Peugeot 206 1.6 XT 5p / Rover 25 1.6 Classic 5p

Sin llegar a los extremos de los GTI, estas versiones con más de 100 CV y cinco puertas son capaces de ofrecer brillantes prestaciones además de un confort y practicidad remarcables. El reciente Peugeot 206 de 110 CV se ve capacitado para enfrentarse a un modelo nacido compacto, como es el Rover 25, que destaca por su elegante presencia.
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Peugeot 206 1.6 XT 5p / Rover 25 1.6 Classic 5p
Peugeot 206 1.6 XT 5p / Rover 25 1.6 Classic 5p

La tendencia creciente en el tamaño de los cuatro metros y de sus correspondientes hermanos menores ha dejado al Rover 25 muy cerca de las garras de un modelo con tanto gancho como el 206. Su nueva versión, con motor de 1,6 litros y 110 CV se configura como un rodador de primer nivel, capaz de enfrentarse a cualquier tipo de carretera y de rival.

Como primer ingrediente del nuevo cóctel 206, el motor se presenta como principal protagonista. Una mecánica que demuestra un diseño de primer nivel, capaz de producir un par específico de casi 9,9 mkg/litro, una facilidad pasmosa para subir de vueltas, una respuesta franca desde cualquier régimen y todo aderezado con un consumo muy contenido. Su rival, el Rover, se queda en 9,3 mkg/litro, le falta ese punto de brillantez del Peugeot, no gira tan redondo, tiene que tirar de unos desarrollos algo más largos, lo que penaliza su respuesta, y resulta más glotón que su contrincante. En sí mismo no desentona de lo habitual en este segmento, pero, comparado con este propulsor del 206, queda algo en retraso.

Sobre la carretera, ambos demuestran un dinamismo notable. No llegan a los niveles de los escasos GTI de la categoría, pero, a la hora de manejarse entre el tráfico y superar las dificultades orográficas, estas mecánicas se demuestran holgadas y hasta brillantes. En el caso del Peugeot, está acompañada por una transmisión que sabe aprovechar a la perfección el rendimiento del motor, aunque su mando no resulte ejemplar en cuanto a los recorridos de la palanca - algo largos- y su precisión. La oposición británica peca de optimismo al adosar una caja de cambios cuyas relaciones son algo más largas y con las que le resulta más que difícil al motor dar todo su jugo en cuarta y quinta. De hecho, las recuperaciones en estas marchas son las situaciones donde se desmarca claramente, por abajo, y muestra sus ligeras limitaciones.

Sin embargo, en la carretera, no todo es motor. El bastidor juega un papel importante y, de nuevo en este capítulo, el Peugeot domina con maestría. Es impecable la puesta a punto obtenida sobre esta versión. No ha sido necesario endurecer en demasía la suspensión, limitando su confort. Ni mucho menos, con los tarados elegidos, que cuidan con esmero el cuerpo de los ocupantes, este 206 sobrevuela las dificultades, admite con naturalidad los rápidos cambios de apoyo, sobrevira ligeramente cuando descargamos peso del tren trasero al soltar el acelerador y traza con endiablada eficacia las más enrevesadas curvas. El Rover 25, tras el paso fugaz por las manos de BMW, ha progresado mucho en este capítulo. Su calzado más deportivo, 185/55-15 frente al 185/65-14 del 206, le ayuda sobremanera a conseguir una velocidad de paso por curva no mucho menor que la del Peugeot. Sin embargo, cuando las dificultades se acumulan y aparecen los rasantes en curva, las calzadas deformadas o los cambios de apoyo en frenada, aparecen las limitaciones propias de un diseño menos acertado. El tren trasero se muestra ya un poco más vivo de lo que un conductor medio suele desear y la dirección reacciona ante las deformidades del asfalto con movimientos parásitos. En esto, sin duda, también tiene su influencia el neumático más rígido que monta. El Rover cuesta un poco más llevarlo en los albores del límite de adherencia, exigiendo algo más de calidad a su conductor.

El tacto de los frenos del modelo británico viene a incidir en esta apreciación. Tras un par de frenadas exigentes, el pedal baja ostensiblemente y si con ellos en temperatura fresca exige ya una presión significativa, al calentarlos hay que exagerar la fuerza sobre el pedal para conseguir deceleraciones potentes. En cuanto a éstas, el Peugeot no las obtiene especialmente superiores, pero sí mantiene mucho mejor la eficacia a lo largo de una dura sesión de trabajo y no pierde un tacto de pedal progresivo y firme. Dando un respiro, tanto al conductor como a los coches, siempre es conveniente echar un vistazo a nuestro alrededor y ver qué nos ofrecen, estáticamente, las marcas por nuestro dinero. Desde el exterior es fácil comprobar cómo el Rover posee un punto de distinción muy superior al Peugeot, que juega con la agresividad estética para atraer clientes. Cromados, llantas, diseño. A simple vista, parecen de segmentos distintos, pese a que sus precios indiquen lo contrario, y pocos dirían que el Rover debe cuidar su retaguardia de las dentelladas del Peugeot.

