Audi A4 1.9 TDi / Citroën C5 2.2 16V HDi Exclusive / Ford Mondeo TDdi Trend / Renault Laguna 1.9 dCi Privilege

La aparición de nuevas berlinas medias generalistas de excepcional calidad deja a la última generación del Audi A4 muy cerca de sus fauces. Jugando las cartas del tamaño y de un refinamiento desconocido hasta ahora, Citroën, Ford y Renault disponen de productos que casi les permiten entrar en la afamada categoría de marcas de prestigio
Autopista -
Audi A4 1.9 TDi / Citroën C5 2.2 16V HDi Exclusive / Ford Mondeo TDdi Trend / Renault Laguna 1.9 dCi Privilege
Audi A4 1.9 TDi / Citroën C5 2.2 16V HDi Exclusive / Ford Mondeo TDdi Trend / Renault Laguna 1.9 dCi Privilege

Y ya que hablamos de gasto de combustible, el Laguna es el que mejor se posiciona en este apartado, de nuevo, con el factor transmisión como sujeto de importancia. El Audi se queda muy cerca, pero es de resaltar que, por vez primera, un motor TDi del grupo alemán -récord de bajo consumo en casi todo vehículo que lo monta- se ve batido. El Citroën bastante hace con situarse a medio litro -en el consumo medio- del ganador, pues no sólo su mayor cilindrada le hace propenso a un mayor gasto, sino que también la amplia firma frontal de un coche tan alto tiene que pasar factura.

Sobre la carretera, cada uno presenta su propia personalidad. El más suave y confortable es el Renault, con unas suspensiones capaces de sobrevolar la carretera, absorbiendo sus irregularidades con impar eficacia, sin penalizar su comportamiento. Su tren trasero, con relevante efecto direccional, compensa su gran batalla -2,74 metros, un centímetro menos que el C5 y el Mondeo y nueve más que el Audi- y le permite girar en las curvas con tremenda eficacia. Sólo en caso de encontrar un bache en pleno apoyo, la suave amortiguación se hace notar, con ligeras desviaciones de trayectoria. El Citroën posee un tanto a su favor indiscutible que es la suspensión Hidractiva 3. Capaz de mantener la altura del coche, cualquiera sea la carga que lleve, o modificarla en función de la velocidad de marcha o del terreno abrupto sobre el que se pase, es una ventaja que ninguno de sus competidores disfruta. Quizás su frecuencia de movimiento pueda disgustar a alguna persona sensible, pero sobre asfalto ondulado, su absorción de las irregularidades es insuperable.

El Ford es, quizás, el menos personal de todos, lo que no significa que no funcione a la perfección. Suave de amortiguación, pero amparándose en su base de sustentación de gran superficie, es capaz de generar un comportamiento tan sano como eficaz, sin necesidad de endurecer la suspensión. Hablando de firmeza, es el Audi el que se aparece como el más duro de los cuatro, resultando el menos confortable sobre mal firme. Lamentablemente, esta elección de reglajes no se traduce en una eficacia superior a sus rivales. El subviraje es su tendencia en las cercanías del límite, lo que hace actuar con presteza al ESP, que resulta bastante activo y algo brusco. Este sistema, en el Laguna, resulta más permisivo, dejando al conductor más capacidad de control del coche, con un umbral de actuación más alejado y haciéndolo de forma menos perceptible para el propio conductor que, en el modelo alemán, puede verse sorprendido por el frenazo inesperado.

El que abajo suscribe, si tuviera que comprar uno de estos cuatro modelos no tendría nada claro cuál elegiría. El Audi, por su distinción y clase, el Citroën, por su excepcional confort y habitabilidad, el Ford, por su insuperable relación entre su precio y su oferta y el Renault por la sofisticación en confort y mecánica. En fin, una duda más que razonable.

Y ya que hablamos de gasto de combustible, el Laguna es el que mejor se posiciona en este apartado, de nuevo, con el factor transmisión como sujeto de importancia. El Audi se queda muy cerca, pero es de resaltar que, por vez primera, un motor TDi del grupo alemán -récord de bajo consumo en casi todo vehículo que lo monta- se ve batido. El Citroën bastante hace con situarse a medio litro -en el consumo medio- del ganador, pues no sólo su mayor cilindrada le hace propenso a un mayor gasto, sino que también la amplia firma frontal de un coche tan alto tiene que pasar factura.

