Audi A4 2.5 TDI 180 CV quattro / BMW 330 xd / Mercedes C270 CDI

Quien busque buenas prestaciones, comodidad, prestigio y un consumo razonable de combustible aquí tiene los tres mejores candidatos. Y, además de ser Diesel, Audi y BMW ofrecen el plus de la tracción total.
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Audi A4 2.5 TDI 180 CV quattro / BMW 330 xd / Mercedes C270 CDI
Audi A4 2.5 TDI 180 CV quattro / BMW 330 xd / Mercedes C270 CDI

El BMW, cuya suspensión también cuenta con unos tarados bastante firmes, ofrece un mejor equilibrio y proporciona unas trayectorias milimétricas. El apoyo es más franco y el reparto de par disponible permite provocar una cierta deriva del tren posterior que, incluso en franca aceleración, nos permite redondear el viraje, lo que le convierte en el más eficaz de los tres. Además, su comportamiento no se descompone sobre firme irregular y mantiene intactas sus cualidades.

El Mercedes muestra unas suspensiones más conservadoras. Comparado con el Audi y el BMW, es como viajar en un hovercraft: lo absorbe todo y proporciona el grado de confort más alto de los tres. Sobre asfalto liso, la ausencia de transmisión sobre las ruedas delanteras permite unas trayectorias muy precisas. El subviraje sólo aparece cuando buscamos los límites con empeño. Sin embargo, muestra una cierta degradación a medida que se riza el terreno, produciéndose un incremento importante del subviraje cuando el terreno es irregular, lo que le resta eficacia en estas condiciones. El control de tracción, que no se puede desconectar a voluntad del conductor por completo, evita cualquier problema con el tren trasero, incluso en condiciones de adherencia precarias, por lo que mantiene, como sus rivales, unos buenos estándares en cuanto a seguridad activa. El tacto de los frenos es muy distinto en los tres, aunque con resultados equivalentes. BMW y Mercedes cuentan con una mayor facilidad para modular la intensidad. El excesivamente blando pedal del Mercedes no representa problema en este aspecto. El A4 cuenta con el tacto de pedal más duro y requiere algo más de periodo de adaptación. Además, nuestra unidad tenía una excesiva tendencia a disparar el ABS, efecto que a buen seguro tenía más que ver con la unidad electrónica concreta que con el bastidor del coche. Las distancias de frenado son buenas en los tres, aunque la mejor es la del BMW, que ha sido capaz de parar en menos de 72 metros. Una vez más el Audi queda ligeramente por debajo de sus rivales, en este caso en lo que se refiere a resistencia al calentamiento, extremo en el que la pérdida de eficacia se manifiesta algo antes que en el BMW y el Mercedes.

La postura de conducción es muy buena en los tres. Las múltiples regulaciones de asiento y volante permiten adaptarla a los gustos y talla de cada uno. El Mercedes es el que ofrece la mayor sensación de espacio y el BMW el que se muestra más angosto. En este apartado, si tuviéramos que establecer un vencedor, nos inclinamos por el Audi, que es el que dispone del conjunto más equilibrado. El excelente acabado, el completo equipamiento y una cuidada terminación, común a los tres, no decepcionará a los posibles futuros propietarios, a los que tampoco ayudarán mucho las diferencias de precio existentes entre los tres, que en ningún caso son abultadas. La novedosa carrocería del Audi y su imponente aspecto juegan una importante baza estética frente a sus dos rivales, cuya imagen está más gastada. Los que busquen el confort de marcha encontrarán en el Mercedes el objetivo buscado y para los que valoren la eficacia y el comportamiento más deportivo, el BMW es su coche.

El BMW, cuya suspensión también cuenta con unos tarados bastante firmes, ofrece un mejor equilibrio y proporciona unas trayectorias milimétricas. El apoyo es más franco y el reparto de par disponible permite provocar una cierta deriva del tren posterior que, incluso en franca aceleración, nos permite redondear el viraje, lo que le convierte en el más eficaz de los tres. Además, su comportamiento no se descompone sobre firme irregular y mantiene intactas sus cualidades.