La tendencia creciente en el tamaño de los cuatro metros y de sus correspondientes hermanos menores ha dejado al Rover 25 muy cerca de las garras de un modelo con tanto gancho como el 206. Su nueva versión, con motor de 1,6 litros y 110 CV se configura como un rodador de primer nivel, capaz de enfrentarse a cualquier tipo de carretera y de rival.

Como primer ingrediente del nuevo cóctel 206, el motor se presenta como principal protagonista. Una mecánica que demuestra un diseño de primer nivel, capaz de producir un par específico de casi 9,9 mkg/litro, una facilidad pasmosa para subir de vueltas, una respuesta franca desde cualquier régimen y todo aderezado con un consumo muy contenido. Su rival, el Rover, se queda en 9,3 mkg/litro, le falta ese punto de brillantez del Peugeot, no gira tan redondo, tiene que tirar de unos desarrollos algo más largos, lo que penaliza su respuesta, y resulta más glotón que su contrincante. En sí mismo no desentona de lo habitual en este segmento, pero, comparado con este propulsor del 206, queda algo en retraso.

Sobre la carretera, ambos demuestran un dinamismo notable. No llegan a los niveles de los escasos GTI de la categoría, pero, a la hora de manejarse entre el tráfico y superar las dificultades orográficas, estas mecánicas se demuestran holgadas y hasta brillantes. En el caso del Peugeot, está acompañada por una transmisión que sabe aprovechar a la perfección el rendimiento del motor, aunque su mando no resulte ejemplar en cuanto a los recorridos de la palanca - algo largos- y su precisión. La oposición británica peca de optimismo al adosar una caja de cambios cuyas relaciones son algo más largas y con las que le resulta más que difícil al motor dar todo su jugo en cuarta y quinta. De hecho, las recuperaciones en estas marchas son las situaciones donde se desmarca claramente, por abajo, y muestra sus ligeras limitaciones.

Sin embargo, en la carretera, no todo es motor. El bastidor juega un papel importante y, de nuevo en este capítulo, el Peugeot domina con maestría. Es impecable la puesta a punto obtenida sobre esta versión. No ha sido necesario endurecer en demasía la suspensión, limitando su confort. Ni mucho menos, con los tarados elegidos, que cuidan con esmero el cuerpo de los ocupantes, este 206 sobrevuela las dificultades, admite con naturalidad los rápidos cambios de apoyo, sobrevira ligeramente cuando descargamos peso del tren trasero al soltar el acelerador y traza con endiablada eficacia las más enrevesadas curvas. El Rover 25, tras el paso fugaz por las manos de BMW, ha progresado mucho en este capítulo. Su calzado más deportivo, 185/55-15 frente al 185/65-14 del 206, le ayuda sobremanera a conseguir una velocidad de paso por curva no mucho menor que la del Peugeot. Sin embargo, cuando las dificultades se acumulan y aparecen los rasantes en curva, las calzadas deformadas o los cambios de apoyo en frenada, aparecen las limitaciones propias de un diseño menos acertado. El tren trasero se muestra ya un poco más vivo de lo que un conductor medio suele desear y la dirección reacciona ante las deformidades del asfalto con movimientos parásitos. En esto, sin duda, también tiene su influencia el neumático más rígido que monta. El Rover cuesta un poco más llevarlo en los albores del límite de adherencia, exigiendo algo más de calidad a su conductor.

El tacto de los frenos del modelo británico viene a incidir en esta apreciación. Tras un par de frenadas exigentes, el pedal baja ostensiblemente y si con ellos en temperatura fresca exige ya una presión significativa, al calentarlos hay que exagerar la fuerza sobre el pedal para conseguir deceleraciones potentes. En cuanto a éstas, el Peugeot no las obtiene especialmente superiores, pero sí mantiene mucho mejor la eficacia a lo largo de una dura sesión de trabajo y no pierde un tacto de pedal progresivo y firme. Dando un respiro, tanto al conductor como a los coches, siempre es conveniente echar un vistazo a nuestro alrededor y ver qué nos ofrecen, estáticamente, las marcas por nuestro dinero. Desde el exterior es fácil comprobar cómo el Rover posee un punto de distinción muy superior al Peugeot, que juega con la agresividad estética para atraer clientes. Cromados, llantas, diseño. A simple vista, parecen de segmentos distintos, pese a que sus precios indiquen lo contrario, y pocos dirían que el Rover debe cuidar su retaguardia de las dentelladas del Peugeot.

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