figura, modernizando, sobre todo, el interior, pero esta versión mantiene invariados sus argumentos mecánicos en cuanto a suspensiones, cambio y propulsor, ya que utiliza el siempre bien ponderado TDI de 90 CV. Esta versión puede considerarse como la opción Diesel más equilibrada que se ofrece tanto en la gama Ibiza como en la Córdoba. Para el nuevo Polo, Volkswagen ha recurrido a su archivo tecnológico para añadirle un importante y valorable refinamiento.

Su propulsor de tres cilindros es una evolución del cuatro cilindros del Ibiza, pero con el último lote de avances del grupo, desde el nuevo sistema de alimentación del tipo inyector bomba hasta la sofisticada electrónica de gestión, que controla además el turbocompresor de tipo variable. Estéticamente también experimenta un ligero cambio de "look", acercando su estilo al que definirá la marca en un futuro y que ha sido estrenado en el más familiar Bora. Se ha pretendido casi ofrecer un Golf en pequeño.

El interior del Polo también ha pasado por el estilista, cambiando radicalmente aquél salpicadero común con el Ibiza. Ahora adopta un aspecto muy parecido al del Lupo, tanto en las formas como en el acabado y calidad de los materiales. Precisamente aquí es en donde apreciamos las primeras diferencias entre ambos, aunque la plataforma de salida sea la misma. Nosotros personalmente nos quedamos con el interior del Polo. Resulta más atractivo y refinado, aunque ambos vehículos al final compartan unos elevados niveles de calidad.

El Ibiza juega con la ventaja de la especial pantalla multifunción, que nos sirve para controlar radio, ordenador de a bordo y climatización en esta versión Sport, pero no resulta tan funcional como el salpicadero del Polo. El Ibiza sólo ofrece un pequeño hueco a la izquierda del volante, ya que en esta versión Sport dos relojes, de difícil comprobación, anulan un importante hueco delante de la palanca de cambios para dejar objetos.

El Polo, en este sentido, está mejor resuelto, aunque el equipo de sonido sea de los universales, es decir, fácilmente sustraíbles. Lleva una guantera bajo la radio, otro hueco algo menos capaz un poco más abajo y un importante espacio a la izquierda de la columna de dirección. Estas ventajas se amplían en general al puesto de conducción y no porque la postura al volante sea mejor. A nosotros nos parece algo mejorable en ambos, pero mientras que en el Polo la comodidad no se ve penalizada por los asientos, duros, pero bien conformados, en el Ibiza, los asientos más que acogernos nos escupen, dejándonos buena parte de la espalda sin apoyo, por lo que el cansancio hace acto de presencia demasiado pronto. Además, al ser el confort de marcha menor, debido a la dureza de las suspensiones de la definición Sport que hemos probado, se nota más que los asientos de tipo deportivo no son el fuerte de los nuevos Ibiza.

Lo primero que salta a la vista es la especial separación que se observa entre estos dos modelos. En el Ibiza todo es ya sobradamente conocido. Los últimos cambios estéticos han modificado su figura, modernizando, sobre todo, el interior, pero esta versión mantiene invariados sus argumentos mecánicos en cuanto a suspensiones, cambio y propulsor, ya que utiliza el siempre bien ponderado TDI de 90 CV. Esta versión puede considerarse como la opción Diesel más equilibrada que se ofrece tanto en la gama Ibiza como en la Córdoba. Para el nuevo Polo, Volkswagen ha recurrido a su archivo tecnológico para añadirle un importante y valorable refinamiento.

Su propulsor de tres cilindros es una evolución del cuatro cilindros del Ibiza, pero con el último lote de avances del grupo, desde el nuevo sistema de alimentación del tipo inyector bomba hasta la sofisticada electrónica de gestión, que controla además el turbocompresor de tipo variable. Estéticamente también experimenta un ligero cambio de "look", acercando su estilo al que definirá la marca en un futuro y que ha sido estrenado en el más familiar Bora. Se ha pretendido casi ofrecer un Golf en pequeño.

El interior del Polo también ha pasado por el estilista, cambiando radicalmente aquél salpicadero común con el Ibiza. Ahora adopta un aspecto muy parecido al del Lupo, tanto en las formas como en el acabado y calidad de los materiales. Precisamente aquí es en donde apreciamos las primeras diferencias entre ambos, aunque la plataforma de salida sea la misma. Nosotros personalmente nos quedamos con el interior del Polo. Resulta más atractivo y refinado, aunque ambos vehículos al final compartan unos elevados niveles de calidad.

El Ibiza juega con la ventaja de la especial pantalla multifunción, que nos sirve para controlar radio, ordenador de a bordo y climatización en esta versión Sport, pero no resulta tan funcional como el salpicadero del Polo. El Ibiza sólo ofrece un pequeño hueco a la izquierda del volante, ya que en esta versión Sport dos relojes, de difícil comprobación, anulan un importante hueco delante de la palanca de cambios para dejar objetos.

El Polo, en este sentido, está mejor resuelto, aunque el equipo de sonido sea de los universales, es decir, fácilmente sustraíbles. Lleva una guantera bajo la radio, otro hueco algo menos capaz un poco más abajo y un importante espacio a la izquierda de la columna de dirección. Estas ventajas se amplían en general al puesto de conducción y no porque la postura al volante sea mejor. A nosotros nos parece algo mejorable en ambos, pero mientras que en el Polo la comodidad no se ve penalizada por los asientos, duros, pero bien conformados, en el Ibiza, los asientos más que acogernos nos escupen, dejándonos buena parte de la espalda sin apoyo, por lo que el cansancio hace acto de presencia demasiado pronto. Además, al ser el confort de marcha menor, debido a la dureza de las suspensiones de la definición Sport que hemos probado, se nota más que los asientos de tipo deportivo no son el fuerte de los nuevos Ibiza.

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