Sobre la carretera, cada uno presenta su propia personalidad. El más suave y confortable es el Renault, con unas suspensiones capaces de sobrevolar la carretera, absorbiendo sus irregularidades con impar eficacia, sin penalizar su comportamiento. Su tren trasero, con relevante efecto direccional, compensa su gran batalla -2,74 metros, un centímetro menos que el C5 y el Mondeo y nueve más que el Audi- y le permite girar en las curvas con tremenda eficacia. Sólo en caso de encontrar un bache en pleno apoyo, la suave amortiguación se hace notar, con ligeras desviaciones de trayectoria. El Citroën posee un tanto a su favor indiscutible que es la suspensión Hidractiva 3. Capaz de mantener la altura del coche, cualquiera sea la carga que lleve, o modificarla en función de la velocidad de marcha o del terreno abrupto sobre el que se pase, es una ventaja que ninguno de sus competidores disfruta. Quizás su frecuencia de movimiento pueda disgustar a alguna persona sensible, pero sobre asfalto ondulado, su absorción de las irregularidades es insuperable.

El Ford es, quizás, el menos personal de todos, lo que no significa que no funcione a la perfección. Suave de amortiguación, pero amparándose en su base de sustentación de gran superficie, es capaz de generar un comportamiento tan sano como eficaz, sin necesidad de endurecer la suspensión. Hablando de firmeza, es el Audi el que se aparece como el más duro de los cuatro, resultando el menos confortable sobre mal firme. Lamentablemente, esta elección de reglajes no se traduce en una eficacia superior a sus rivales. El subviraje es su tendencia en las cercanías del límite, lo que hace actuar con presteza al ESP, que resulta bastante activo y algo brusco. Este sistema, en el Laguna, resulta más permisivo, dejando al conductor más capacidad de control del coche, con un umbral de actuación más alejado y haciéndolo de forma menos perceptible para el propio conductor que, en el modelo alemán, puede verse sorprendido por el frenazo inesperado.

El que abajo suscribe, si tuviera que comprar uno de estos cuatro modelos no tendría nada claro cuál elegiría. El Audi, por su distinción y clase, el Citroën, por su excepcional confort y habitabilidad, el Ford, por su insuperable relación entre su precio y su oferta y el Renault por la sofisticación en confort y mecánica. En fin, una duda más que razonable.

Y ya que hablamos de gasto de combustible, el Laguna es el que mejor se posiciona en este apartado, de nuevo, con el factor transmisión como sujeto de importancia. El Audi se queda muy cerca, pero es de resaltar que, por vez primera, un motor TDi del grupo alemán -récord de bajo consumo en casi todo vehículo que lo monta- se ve batido. El Citroën bastante hace con situarse a medio litro -en el consumo medio- del ganador, pues no sólo su mayor cilindrada le hace propenso a un mayor gasto, sino que también la amplia firma frontal de un coche tan alto tiene que pasar factura.

Sobre la carretera, cada uno presenta su propia personalidad. El más suave y confortable es el Renault, con unas suspensiones capaces de sobrevolar la carretera, absorbiendo sus irregularidades con impar eficacia, sin penalizar su comportamiento. Su tren trasero, con relevante efecto direccional, compensa su gran batalla -2,74 metros, un centímetro menos que el C5 y el Mondeo y nueve más que el Audi- y le permite girar en las curvas con tremenda eficacia. Sólo en caso de encontrar un bache en pleno apoyo, la suave amortiguación se hace notar, con ligeras desviaciones de trayectoria. El Citroën posee un tanto a su favor indiscutible que es la suspensión Hidractiva 3. Capaz de mantener la altura del coche, cualquiera sea la carga que lleve, o modificarla en función de la velocidad de marcha o del terreno abrupto sobre el que se pase, es una ventaja que ninguno de sus competidores disfruta. Quizás su frecuencia de movimiento pueda disgustar a alguna persona sensible, pero sobre asfalto ondulado, su absorción de las irregularidades es insuperable.

