Comparativa: Ford Fiesta 1.6 Sport / Renault Clio 14 16V RXE

Estas dos versiones aportan a sus respectivas gamas el toque de deportividad y dinamismo que muchos usuarios, sobre todo jóvenes, reclaman y que, sin necesidad de grandes esfuerzos económicos, les permite disponer de un modelo rápido y divertido de conducir.
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Comparativa: Ford Fiesta 1.6 Sport / Renault Clio 14 16V RXE
Comparativa: Ford Fiesta 1.6 Sport / Renault Clio 14 16V RXE

La declaración de intenciones es bastante clara en el Ford, cuya denominación «sport» deja fuera de toda duda cuál es el planteamiento básico del coche. Las siglas «RXE» del Clio ofrecen un enfoque mucho más inocente a priori y tan sólo deja entrever que se trata de una versión alta de gama, al menos en lo que a equipamiento se refiere. Lo cierto es que en la practica, atendiendo al aspecto puramente mecánico ambos modelos son perfectamente homologables, con unas cualidades dinámicas similares y una realización bastante lejos de lo que suelen denominarse versiones básicas. El Ford monta el motor Zetec, ya conocido en el Focus, al que se han ajustado algunos parámetros con lo que se obtienen 103 CV nominales en lugar de los 100 CV que rinde su hermano mayor. Entre esas modificaciones está un nuevo mando para el acelerador con el que se pretende obtener una mayor sensibilidad y precisión para el conductor. Los soportes del motor también son nuevos para adaptarlos a las mayores exigencias de esta mecánica. Los colectores de admisión y escape se han tomado directamente del Puma y el silenciador posterior ha sido diseñado por el departamento de Ingeniería Acústica de Ford para dotar de una especial personalidad a esta versión también en el apartado sonoro. El Renault también cuenta con culata de cuatro válvulas por cilindro. Los árboles de levas son huecos y los actuadores sobre los patines de las válvulas son de rodillos. El conjunto permite disminuir el peso, lo que aporta beneficios al reducir también las inercias y limita notablemente las pérdidas por

En el capítulo de bastidor el Ford muestra una configuración de claro corte deportivo. La altura de carrocería se ha rebajado en 13 mm para el tren delantero y en 10 mm para el posterior. Esta reducción ha obligado a retocar también la firmeza de los muelles, que ahora son un 12 por ciento más rígidos y a adaptar la amortiguación a esas nuevas cotas. La nueva estabilizadora delantera de 2 mm más de diámetro y el eje torsional trasero un 42 por ciento más rígido, así como los frenos sobredimensionados, tanto en los discos delanteros como en los tambores, terminan de completar las modificaciones de esta versión Sport respecto de sus hermanos de gama en el apartado mecánico. Exteriormente se obtiene una imagen notablemente más agresiva que la de su rival, a la que sin duda contribuyen las generosas llantas de 15 pulgadas que sirven de base para los neumáticos de 195/50 que calza este Fiesta. A la hora de la verdad todo este elenco de modificaciones consigue el objetivo buscado y permite mejorar el, ya de por sí intachable, chasis del Ford. Al volante se dispone de una mayor precisión de trayectoria, una velocidad de paso en curva más alta y en general una sensación de seguridad y control impresionantes, porque tal vez, lo más importante es que todo ello se consigue sin que las reacciones al límite se hayan degradado.

El Renault presenta un tacto mucho menos agresivo. Las inclinaciones de carrocería son más evidentes y comparado con el Fiesta se percibe una cierta sensación de flotabilidad a alta velocidad. En todo caso estos resultados hay que apuntarlos más al «Debe» del Ford que al «Haber» del Renault. La contrapartida del Clio está en un mayor equilibrio obtenido en sus cualidades dinámicas. Resulta más confortable en zonas bacheadas, gracias a su mayor capacidad de absorción, su rumorosidad es más baja y al acercarnos al límite «avisa» todavía más que el Fiesta.

En los ejercicios frente al crono el Ford impone su mayor potencia y cilindrada resultando más rápido en absolutamente todas las mediciones, incluidas las de frenado. En éstas últimas, las dimensiones de los discos y la sección de neumático del Ford son definitivas. Las relaciones de cambio están bastante ajustadas en ambos, incluso ligeramente más cortas para el Renault que, sin embargo, no llega a disponer de la contundencia de respuesta de su rival. Pero atención. Esta ventaja dinámica puede volverse en contra del Fiesta en largos recorridos ya que su mayor dinamismo lo paga a la hora de pasar por el surtidor y reduce su autonomía a 500 km según nuestra medida ponderada, mientras el Renault dispone, en teoría, de nada menos que 230 km suplementarios, lo que en viajes largos puede ahorrarle un repostaje. El precio de salida de ambos puede resultar engañoso respecto a cuál es el más barato.

Inicialmente el Fiesta cuesta 115.000 ptas menos, lo que le sitúa en una posición envidiable en cuanto a competitividad. No obstante, basta profundizar un poco para comprobar cómo las apariencias engañan. Aire acondicionado, ABS, airbag para el acompañante e incluso el mando remoto de apertura de puertas son opcionales y todos esos elementos se incluyen como dotación de serie en el Clio, lo que cambia las tornas en el precio final y sitúa al Ford 209.000 ptas por encima de su rival francés a igualdad de equipamiento.

