Fiat Punto HGT / Peugeot 206 GTI / Volkswagen Polo GTI

Actualmente son muchos y variados los GTI que copan el mercado. De entre todos ellos, el Punto HGT, el 206 GTI y el Polo GTI representan fielmente el espíritu de dicha raza de automóviles entre los utilitarios. Porque combinan a la perfección agilidad de movimientos con un elevado nivel de prestaciones, lo que les permite poner en aprietos a más de un purasangre de reconocido prestigio y superior empaque.
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Fiat Punto HGT / Peugeot 206 GTI / Volkswagen Polo GTI
Fiat Punto HGT / Peugeot 206 GTI / Volkswagen Polo GTI

Pero no es hasta que uno se sienta a los mandos de estos pequeños deportivos cuando de verdad se aprecia el fin buscado por los ingenieros, que han trabajado para lograr unas pequeñas máquinas capaces de hacer hervir la sangre al más curtido volantista. Todos ellos permiten superar los 200 km/h, acelerando de 0 a 100 km/h en menos de 9 segundos.

Los tres comparten el mismo esquema de suspensiones, con McPherson delante y ruedas tiradas unidas a un eje torsional detrás, si bien el Punto es el único que no lleva barra estabilizadora en el tren trasero. Las llantas de aleación de 15" (BBS en el Polo) son también un elemento en común. Si a esta combinación se unen unas dimensiones contenidas, no debe extrañar que donde mejor se desenvuelvan estos GTI sea en carreteras de segundo orden y de montaña, lugar idóneo para contrastar la gran agilidad de sus trenes rodantes.

El Punto es de todos el que cuenta con el comportamiento más tranquilo. El tren trasero va pegado al asfalto otorgándole un comportamiento al límite suficientemente neutro, pero con una tendencia más acusada al subviraje que en sus rivales. El tarado de la suspensión resulta cómodo, aunque la ausencia de estabilizadora trasera propicia un balanceo de la carrocería superior al de sus oponentes, lo que se acusa sobre todo en los cambios de apoyo. Realizando una conducción al ataque, conviene llevar el motor alto de vueltas, dado que es a elevado régimen cuando mejor se aprovecha la mecánica italiana. Y eso que este propulsor cuenta con un variador de fase en admisión y con colectores de geometría variable que mejoran su rendimiento en baja.

El cambio no destaca por el tacto, aunque es suficientemente rápido como para no desentonar del resto del conjunto. Los frenos de disco que monta en las cuatro ruedas llegan a perder eficacia cuando se abusa de ellos, aunque cuentan de serie con un ABS muy bien tarado y que sólo entra en acción cuando es estrictamente necesario. El Polo es el que menos prestaciones ofrece de los tres, pero no por ello deja de ser divertido. Su comportamiento es muy neutro, pero, a diferencia de su competidor italiano, permite jugar algo más en los apoyos fuertes, llegando a deslizar el tren trasero si así lo requiere la pericia de quien va al volante. El equilibrio logrado en el tarado de las suspensiones es casi perfecto, ya que sin resultar excesivamente duro, se muestra bastante eficaz en cualquier tipo de trazado. Lo que más se echa en falta en el modelo alemán es un motor con más carácter. Y es que pese a contar con 125 CV, la escasa cilindrada obliga a llevar el propulsor a elevado régimen para sacarle todo su jugo, ya que la cifra de par no destaca especialmente.

De los tres GTI, el que puede presumir del comportamiento más deportivo es claramente el modelo francés, con un motor que destaca por su rápida respuesta a cualquier régimen y que incita apurarlo hasta el corte. La puesta a punto del chasis es magistral; se puede llegar a rodar a un ritmo frenético a poco que se tenga cierta destreza en la materia. Es el único de los tres que llega a sobrevirar a voluntad con suma facilidad, demostrando ser sumamente ágil, eficaz y progresivo a la vez. Entra en las curvas sin la más mínima pega, con una estabilidad a toda prueba, pero sin que ello signifique prescindir de confort de marcha. La bondad de su chasis la delata también el hecho de que sea muy sensible a la presión de los neumáticos, incidiendo esto determinantemente en el comportamiento. Los frenos están igualmente al nivel esperado, resistiendo francamente bien el trato intenso. El tacto es magnífico y su dosificación se realiza con total exactitud.

Pero no es hasta que uno se sienta a los mandos de estos pequeños deportivos cuando de verdad se aprecia el fin buscado por los ingenieros, que han trabajado para lograr unas pequeñas máquinas capaces de hacer hervir la sangre al más curtido volantista. Todos ellos permiten superar los 200 km/h, acelerando de 0 a 100 km/h en menos de 9 segundos.

Los tres comparten el mismo esquema de suspensiones, con McPherson delante y ruedas tiradas unidas a un eje torsional detrás, si bien el Punto es el único que no lleva barra estabilizadora en el tren trasero. Las llantas de aleación de 15" (BBS en el Polo) son también un elemento en común. Si a esta combinación se unen unas dimensiones contenidas, no debe extrañar que donde mejor se desenvuelvan estos GTI sea en carreteras de segundo orden y de montaña, lugar idóneo para contrastar la gran agilidad de sus trenes rodantes.

El Punto es de todos el que cuenta con el comportamiento más tranquilo. El tren trasero va pegado al asfalto otorgándole un comportamiento al límite suficientemente neutro, pero con una tendencia más acusada al subviraje que en sus rivales. El tarado de la suspensión resulta cómodo, aunque la ausencia de estabilizadora trasera propicia un balanceo de la carrocería superior al de sus oponentes, lo que se acusa sobre todo en los cambios de apoyo. Realizando una conducción al ataque, conviene llevar el motor alto de vueltas, dado que es a elevado régimen cuando mejor se aprovecha la mecánica italiana. Y eso que este propulsor cuenta con un variador de fase en admisión y con colectores de geometría variable que mejoran su rendimiento en baja.