El Mercedes muestra unas suspensiones más conservadoras. Comparado con el Audi y el BMW, es como viajar en un hovercraft: lo absorbe todo y proporciona el grado de confort más alto de los tres. Sobre asfalto liso, la ausencia de transmisión sobre las ruedas delanteras permite unas trayectorias muy precisas. El subviraje sólo aparece cuando buscamos los límites con empeño. Sin embargo, muestra una cierta degradación a medida que se riza el terreno, produciéndose un incremento importante del subviraje cuando el terreno es irregular, lo que le resta eficacia en estas condiciones. El control de tracción, que no se puede desconectar a voluntad del conductor por completo, evita cualquier problema con el tren trasero, incluso en condiciones de adherencia precarias, por lo que mantiene, como sus rivales, unos buenos estándares en cuanto a seguridad activa. El tacto de los frenos es muy distinto en los tres, aunque con resultados equivalentes. BMW y Mercedes cuentan con una mayor facilidad para modular la intensidad. El excesivamente blando pedal del Mercedes no representa problema en este aspecto. El A4 cuenta con el tacto de pedal más duro y requiere algo más de periodo de adaptación. Además, nuestra unidad tenía una excesiva tendencia a disparar el ABS, efecto que a buen seguro tenía más que ver con la unidad electrónica concreta que con el bastidor del coche. Las distancias de frenado son buenas en los tres, aunque la mejor es la del BMW, que ha sido capaz de parar en menos de 72 metros. Una vez más el Audi queda ligeramente por debajo de sus rivales, en este caso en lo que se refiere a resistencia al calentamiento, extremo en el que la pérdida de eficacia se manifiesta algo antes que en el BMW y el Mercedes.

La postura de conducción es muy buena en los tres. Las múltiples regulaciones de asiento y volante permiten adaptarla a los gustos y talla de cada uno. El Mercedes es el que ofrece la mayor sensación de espacio y el BMW el que se muestra más angosto. En este apartado, si tuviéramos que establecer un vencedor, nos inclinamos por el Audi, que es el que dispone del conjunto más equilibrado. El excelente acabado, el completo equipamiento y una cuidada terminación, común a los tres, no decepcionará a los posibles futuros propietarios, a los que tampoco ayudarán mucho las diferencias de precio existentes entre los tres, que en ningún caso son abultadas. La novedosa carrocería del Audi y su imponente aspecto juegan una importante baza estética frente a sus dos rivales, cuya imagen está más gastada. Los que busquen el confort de marcha encontrarán en el Mercedes el objetivo buscado y para los que valoren la eficacia y el comportamiento más deportivo, el BMW es su coche.

El BMW, cuya suspensión también cuenta con unos tarados bastante firmes, ofrece un mejor equilibrio y proporciona unas trayectorias milimétricas. El apoyo es más franco y el reparto de par disponible permite provocar una cierta deriva del tren posterior que, incluso en franca aceleración, nos permite redondear el viraje, lo que le convierte en el más eficaz de los tres. Además, su comportamiento no se descompone sobre firme irregular y mantiene intactas sus cualidades.

El Mercedes muestra unas suspensiones más conservadoras. Comparado con el Audi y el BMW, es como viajar en un hovercraft: lo absorbe todo y proporciona el grado de confort más alto de los tres. Sobre asfalto liso, la ausencia de transmisión sobre las ruedas delanteras permite unas trayectorias muy precisas. El subviraje sólo aparece cuando buscamos los límites con empeño. Sin embargo, muestra una cierta degradación a medida que se riza el terreno, produciéndose un incremento importante del subviraje cuando el terreno es irregular, lo que le resta eficacia en estas condiciones. El control de tracción, que no se puede desconectar a voluntad del conductor por completo, evita cualquier problema con el tren trasero, incluso en condiciones de adherencia precarias, por lo que mantiene, como sus rivales, unos buenos estándares en cuanto a seguridad activa. El tacto de los frenos es muy distinto en los tres, aunque con resultados equivalentes. BMW y Mercedes cuentan con una mayor facilidad para modular la intensidad. El excesivamente blando pedal del Mercedes no representa problema en este aspecto. El A4 cuenta con el tacto de pedal más duro y requiere algo más de periodo de adaptación. Además, nuestra unidad tenía una excesiva tendencia a disparar el ABS, efecto que a buen seguro tenía más que ver con la unidad electrónica concreta que con el bastidor del coche. Las distancias de frenado son buenas en los tres, aunque la mejor es la del BMW, que ha sido capaz de parar en menos de 72 metros. Una vez más el Audi queda ligeramente por debajo de sus rivales, en este caso en lo que se refiere a resistencia al calentamiento, extremo en el que la pérdida de eficacia se manifiesta algo antes que en el BMW y el Mercedes.

La postura de conducción es muy buena en los tres. Las múltiples regulaciones de asiento y volante permiten adaptarla a los gustos y talla de cada uno. El Mercedes es el que ofrece la mayor sensación de espacio y el BMW el que se muestra más angosto. En este apartado, si tuviéramos que establecer un vencedor, nos inclinamos por el Audi, que es el que dispone del conjunto más equilibrado. El excelente acabado, el completo equipamiento y una cuidada terminación, común a los tres, no decepcionará a los posibles futuros propietarios, a los que tampoco ayudarán mucho las diferencias de precio existentes entre los tres, que en ningún caso son abultadas. La novedosa carrocería del Audi y su imponente aspecto juegan una importante baza estética frente a sus dos rivales, cuya imagen está más gastada. Los que busquen el confort de marcha encontrarán en el Mercedes el objetivo buscado y para los que valoren la eficacia y el comportamiento más deportivo, el BMW es su coche.

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