Citroën C5 2.0 HDI SX Break / Ford Mondeo TDdi Wagon Ghia / Renault Laguna Grand Tour 1.9 dCi Expression

Las versiones familiares a la antigua usanza están dejando paso a modelos más trabajados estéticamente, con similares dotes prácticas, pero con una imagen más cuidada, distintiva y atractiva. Estas tres versiones turbodiesel que ahora comparamos, evoluciones de las berlinas medias más interesantes del momento, se encargan de demostrarnos que la dirección seguida es acertada.
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Citroën C5 2.0 HDI SX Break / Ford Mondeo TDdi Wagon Ghia / Renault Laguna Grand Tour 1.9 dCi Expression
Citroën C5 2.0 HDI SX Break / Ford Mondeo TDdi Wagon Ghia / Renault Laguna Grand Tour 1.9 dCi Expression

Cuando nos ponemos en marcha hay una constante en los tres modelos, todos ellos son muy fáciles de conducir y eficaces en cualquier circunstancia. Llegan a estos resultados desde planteamientos diferentes, según el rival. Tanto Mondeo como Laguna utilizan elementos y esquemas de suspensión convencionales, con muelles y amortiguadores hidráulicos. A la vista de los resultados, e incluso con un comportamiento de primer nivel, al Mondeo le falta algo de refinamiento. Se tiene como el que más, pero nos aisla menos de lo que sucede bajo las ruedas. La suspensión Hidractiva es un ejemplo precisamente de lo contrario en cuanto a filtrado. Nos permite similar nivel de control de la carrocería que en sus rivales, o incluso más en determinados terrenos, pero parece que establece entre el habitáculo y la carretera un filtro especial.

Su principal defecto quizás sea la elección de tarados demasiado blandos, más criticables por los efectos que tiene en el control de la carrocería que por los prejuicios que causan al comportamiento, que en líneas generales es de primer nivel. Mantiene la exclusividad de adaptar la altura de la carrocería en función de la velocidad e incluso, en las versiones superiores, adaptar la dureza en función de la conducción y el estado de la carretera. Sorprende al principio, pero al final su funcionamiento convence en todos los sentidos. Y eso, conservando la altura de carrocería por mucho que se cargue.

Como compendio de los dos, está el Laguna. Perfecto en la elección de tarados, con similar o incluso superior nivel de filtrado y, sobre todo, con un comportamiento de primerísimo nivel. Será difícil vernos en apuros, y cuando por grave error de apreciación o mala suerte lleguemos a superar los límites razonables, el ESP colaborará de forma eficaz con nosotros para arreglar la situación. Este importante elementos sólo está disponible en este modelo, aunque terminará llegando tanto al Citroën como al Ford.

Todos son vehículos de grandes dimensiones, con similar batalla los tres, pero el Laguna se muestra y percibe ligeramente más ágil, aunque el resumen que debemos hacer es que todos parten de niveles sorprendentemente altos y el comportamiento será un aspecto que nos proporcionará las mayores satisfacciones.

En motores, cada uno ha jugado su carta. El Mondeo ha proporcionado nada menos que 136,8 CV —dato que parece ser una constante, ya que la berlina nos proporcionó idéntica cifra final—, y como consecuencia obtiene las mejores prestaciones. En cambio, no muestra el refinamiento de giro del dCi de Renault o del HDI de Citroën. Es más turbo, más Diesel a la antigua, más violento y con más garra, pero también "se termina" antes, vibra más y su nivel sonoro queda por encima del de sus rivales. El del Laguna no empuja mucho en baja, y cuando llevamos el aire acondicionado puesto, deberemos tener cuidado para que no se cale en arrancadas, pero luego gira muy redondo y con la ayuda del cambio de seis relaciones, proporciona unos consumos bastante bajos. Entre medias está el HDI, suave y más "lleno" en todos los regímenes. Lógicamente uno de los aspectos en los que quedan ligeramente en evidencia el Renault y el Citroën es por potencia disponible, por debajo de lo que cabría esperar en estos modelos susceptibles de ser muy cargados.

Esto obliga a cambiar de marcha en cuanto el perfial del terreno se inclina, sobre todo en el Laguna por la mencionada sexta marcha y los desarrollos más largos, aunque la velocidad de crucero, salvo estos imponderables, puede ser bastante elevada. Incluso al Mondeo le podría suceder lo mismo si la unidad no proporcionara la cifra extra de potencia.

