Comparativa: Audi A4 2.5 TDI 163 CV / Volvo S60 D5

Precios muy aproximados y la misma potencia (163 CV), auguraban lo que después confirmamos: el tacto y el confort de estos dos modelos es tan similar, que cuesta encontrar diferencias significativas. Prácticamente, decidirse por uno u otro es cuestión de gusto, más que de conveniencia o raciocinio.
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Comparativa: Audi A4 2.5 TDI 163 CV / Volvo S60 D5
Comparativa: Audi A4 2.5 TDI 163 CV / Volvo S60 D5

Con el S80 primero y con el S60 después, Volvo ha dado un paso de gigante para situarse en la misma liga que Mercedes, BMW y Audi, convirtiéndose en una alternativa válida a las grandes marcas alemanas, dominadoras en el sector de las berlinas de prestigio y lujo.

Por su parte, Audi, con el A4 de última generación, ha refinado un producto ya de por sí muy bien logrado y que tiene un motor V6 multiválvula de moderna arquitectura en el tope de la disponibilidad Diesel. Este motor ha recibido, a partir del Salón de París de este año, un ligero retoque en la central de control electrónico de la inyección, eso sí, a cargo de una ya "demodé" bomba rotativa VP44, para buscar algo más de par a bajo régimen, al tiempo que se ha incrementado la potencia de 155 a 163 CV. Con este nivel de motorización, tanto el Audi como el Volvo resultan sensiblemente más asequibles que los Serie 3 o Clase C comparables y, entre sí, guardan poca diferencia de precio: 33.190 euros cuesta el A4 y 32.460 el Volvo. En esta categoría difícilmente 730 euros pueden considerarse significativos y, quizás haya que estudiar algunos detalles del equipamiento y opcionales para establecer diferencias.

Los dos se entregan con una completa dotación de airbags que incluye los laterales, frontales y de cabeza tanto delante como detrás, pero el A4 incluye el control de estabilidad de serie, lo que requiere abonar 1.202 euros extras si se pretende montar lo mismo en el Volvo. Parece un contrasentido que una marca que fundamenta gran parte de su imagen en la seguridad haya decidido que el ESP sea un opcional cuando otro elemento, como el control de crucero, se monta de serie. Al final todo puede ser una cuestión de estrategia comercial porque a partir de allí, los opcionales del S60 resultan, en general, más económicos que los del A4, que ofrece, a su vez, una lista de opcionales bastante más amplia.

En ambos coches resulta fácil encontrar una correcta posición de conducción, acentuado este detalle en el Audi por la posibilidad de contar con una regulación lumbar eléctrica a doble altura. A partir de allí, la consola central ancha del Volvo da una sensación de mayor "encierro", sobre todo en la parte baja del cuerpo, pero es sólo eso, una sensación que puede resultar fácil de olvidar al concentrarnos en la conducción.

Sobrio y elegante, a la vez que moderno, el diseño del salpicadero del Audi es de impecable factura. También cabe el calificativo de muy bien acabado para el salpicadero del Volvo, con un diseño de mandos más "a la americana" y una consola central más abigarrada. Hablando de mandos, la desactivación del sistema de alarma del Audi va situado de manera un tanto oculta en el revestimiento interior de la puerta del conductor. Podría estar más a mano junto a las selecciones de memorias eléctricas de los asientos (cuando se solicita este opcional).

La mayor longitud del Volvo, 482 centímetros, contra 455 centímetros del Audi, ha sido aprovechada para dar más holgura a las piernas de los ocupantes de las plazas traseras (en torno a seis centímetros) y ello es de agradecer. Los dos modelos tienen un rodar muy confortable aunque con su suspensión deportiva el Audi se mueve algo menos en los baches. Ambos son ligeramente subviradores y tienen una buena capacidad de tracción. También responden adecuadamente en zonas viradas y si se cometen excesos, los controles de estabilidad se encargan de corregir las trayectorias, con un poco más de celo en el Audi, aunque es posible desconectarlo.

Si bien las lecturas de sonoridad favorecen al Volvo, la calidad del sonido (sobre todo a 3.000 rpm) es superior en el coche alemán y en este apartado deberíamos decantarnos por él. Aún así, ambos resultan bastante silenciosos para su categoría.