Se trata en definitiva de dos modelos con notables cualidades dinámicas. De carácter más deportivo en el caso del Ford y con un enfoque menos ambicioso en el Renault pero con unos resultados que a buen seguro resultarán plenamente satisfactorios para sus respectivos compradores.

La declaración de intenciones es bastante clara en el Ford, cuya denominación «sport» deja fuera de toda duda cuál es el planteamiento básico del coche. Las siglas «RXE» del Clio ofrecen un enfoque mucho más inocente a priori y tan sólo deja entrever que se trata de una versión alta de gama, al menos en lo que a equipamiento se refiere. Lo cierto es que en la practica, atendiendo al aspecto puramente mecánico ambos modelos son perfectamente homologables, con unas cualidades dinámicas similares y una realización bastante lejos de lo que suelen denominarse versiones básicas. El Ford monta el motor Zetec, ya conocido en el Focus, al que se han ajustado algunos parámetros con lo que se obtienen 103 CV nominales en lugar de los 100 CV que rinde su hermano mayor. Entre esas modificaciones está un nuevo mando para el acelerador con el que se pretende obtener una mayor sensibilidad y precisión para el conductor. Los soportes del motor también son nuevos para adaptarlos a las mayores exigencias de esta mecánica. Los colectores de admisión y escape se han tomado directamente del Puma y el silenciador posterior ha sido diseñado por el departamento de Ingeniería Acústica de Ford para dotar de una especial personalidad a esta versión también en el apartado sonoro. El Renault también cuenta con culata de cuatro válvulas por cilindro. Los árboles de levas son huecos y los actuadores sobre los patines de las válvulas son de rodillos. El conjunto permite disminuir el peso, lo que aporta beneficios al reducir también las inercias y limita notablemente las pérdidas por

En el capítulo de bastidor el Ford muestra una configuración de claro corte deportivo. La altura de carrocería se ha rebajado en 13 mm para el tren delantero y en 10 mm para el posterior. Esta reducción ha obligado a retocar también la firmeza de los muelles, que ahora son un 12 por ciento más rígidos y a adaptar la amortiguación a esas nuevas cotas. La nueva estabilizadora delantera de 2 mm más de diámetro y el eje torsional trasero un 42 por ciento más rígido, así como los frenos sobredimensionados, tanto en los discos delanteros como en los tambores, terminan de completar las modificaciones de esta versión Sport respecto de sus hermanos de gama en el apartado mecánico. Exteriormente se obtiene una imagen notablemente más agresiva que la de su rival, a la que sin duda contribuyen las generosas llantas de 15 pulgadas que sirven de base para los neumáticos de 195/50 que calza este Fiesta. A la hora de la verdad todo este elenco de modificaciones consigue el objetivo buscado y permite mejorar el, ya de por sí intachable, chasis del Ford. Al volante se dispone de una mayor precisión de trayectoria, una velocidad de paso en curva más alta y en general una sensación de seguridad y control impresionantes, porque tal vez, lo más importante es que todo ello se consigue sin que las reacciones al límite se hayan degradado.

El Renault presenta un tacto mucho menos agresivo. Las inclinaciones de carrocería son más evidentes y comparado con el Fiesta se percibe una cierta sensación de flotabilidad a alta velocidad. En todo caso estos resultados hay que apuntarlos más al «Debe» del Ford que al «Haber» del Renault. La contrapartida del Clio está en un mayor equilibrio obtenido en sus cualidades dinámicas. Resulta más confortable en zonas bacheadas, gracias a su mayor capacidad de absorción, su rumorosidad es más baja y al acercarnos al límite «avisa» todavía más que el Fiesta.

En los ejercicios frente al crono el Ford impone su mayor potencia y cilindrada resultando más rápido en absolutamente todas las mediciones, incluidas las de frenado. En éstas últimas, las dimensiones de los discos y la sección de neumático del Ford son definitivas. Las relaciones de cambio están bastante ajustadas en ambos, incluso ligeramente más cortas para el Renault que, sin embargo, no llega a disponer de la contundencia de respuesta de su rival. Pero atención. Esta ventaja dinámica puede volverse en contra del Fiesta en largos recorridos ya que su mayor dinamismo lo paga a la hora de pasar por el surtidor y reduce su autonomía a 500 km según nuestra medida ponderada, mientras el Renault dispone, en teoría, de nada menos que 230 km suplementarios, lo que en viajes largos puede ahorrarle un repostaje. El precio de salida de ambos puede resultar engañoso respecto a cuál es el más barato.

Inicialmente el Fiesta cuesta 115.000 ptas menos, lo que le sitúa en una posición envidiable en cuanto a competitividad. No obstante, basta profundizar un poco para comprobar cómo las apariencias engañan. Aire acondicionado, ABS, airbag para el acompañante e incluso el mando remoto de apertura de puertas son opcionales y todos esos elementos se incluyen como dotación de serie en el Clio, lo que cambia las tornas en el precio final y sitúa al Ford 209.000 ptas por encima de su rival francés a igualdad de equipamiento.

Se trata en definitiva de dos modelos con notables cualidades dinámicas. De carácter más deportivo en el caso del Ford y con un enfoque menos ambicioso en el Renault pero con unos resultados que a buen seguro resultarán plenamente satisfactorios para sus respectivos compradores.

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