La sociedad es cada vez más práctica, y nuestro coche es cada vez menos un reflejo de la imagen que queremos dar y más un instrumento que nos ayuda a practicar nuestras aficiones, aunque sólo tengamos la de viajar. Estos modelos resultan ser los más indicados. Las diferencias entre ellos son mínimas, y sobre precios, equipamientos o motores prevalecerá quizás uno de los más puros y extendidos argumentos de compra: nuestros gustos. Sea cual sea nuestra elección, seguro que no nos equivocamos.

Cuando nos ponemos en marcha hay una constante en los tres modelos, todos ellos son muy fáciles de conducir y eficaces en cualquier circunstancia. Llegan a estos resultados desde planteamientos diferentes, según el rival. Tanto Mondeo como Laguna utilizan elementos y esquemas de suspensión convencionales, con muelles y amortiguadores hidráulicos. A la vista de los resultados, e incluso con un comportamiento de primer nivel, al Mondeo le falta algo de refinamiento. Se tiene como el que más, pero nos aisla menos de lo que sucede bajo las ruedas. La suspensión Hidractiva es un ejemplo precisamente de lo contrario en cuanto a filtrado. Nos permite similar nivel de control de la carrocería que en sus rivales, o incluso más en determinados terrenos, pero parece que establece entre el habitáculo y la carretera un filtro especial.

Su principal defecto quizás sea la elección de tarados demasiado blandos, más criticables por los efectos que tiene en el control de la carrocería que por los prejuicios que causan al comportamiento, que en líneas generales es de primer nivel. Mantiene la exclusividad de adaptar la altura de la carrocería en función de la velocidad e incluso, en las versiones superiores, adaptar la dureza en función de la conducción y el estado de la carretera. Sorprende al principio, pero al final su funcionamiento convence en todos los sentidos. Y eso, conservando la altura de carrocería por mucho que se cargue.

Como compendio de los dos, está el Laguna. Perfecto en la elección de tarados, con similar o incluso superior nivel de filtrado y, sobre todo, con un comportamiento de primerísimo nivel. Será difícil vernos en apuros, y cuando por grave error de apreciación o mala suerte lleguemos a superar los límites razonables, el ESP colaborará de forma eficaz con nosotros para arreglar la situación. Este importante elementos sólo está disponible en este modelo, aunque terminará llegando tanto al Citroën como al Ford.

Todos son vehículos de grandes dimensiones, con similar batalla los tres, pero el Laguna se muestra y percibe ligeramente más ágil, aunque el resumen que debemos hacer es que todos parten de niveles sorprendentemente altos y el comportamiento será un aspecto que nos proporcionará las mayores satisfacciones.

En motores, cada uno ha jugado su carta. El Mondeo ha proporcionado nada menos que 136,8 CV —dato que parece ser una constante, ya que la berlina nos proporcionó idéntica cifra final—, y como consecuencia obtiene las mejores prestaciones. En cambio, no muestra el refinamiento de giro del dCi de Renault o del HDI de Citroën. Es más turbo, más Diesel a la antigua, más violento y con más garra, pero también "se termina" antes, vibra más y su nivel sonoro queda por encima del de sus rivales. El del Laguna no empuja mucho en baja, y cuando llevamos el aire acondicionado puesto, deberemos tener cuidado para que no se cale en arrancadas, pero luego gira muy redondo y con la ayuda del cambio de seis relaciones, proporciona unos consumos bastante bajos. Entre medias está el HDI, suave y más "lleno" en todos los regímenes. Lógicamente uno de los aspectos en los que quedan ligeramente en evidencia el Renault y el Citroën es por potencia disponible, por debajo de lo que cabría esperar en estos modelos susceptibles de ser muy cargados.

Esto obliga a cambiar de marcha en cuanto el perfial del terreno se inclina, sobre todo en el Laguna por la mencionada sexta marcha y los desarrollos más largos, aunque la velocidad de crucero, salvo estos imponderables, puede ser bastante elevada. Incluso al Mondeo le podría suceder lo mismo si la unidad no proporcionara la cifra extra de potencia.