Suavidad, progresividad y energía disimulada son las mayores virtudes del motor del Volvo D5, además de un consumo muy moderado en función de sus prestaciones. Frente al motor V6 del Audi, el cinco cilindros sueco no parece tan brioso pero engaña. El propulsor alemán lo supera claramente en el 0-100 km/h pero, a partir de allí, en casi todas las cifras es el motor sueco el que se impone haciendo valer su sistema de inyección por conducto común y turbocompresor de geometría variable. De todas maneras, las diferencias entre ambos son más bien una cuestión de matices. Mientras el motor V6 del Audi se siente cómodo a alto régimen, el del Volvo parece más perezoso entre 4.000 y 4.500 rpm, donde se sitúa el corte de inyección. La sexta marcha del Audi resulta claramente para economía de consumo, pero el resto de las marchas resultan ligeramente más cortas que las del Volvo, como es lógico disponiendo de un desarrollo más. A pesar de las relaciones intermedias más largas, la amplia diferencia de par a favor del motor D5 basta para que el Volvo obtenga cifras de prestaciones superiores en adelantamientos y recuperaciones, aunque sea su rival el que, por amplia diferencia, se lleva el capítulo de velocidad punta, 227 km/h contra 210 km/h.

Los consumos son muy parecidos en ambos con una ligera ventaja para el motor sueco. En nuestra unidad de prueba, el valor de par máximo del A4 2.5 TDI casi no ha cambiado aunque se consigue a un menor régimen y sí presenta diferencias a favor a través de toda la banda útil de trabajo. Esto ha favorecido, también, el régimen de potencia máxima que ha pasado de 4.250 rpm a 3.900 rpm pero, a cambio, los consumos no han cambiado.

En cuanto a las distancias de frenada, son muy buenas. El Audi obtiene algún metro a su favor en el 100-0 km/h, con un ciclo de respuesta más rápido en sus pastillas que, a cambio, pierden un poco de mordiente cuando su temperatura se eleva, notándose cierta fatiga después de varias frenadas exigentes.

En síntesis, pocas veces nos hemos topado con vehículos procedentes de orígenes tan diferentes que transmitan sensaciones tan parecidas. Aunque difieren en el carácter de sus motores, la sensación de confort de marcha, la solidez de construcción y los mandos se asemejan tanto, que los argumentos diferenciadores deben buscarse en matices o en el gusto y circunstancias personales.

Con el S80 primero y con el S60 después, Volvo ha dado un paso de gigante para situarse en la misma liga que Mercedes, BMW y Audi, convirtiéndose en una alternativa válida a las grandes marcas alemanas, dominadoras en el sector de las berlinas de prestigio y lujo.

Por su parte, Audi, con el A4 de última generación, ha refinado un producto ya de por sí muy bien logrado y que tiene un motor V6 multiválvula de moderna arquitectura en el tope de la disponibilidad Diesel. Este motor ha recibido, a partir del Salón de París de este año, un ligero retoque en la central de control electrónico de la inyección, eso sí, a cargo de una ya "demodé" bomba rotativa VP44, para buscar algo más de par a bajo régimen, al tiempo que se ha incrementado la potencia de 155 a 163 CV. Con este nivel de motorización, tanto el Audi como el Volvo resultan sensiblemente más asequibles que los Serie 3 o Clase C comparables y, entre sí, guardan poca diferencia de precio: 33.190 euros cuesta el A4 y 32.460 el Volvo. En esta categoría difícilmente 730 euros pueden considerarse significativos y, quizás haya que estudiar algunos detalles del equipamiento y opcionales para establecer diferencias.

Los dos se entregan con una completa dotación de airbags que incluye los laterales, frontales y de cabeza tanto delante como detrás, pero el A4 incluye el control de estabilidad de serie, lo que requiere abonar 1.202 euros extras si se pretende montar lo mismo en el Volvo. Parece un contrasentido que una marca que fundamenta gran parte de su imagen en la seguridad haya decidido que el ESP sea un opcional cuando otro elemento, como el control de crucero, se monta de serie. Al final todo puede ser una cuestión de estrategia comercial porque a partir de allí, los opcionales del S60 resultan, en general, más económicos que los del A4, que ofrece, a su vez, una lista de opcionales bastante más amplia.

