Seat Alhambra V6

El renovado Alhambra estrena el motor más potente de la historia de Seat, con el que será capaz de superar los 215 km/h. Una suspensión muy bien equilibrada se suma a la buena habitabilidad e insonorización del nuevo Alhambra hasta configurar un monovolumen de alto nivel con una atractiva relación precio-contenido.
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Seat Alhambra V6
Seat Alhambra V6

La configuración Sport ofrece seis asientos-butacas del Alhambra y es la intermedia de una gama que incluye una básica, denominada Stella, y la Signa, que dispone de más equipamiento y elementos de confort. Estas dos variantes se entregan con tres plazas en la segunda fila para totalizar siete.

El Alhambra en configuración Sport incluye una suspensión más firme, que para nada es dura, elevalunas y retrovisores laterales eléctricos, llantas de aleación, climatizador, radio integrada y asientos deportivos. Todos los Alhambra disponen de la caja de cambios de seis marchas dispuestas en tres ejes del Grupo VW, con una reductora para quinta y sexta, ABS, doble airbag y, en el caso de este motor V6, control de estabilidad desconectable.

La instrumentación sorprende por el hecho insólito de incluir termómetro de aceite y voltímetro. Acaso por influencia de su pariente alemán, el Alhambra también se ofrece con una amplia lista de opcionales que incluyen un navegador GPS, ordenador de a bordo, control de crucero, asientos de seguridad para niños integrados muy inteligentemente en las butacas de la segunda fila, asientos de piel y ante para las tres filas.

Los acabados interiores son muy buenos, a la altura de una berlina mediano-grande, con una formalidad en los mandos y revestimientos propias de un vehículo para ejecutivos. Detalles como la oferta de perchas cromadas montadas por detrás de la tercera fila refuerzan esta idea de utilización como microbús, lo mismo que las prácticas mesillas abatibles y sujetas por un amortiguador telescópico en los respaldos de los asientos. Amplios bolsillos rígidos en las cuatro puertas, una guantera secundaria sobre el salpicadero y dos apoyavasos ocultables en el salpicadero completan los detalles prácticos. Los asientos de las filas posteriores son fácilmente abatibles; sus respaldos se convierten en mesillas y pueden retirarse fácilmente del vehículo mediante prácticas palancas. Dejan suficiente espacio para las piernas y, al ser deslizantes longitudinalmente, pueden acomodar a pasajeros muy altos, aunque se sacrifica el espacio en la tercera fila. Ésta, evidentemente, y como sucede en casi todos los monovolúmenes de alrededor de 4,5 metros de longitud, resta espacio para lo que sería el maletero, que queda muy reducido y que de ninguna manera puede albergar equipaje para seis personas. Una insonorización muy bien conseguida y la suavidad de funcionamiento del motor completan un alto nivel de confort que no se ve, de ninguna manera, afectada por la suspensión Sport.

A nosotros nos parece particularmente conseguida esta configuración, con una altura rebajada 25 mm, pero, lo más importante, con una perfecta combinación de tensión de muelles y amortiguadores. La suspensión tiene la suficiente firmeza como para permitir cambios de dirección relativamente rápidos, dentro de lo que cabe esperar de la masa del vehículo (cerca de las dos toneladas con el conductor a bordo) y al mismo tiempo evita oscilaciones de la carrocería en curvas y sobre pavimentos en malas condiciones. Con este planteamiento, el Alhambra Sport se puede conducir casi como si fuera una berlina. Tiene la suavidad y la progresividad de este tipo de vehículos pero, como resulta casi inevitable teniendo en cuenta el peso y altura, subvira (desliza de morro) bastante más. Eso sí, lo hace con una notable progresividad y no cae en el "pecado" de apuntar bien a la entrada del viraje y después seguir recto sorpresivamente. Si se insiste en una conducción ágil, el Alhambra Sport genera todo su balanceo y acaba de apoyarse finalmente sobre el neumático trasero externo. Es en ese momento cuando la trasera tiende a ayudar, derivando muy suave y progresivamente, con una actitud voluntariosa. De forma parecida responde si quitamos el pie del acelerador en medio de una curva. En síntesis, unos modales impecables, casi un lujo para el tipo de vehículo del que se trata. Realmente hay que intentar buscar las cosquillas al gato para conseguir que el eje delantero pierda motricidad.

El control de estabilidad (ESP) tiene tendencia a intervenir al menor atisbo de conducción brusca, aunque no hay ningún problema en desconectarlo a toque de botón. De todas maneras, cuando lo hace, interviene con relativa discreción sin frenar abruptamente el desplazamiento del vehículo. La caja de cambios, permite inserciones precisas y fáciles de los cambios en reducciones, aunque la inserción es relativamente lenta y los recorridos largos. Esto es algo a lo que nos suelen tener acostumbrados los monovolumen grandes, aunque aquí la palanca de cambios queda un poco baja, demasiado alejada de un volante que puede ajustarse en altura y profundidad.

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