El Ford es, quizás, el menos personal de todos, lo que no significa que no funcione a la perfección. Suave de amortiguación, pero amparándose en su base de sustentación de gran superficie, es capaz de generar un comportamiento tan sano como eficaz, sin necesidad de endurecer la suspensión. Hablando de firmeza, es el Audi el que se aparece como el más duro de los cuatro, resultando el menos confortable sobre mal firme. Lamentablemente, esta elección de reglajes no se traduce en una eficacia superior a sus rivales. El subviraje es su tendencia en las cercanías del límite, lo que hace actuar con presteza al ESP, que resulta bastante activo y algo brusco. Este sistema, en el Laguna, resulta más permisivo, dejando al conductor más capacidad de control del coche, con un umbral de actuación más alejado y haciéndolo de forma menos perceptible para el propio conductor que, en el modelo alemán, puede verse sorprendido por el frenazo inesperado.

El que abajo suscribe, si tuviera que comprar uno de estos cuatro modelos no tendría nada claro cuál elegiría. El Audi, por su distinción y clase, el Citroën, por su excepcional confort y habitabilidad, el Ford, por su insuperable relación entre su precio y su oferta y el Renault por la sofisticación en confort y mecánica. En fin, una duda más que razonable.

Y ya que hablamos de gasto de combustible, el Laguna es el que mejor se posiciona en este apartado, de nuevo, con el factor transmisión como sujeto de importancia. El Audi se queda muy cerca, pero es de resaltar que, por vez primera, un motor TDi del grupo alemán -récord de bajo consumo en casi todo vehículo que lo monta- se ve batido. El Citroën bastante hace con situarse a medio litro -en el consumo medio- del ganador, pues no sólo su mayor cilindrada le hace propenso a un mayor gasto, sino que también la amplia firma frontal de un coche tan alto tiene que pasar factura.

Sobre la carretera, cada uno presenta su propia personalidad. El más suave y confortable es el Renault, con unas suspensiones capaces de sobrevolar la carretera, absorbiendo sus irregularidades con impar eficacia, sin penalizar su comportamiento. Su tren trasero, con relevante efecto direccional, compensa su gran batalla -2,74 metros, un centímetro menos que el C5 y el Mondeo y nueve más que el Audi- y le permite girar en las curvas con tremenda eficacia. Sólo en caso de encontrar un bache en pleno apoyo, la suave amortiguación se hace notar, con ligeras desviaciones de trayectoria. El Citroën posee un tanto a su favor indiscutible que es la suspensión Hidractiva 3. Capaz de mantener la altura del coche, cualquiera sea la carga que lleve, o modificarla en función de la velocidad de marcha o del terreno abrupto sobre el que se pase, es una ventaja que ninguno de sus competidores disfruta. Quizás su frecuencia de movimiento pueda disgustar a alguna persona sensible, pero sobre asfalto ondulado, su absorción de las irregularidades es insuperable.

El Ford es, quizás, el menos personal de todos, lo que no significa que no funcione a la perfección. Suave de amortiguación, pero amparándose en su base de sustentación de gran superficie, es capaz de generar un comportamiento tan sano como eficaz, sin necesidad de endurecer la suspensión. Hablando de firmeza, es el Audi el que se aparece como el más duro de los cuatro, resultando el menos confortable sobre mal firme. Lamentablemente, esta elección de reglajes no se traduce en una eficacia superior a sus rivales. El subviraje es su tendencia en las cercanías del límite, lo que hace actuar con presteza al ESP, que resulta bastante activo y algo brusco. Este sistema, en el Laguna, resulta más permisivo, dejando al conductor más capacidad de control del coche, con un umbral de actuación más alejado y haciéndolo de forma menos perceptible para el propio conductor que, en el modelo alemán, puede verse sorprendido por el frenazo inesperado.

El que abajo suscribe, si tuviera que comprar uno de estos cuatro modelos no tendría nada claro cuál elegiría. El Audi, por su distinción y clase, el Citroën, por su excepcional confort y habitabilidad, el Ford, por su insuperable relación entre su precio y su oferta y el Renault por la sofisticación en confort y mecánica. En fin, una duda más que razonable.

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