La sociedad es cada vez más práctica, y nuestro coche es cada vez menos un reflejo de la imagen que queremos dar y más un instrumento que nos ayuda a practicar nuestras aficiones, aunque sólo tengamos la de viajar. Estos modelos resultan ser los más indicados. Las diferencias entre ellos son mínimas, y sobre precios, equipamientos o motores prevalecerá quizás uno de los más puros y extendidos argumentos de compra: nuestros gustos. Sea cual sea nuestra elección, seguro que no nos equivocamos.

Cuando nos ponemos en marcha hay una constante en los tres modelos, todos ellos son muy fáciles de conducir y eficaces en cualquier circunstancia. Llegan a estos resultados desde planteamientos diferentes, según el rival. Tanto Mondeo como Laguna utilizan elementos y esquemas de suspensión convencionales, con muelles y amortiguadores hidráulicos. A la vista de los resultados, e incluso con un comportamiento de primer nivel, al Mondeo le falta algo de refinamiento. Se tiene como el que más, pero nos aisla menos de lo que sucede bajo las ruedas. La suspensión Hidractiva es un ejemplo precisamente de lo contrario en cuanto a filtrado. Nos permite similar nivel de control de la carrocería que en sus rivales, o incluso más en determinados terrenos, pero parece que establece entre el habitáculo y la carretera un filtro especial.

Su principal defecto quizás sea la elección de tarados demasiado blandos, más criticables por los efectos que tiene en el control de la carrocería que por los prejuicios que causan al comportamiento, que en líneas generales es de primer nivel. Mantiene la exclusividad de adaptar la altura de la carrocería en función de la velocidad e incluso, en las versiones superiores, adaptar la dureza en función de la conducción y el estado de la carretera. Sorprende al principio, pero al final su funcionamiento convence en todos los sentidos. Y eso, conservando la altura de carrocería por mucho que se cargue.

Como compendio de los dos, está el Laguna. Perfecto en la elección de tarados, con similar o incluso superior nivel de filtrado y, sobre todo, con un comportamiento de primerísimo nivel. Será difícil vernos en apuros, y cuando por grave error de apreciación o mala suerte lleguemos a superar los límites razonables, el ESP colaborará de forma eficaz con nosotros para arreglar la situación. Este importante elementos sólo está disponible en este modelo, aunque terminará llegando tanto al Citroën como al Ford.

Todos son vehículos de grandes dimensiones, con similar batalla los tres, pero el Laguna se muestra y percibe ligeramente más ágil, aunque el resumen que debemos hacer es que todos parten de niveles sorprendentemente altos y el comportamiento será un aspecto que nos proporcionará las mayores satisfacciones.

En motores, cada uno ha jugado su carta. El Mondeo ha proporcionado nada menos que 136,8 CV —dato que parece ser una constante, ya que la berlina nos proporcionó idéntica cifra final—, y como consecuencia obtiene las mejores prestaciones. En cambio, no muestra el refinamiento de giro del dCi de Renault o del HDI de Citroën. Es más turbo, más Diesel a la antigua, más violento y con más garra, pero también "se termina" antes, vibra más y su nivel sonoro queda por encima del de sus rivales. El del Laguna no empuja mucho en baja, y cuando llevamos el aire acondicionado puesto, deberemos tener cuidado para que no se cale en arrancadas, pero luego gira muy redondo y con la ayuda del cambio de seis relaciones, proporciona unos consumos bastante bajos. Entre medias está el HDI, suave y más "lleno" en todos los regímenes. Lógicamente uno de los aspectos en los que quedan ligeramente en evidencia el Renault y el Citroën es por potencia disponible, por debajo de lo que cabría esperar en estos modelos susceptibles de ser muy cargados.

Esto obliga a cambiar de marcha en cuanto el perfial del terreno se inclina, sobre todo en el Laguna por la mencionada sexta marcha y los desarrollos más largos, aunque la velocidad de crucero, salvo estos imponderables, puede ser bastante elevada. Incluso al Mondeo le podría suceder lo mismo si la unidad no proporcionara la cifra extra de potencia.

La sociedad es cada vez más práctica, y nuestro coche es cada vez menos un reflejo de la imagen que queremos dar y más un instrumento que nos ayuda a practicar nuestras aficiones, aunque sólo tengamos la de viajar. Estos modelos resultan ser los más indicados. Las diferencias entre ellos son mínimas, y sobre precios, equipamientos o motores prevalecerá quizás uno de los más puros y extendidos argumentos de compra: nuestros gustos. Sea cual sea nuestra elección, seguro que no nos equivocamos.

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