El cambio no destaca por el tacto, aunque es suficientemente rápido como para no desentonar del resto del conjunto. Los frenos de disco que monta en las cuatro ruedas llegan a perder eficacia cuando se abusa de ellos, aunque cuentan de serie con un ABS muy bien tarado y que sólo entra en acción cuando es estrictamente necesario. El Polo es el que menos prestaciones ofrece de los tres, pero no por ello deja de ser divertido. Su comportamiento es muy neutro, pero, a diferencia de su competidor italiano, permite jugar algo más en los apoyos fuertes, llegando a deslizar el tren trasero si así lo requiere la pericia de quien va al volante. El equilibrio logrado en el tarado de las suspensiones es casi perfecto, ya que sin resultar excesivamente duro, se muestra bastante eficaz en cualquier tipo de trazado. Lo que más se echa en falta en el modelo alemán es un motor con más carácter. Y es que pese a contar con 125 CV, la escasa cilindrada obliga a llevar el propulsor a elevado régimen para sacarle todo su jugo, ya que la cifra de par no destaca especialmente.

De los tres GTI, el que puede presumir del comportamiento más deportivo es claramente el modelo francés, con un motor que destaca por su rápida respuesta a cualquier régimen y que incita apurarlo hasta el corte. La puesta a punto del chasis es magistral; se puede llegar a rodar a un ritmo frenético a poco que se tenga cierta destreza en la materia. Es el único de los tres que llega a sobrevirar a voluntad con suma facilidad, demostrando ser sumamente ágil, eficaz y progresivo a la vez. Entra en las curvas sin la más mínima pega, con una estabilidad a toda prueba, pero sin que ello signifique prescindir de confort de marcha. La bondad de su chasis la delata también el hecho de que sea muy sensible a la presión de los neumáticos, incidiendo esto determinantemente en el comportamiento. Los frenos están igualmente al nivel esperado, resistiendo francamente bien el trato intenso. El tacto es magnífico y su dosificación se realiza con total exactitud.

Pero no es hasta que uno se sienta a los mandos de estos pequeños deportivos cuando de verdad se aprecia el fin buscado por los ingenieros, que han trabajado para lograr unas pequeñas máquinas capaces de hacer hervir la sangre al más curtido volantista. Todos ellos permiten superar los 200 km/h, acelerando de 0 a 100 km/h en menos de 9 segundos.

Los tres comparten el mismo esquema de suspensiones, con McPherson delante y ruedas tiradas unidas a un eje torsional detrás, si bien el Punto es el único que no lleva barra estabilizadora en el tren trasero. Las llantas de aleación de 15" (BBS en el Polo) son también un elemento en común. Si a esta combinación se unen unas dimensiones contenidas, no debe extrañar que donde mejor se desenvuelvan estos GTI sea en carreteras de segundo orden y de montaña, lugar idóneo para contrastar la gran agilidad de sus trenes rodantes.

El Punto es de todos el que cuenta con el comportamiento más tranquilo. El tren trasero va pegado al asfalto otorgándole un comportamiento al límite suficientemente neutro, pero con una tendencia más acusada al subviraje que en sus rivales. El tarado de la suspensión resulta cómodo, aunque la ausencia de estabilizadora trasera propicia un balanceo de la carrocería superior al de sus oponentes, lo que se acusa sobre todo en los cambios de apoyo. Realizando una conducción al ataque, conviene llevar el motor alto de vueltas, dado que es a elevado régimen cuando mejor se aprovecha la mecánica italiana. Y eso que este propulsor cuenta con un variador de fase en admisión y con colectores de geometría variable que mejoran su rendimiento en baja.

El cambio no destaca por el tacto, aunque es suficientemente rápido como para no desentonar del resto del conjunto. Los frenos de disco que monta en las cuatro ruedas llegan a perder eficacia cuando se abusa de ellos, aunque cuentan de serie con un ABS muy bien tarado y que sólo entra en acción cuando es estrictamente necesario. El Polo es el que menos prestaciones ofrece de los tres, pero no por ello deja de ser divertido. Su comportamiento es muy neutro, pero, a diferencia de su competidor italiano, permite jugar algo más en los apoyos fuertes, llegando a deslizar el tren trasero si así lo requiere la pericia de quien va al volante. El equilibrio logrado en el tarado de las suspensiones es casi perfecto, ya que sin resultar excesivamente duro, se muestra bastante eficaz en cualquier tipo de trazado. Lo que más se echa en falta en el modelo alemán es un motor con más carácter. Y es que pese a contar con 125 CV, la escasa cilindrada obliga a llevar el propulsor a elevado régimen para sacarle todo su jugo, ya que la cifra de par no destaca especialmente.

De los tres GTI, el que puede presumir del comportamiento más deportivo es claramente el modelo francés, con un motor que destaca por su rápida respuesta a cualquier régimen y que incita apurarlo hasta el corte. La puesta a punto del chasis es magistral; se puede llegar a rodar a un ritmo frenético a poco que se tenga cierta destreza en la materia. Es el único de los tres que llega a sobrevirar a voluntad con suma facilidad, demostrando ser sumamente ágil, eficaz y progresivo a la vez. Entra en las curvas sin la más mínima pega, con una estabilidad a toda prueba, pero sin que ello signifique prescindir de confort de marcha. La bondad de su chasis la delata también el hecho de que sea muy sensible a la presión de los neumáticos, incidiendo esto determinantemente en el comportamiento. Los frenos están igualmente al nivel esperado, resistiendo francamente bien el trato intenso. El tacto es magnífico y su dosificación se realiza con total exactitud.

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