En ambos coches resulta fácil encontrar una correcta posición de conducción, acentuado este detalle en el Audi por la posibilidad de contar con una regulación lumbar eléctrica a doble altura. A partir de allí, la consola central ancha del Volvo da una sensación de mayor "encierro", sobre todo en la parte baja del cuerpo, pero es sólo eso, una sensación que puede resultar fácil de olvidar al concentrarnos en la conducción.

Sobrio y elegante, a la vez que moderno, el diseño del salpicadero del Audi es de impecable factura. También cabe el calificativo de muy bien acabado para el salpicadero del Volvo, con un diseño de mandos más "a la americana" y una consola central más abigarrada. Hablando de mandos, la desactivación del sistema de alarma del Audi va situado de manera un tanto oculta en el revestimiento interior de la puerta del conductor. Podría estar más a mano junto a las selecciones de memorias eléctricas de los asientos (cuando se solicita este opcional).

La mayor longitud del Volvo, 482 centímetros, contra 455 centímetros del Audi, ha sido aprovechada para dar más holgura a las piernas de los ocupantes de las plazas traseras (en torno a seis centímetros) y ello es de agradecer. Los dos modelos tienen un rodar muy confortable aunque con su suspensión deportiva el Audi se mueve algo menos en los baches. Ambos son ligeramente subviradores y tienen una buena capacidad de tracción. También responden adecuadamente en zonas viradas y si se cometen excesos, los controles de estabilidad se encargan de corregir las trayectorias, con un poco más de celo en el Audi, aunque es posible desconectarlo.

Si bien las lecturas de sonoridad favorecen al Volvo, la calidad del sonido (sobre todo a 3.000 rpm) es superior en el coche alemán y en este apartado deberíamos decantarnos por él. Aún así, ambos resultan bastante silenciosos para su categoría.

Suavidad, progresividad y energía disimulada son las mayores virtudes del motor del Volvo D5, además de un consumo muy moderado en función de sus prestaciones. Frente al motor V6 del Audi, el cinco cilindros sueco no parece tan brioso pero engaña. El propulsor alemán lo supera claramente en el 0-100 km/h pero, a partir de allí, en casi todas las cifras es el motor sueco el que se impone haciendo valer su sistema de inyección por conducto común y turbocompresor de geometría variable. De todas maneras, las diferencias entre ambos son más bien una cuestión de matices. Mientras el motor V6 del Audi se siente cómodo a alto régimen, el del Volvo parece más perezoso entre 4.000 y 4.500 rpm, donde se sitúa el corte de inyección. La sexta marcha del Audi resulta claramente para economía de consumo, pero el resto de las marchas resultan ligeramente más cortas que las del Volvo, como es lógico disponiendo de un desarrollo más. A pesar de las relaciones intermedias más largas, la amplia diferencia de par a favor del motor D5 basta para que el Volvo obtenga cifras de prestaciones superiores en adelantamientos y recuperaciones, aunque sea su rival el que, por amplia diferencia, se lleva el capítulo de velocidad punta, 227 km/h contra 210 km/h.

Los consumos son muy parecidos en ambos con una ligera ventaja para el motor sueco. En nuestra unidad de prueba, el valor de par máximo del A4 2.5 TDI casi no ha cambiado aunque se consigue a un menor régimen y sí presenta diferencias a favor a través de toda la banda útil de trabajo. Esto ha favorecido, también, el régimen de potencia máxima que ha pasado de 4.250 rpm a 3.900 rpm pero, a cambio, los consumos no han cambiado.

En cuanto a las distancias de frenada, son muy buenas. El Audi obtiene algún metro a su favor en el 100-0 km/h, con un ciclo de respuesta más rápido en sus pastillas que, a cambio, pierden un poco de mordiente cuando su temperatura se eleva, notándose cierta fatiga después de varias frenadas exigentes.

En síntesis, pocas veces nos hemos topado con vehículos procedentes de orígenes tan diferentes que transmitan sensaciones tan parecidas. Aunque difieren en el carácter de sus motores, la sensación de confort de marcha, la solidez de construcción y los mandos se asemejan tanto, que los argumentos diferenciadores deben buscarse en matices o en el gusto y circunstancias personales.

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