Opel Omega 3.2 V6 / Peugeot 607 3.0 V6 Pack

Aunque el segmento de las berlinas de lujo parece un coto privado de libre acceso únicamente a las marcas elitistas por tradición, existen otras realizaciones: las de los constructores generalistas. En el caso de estos dos tope de gama de Opel y Peugeot, ofrecen también altas satisfacciones para alimentar el ego del usuario.
Autopista -
Opel Omega 3.2 V6 / Peugeot 607 3.0 V6 Pack
Opel Omega 3.2 V6 / Peugeot 607 3.0 V6 Pack

En carretera, la calidad de rodadura de ambos es extraordinaria. Aquí converge la propia dinámica del coche por la suavidad de marcha y mecánica, la sonoridad que llega al interior y los amplios y equipados habitáculos. El Peugeot apuesta más por la comodidad, con un rodar excepcionalmente suave, mientras el Omega se siente inicialmente más firme e informativo a las manos del conductor. En cualquier caso, son conductas que nos transmiten un enorme agrado con personalidades diferentes. En el 607 la dirección a baja velocidad se aprecia demasiado asistida, aunque a medida que va ganando velocidad se endurece hasta conseguir un tacto más apropiado. El Omega es más duro de dirección y con la monta de neumáticos muy anchos de perfil bajo —235/45 R17, una solución de estética— le da un tacto irreal de coche más duro de suspensión, que a la postre desconcierta. Esto explica que, ante secuencias de pequeños rizados o desperfectos del asfalto, responda con mayor sequedad, lo que conlleva a veces a pequeñas pérdidas de trayectoria.

Cambiando los tramos abiertos por carreteras sinuosas, el Peugeot continúa imperturbable con excelentes modales —en parte gracias a su amortiguación variable—, mientras que el Opel se ve ya superado en confort y estabilidad. El 607 mantiene las trazadas en todo tipo de curvas como un tiralíneas, sólido desde el apoyo de entrada, hasta la salida, con una agilidad exenta de reacciones nerviosas que le otorga una impresionante confianza para circular muy por encima de lo que nos dicta el sentido común. La base es de primera calidad, con una generosa batalla de 2,8 metros, amortiguación eléctrica con 9 leyes de tarado automático —que combina la suavidad inicial del 607 con apoyos enérgicos—y control de estabilidad ESP, por cierto, muy poco intrusivo, siendo sólo conscientes de su entrada en acción en situaciones límite por los avisos luminosos en el cuadro de mandos, dada la extraordinaria progresividad con que se comporta el 607 en toda situación.

En el Omega, ese tacto firme e incisivo con que nos sorprende al principio, se difumina a medida que ganamos velocidad y forzamos la marcha. El inicio del apoyo sigue siendo rápido, ayuda también su condición de propulsión trasera, pero, cuando sobrepasamos una determinada fuerza lateral, las suspensiones no sintonizan con el trabajo iniciado por los neumáticos. Aparecen oscilaciones de la carrocería que no permiten conseguir una trayectoria limpia en toda la trazada, que nos lleva a realizar rectificaciones de dirección.

Opel, por tradición, ha sido la marca generalista más reconocida en el segmento de las berlinas de lujo, como de hecho demuestra que el Omega sea entre sus rivales directos el modelo más vendido, pero la nueva apuesta de Peugeot muestra un refinamiento en todos los aspectos superior. El Omega juega todavía la baza de marcar diferencias a su favor con un precio contenido, que en el caso de esta nueva versión Design Edition se sustenta en un equipamiento que incluye aditamentos interesantes, como el sistema de navegación, teléfono GSM, suspensión trasera de altura constante, asientos térmicos, etc. En este sentido, el 607 no tiene ninguna laguna, aunque su precio también exige tener fe en el producto.

En carretera, la calidad de rodadura de ambos es extraordinaria. Aquí converge la propia dinámica del coche por la suavidad de marcha y mecánica, la sonoridad que llega al interior y los amplios y equipados habitáculos. El Peugeot apuesta más por la comodidad, con un rodar excepcionalmente suave, mientras el Omega se siente inicialmente más firme e informativo a las manos del conductor. En cualquier caso, son conductas que nos transmiten un enorme agrado con personalidades diferentes. En el 607 la dirección a baja velocidad se aprecia demasiado asistida, aunque a medida que va ganando velocidad se endurece hasta conseguir un tacto más apropiado. El Omega es más duro de dirección y con la monta de neumáticos muy anchos de perfil bajo —235/45 R17, una solución de estética— le da un tacto irreal de coche más duro de suspensión, que a la postre desconcierta. Esto explica que, ante secuencias de pequeños rizados o desperfectos del asfalto, responda con mayor sequedad, lo que conlleva a veces a pequeñas pérdidas de trayectoria.

Cambiando los tramos abiertos por carreteras sinuosas, el Peugeot continúa imperturbable con excelentes modales —en parte gracias a su amortiguación variable—, mientras que el Opel se ve ya superado en confort y estabilidad. El 607 mantiene las trazadas en todo tipo de curvas como un tiralíneas, sólido desde el apoyo de entrada, hasta la salida, con una agilidad exenta de reacciones nerviosas que le otorga una impresionante confianza para circular muy por encima de lo que nos dicta el sentido común. La base es de primera calidad, con una generosa batalla de 2,8 metros, amortiguación eléctrica con 9 leyes de tarado automático —que combina la suavidad inicial del 607 con apoyos enérgicos—y control de estabilidad ESP, por cierto, muy poco intrusivo, siendo sólo conscientes de su entrada en acción en situaciones límite por los avisos luminosos en el cuadro de mandos, dada la extraordinaria progresividad con que se comporta el 607 en toda situación.

En el Omega, ese tacto firme e incisivo con que nos sorprende al principio, se difumina a medida que ganamos velocidad y forzamos la marcha. El inicio del apoyo sigue siendo rápido, ayuda también su condición de propulsión trasera, pero, cuando sobrepasamos una determinada fuerza lateral, las suspensiones no sintonizan con el trabajo iniciado por los neumáticos. Aparecen oscilaciones de la carrocería que no permiten conseguir una trayectoria limpia en toda la trazada, que nos lleva a realizar rectificaciones de dirección.

Opel, por tradición, ha sido la marca generalista más reconocida en el segmento de las berlinas de lujo, como de hecho demuestra que el Omega sea entre sus rivales directos el modelo más vendido, pero la nueva apuesta de Peugeot muestra un refinamiento en todos los aspectos superior. El Omega juega todavía la baza de marcar diferencias a su favor con un precio contenido, que en el caso de esta nueva versión Design Edition se sustenta en un equipamiento que incluye aditamentos interesantes, como el sistema de navegación, teléfono GSM, suspensión trasera de altura constante, asientos térmicos, etc. En este sentido, el 607 no tiene ninguna laguna, aunque su precio también exige tener fe en el producto.

Historias
LOS MEJORES VÍDEOS
Te recomendamos

El concurso de customización que BMW Motorrad y la Revista Fuel realizan durante los ...

Contar con un neumático todo tiempo como el Bridgestone Weather Control A005 te garan...

SYM se ha consolidado como una de las referencias en el mundo del scooter en nuestro ...

El retrato más personal que encontrarás de mítico piloto Ayrton Senna, con hasta 25 h...

SEAT, Autopista y el Máster en Styling y Diseño de la Universidad Politécnica de Vale...

Hablar del MINI Countryman Híbrido Enchufable es hablar de un SUV camaleónico, que aú...