Citroën Saxo 1.4i SX 5p / Ford Fiesta 1.25 16V Ghia 5p

Dos superventas que renuevan su aspecto para seguir captando la atención del público. Ambos ofrecen comodidad, buen consumo y espacio a bajo precio. Dos modelos con motor de gasolina muy recomendables por su relación precio/calidad.
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Citroën Saxo 1.4i SX 5p / Ford Fiesta 1.25 16V Ghia 5p
Citroën Saxo 1.4i SX 5p / Ford Fiesta 1.25 16V Ghia 5p

El «efecto 2000» ha llegado a estos dos pequeños utilitarios en forma de nueva cara y mejoras en detalles de equipamiento, entre otras cosas. La veteranía en el mercado del Fiesta y lo renovado de la competencia han llevado a Ford a realizar pequeños retoques en el frontal, pues, en una vista posterior, casi no hay manera de distinguir a uno de otro. En el interior, se han modificado pequeños detalles dirigidos a aumentar en confort. Se trata de un «lavado de cara» hasta que llegue el futuro Fiesta completamente nuevo, que queda para el 2001. Algo parecido ocurre con el Saxo, que también recibe un restyling en el que los cambios más importantes han tenido lugar en la parte delantera, nuevos pilotos posteriores y mejoras en el habitáculo, orientados, igual que en el Fiesta, a aumentar la comodidad interior. Si los cambios han sido ligeros en ambos modelos, los precios no han variado excesivamente: destacan por un precio contenido, que no llega al millón y medio de pesetas en el Saxo (aplicando el descuento) y lo sobrepasa en el Fiesta, a lo que evidentemente hay que sumar el precio de las opciones, extras muy interesantes como el aire acondicionado, el antibloqueo de frenos y el airbag del acompañante y laterales en el Fiesta, estos últimos no disponibles en el Saxo. En este sentido hay que matizar que el precio del Saxo es más atractivo, gracias al descuento adicional de lanzamiento (300.000 pesetas), pero, a igual equipamiento (el Fiesta tiene mayor dotación de serie), la diferencia queda reducida a 132.000 pesetas.

En cuestiones dinámicas y de motor, en ambos se obtiene más de lo que se paga. O más de lo que se espera inicialmente. Nadie da duros a peseta, pero el comportamiento de ambos y el consumo que ofrecen es algo digno de destacar. En el caso del Fiesta merece la pena reseñar varios aspectos. El primero de ellos es que se trata de un bastidor de reconocida eficacia y no sólo cumple en este utilitario, sino que sirve de base para el coupé Puma, lo que da una idea de su eficacia. Por otro lado, la caja de cambios tiene desarrollos más cortos que la del Citroën. Sin embargo, y a pesar de su mayor potencia real, el mayor peso no le permite imponerse en aceleraciones. Ambos motores rinden una potencia máxima oficial de 75 CV —84 reales en el Fiesta y 77 en el Saxo— pero recurren a dos motores distintos. Más moderno el del Fiesta, gracias a la tecnología de cuatro válvulas por cilindro, se trata de un motor que respira mejor en los regímenes altos y con un grato sonido.

La caja de cambios ayuda enormemente a realizar una conducción semi-deportiva. Y es que, a pesar de no tratarse de una mecánica potente, el comportamiento en carretera nos anima a llevar el motor alto de vueltas. El tacto de la palanca es muy agradable con un recorrido muy corto y preciso, mientras que la dirección, rápida y con gran aplomo, filtra las incomodidades de la carretera y no transmite a las manos del conductor los baches del asfalto. La dirección en carretera, sea del ámbito que sea, tiene la firmeza necesaria, aunque, en ciudad, y especialmente para las maniobras de aparcamiento, resulta algo dura. En el Saxo, el motor de 1.360 cm3 con culata de dos válvulas por cilindro anuncia la misma potencia. Este motor está asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades con unos desarrollos más largos que los del Fiesta. Si hablamos de prestaciones casi no hay diferencias entre ambos, pues las aceleraciones y recuperaciones son muy similares entre uno y otro: el Saxo compensa con su mayor cilindrada la culata multiválvula del Fiesta y el resultado es un empuje muy similar desde bajas vueltas, con una destacable capacidad de recuperación. El motor del Citroën no ha sufrido cambios con respecto a los de la generación anterior, pero sí ha mejorado en lo que a sonoridad y consumo se refiere. Tiene la ventaja frente al Fiesta de ofrecer una potencia más lineal y disponer del 90 por ciento del par máximo desde sólo 1.500 vueltas.

El «efecto 2000» ha llegado a estos dos pequeños utilitarios en forma de nueva cara y mejoras en detalles de equipamiento, entre otras cosas. La veteranía en el mercado del Fiesta y lo renovado de la competencia han llevado a Ford a realizar pequeños retoques en el frontal, pues, en una vista posterior, casi no hay manera de distinguir a uno de otro. En el interior, se han modificado pequeños detalles dirigidos a aumentar en confort. Se trata de un «lavado de cara» hasta que llegue el futuro Fiesta completamente nuevo, que queda para el 2001. Algo parecido ocurre con el Saxo, que también recibe un restyling en el que los cambios más importantes han tenido lugar en la parte delantera, nuevos pilotos posteriores y mejoras en el habitáculo, orientados, igual que en el Fiesta, a aumentar la comodidad interior. Si los cambios han sido ligeros en ambos modelos, los precios no han variado excesivamente: destacan por un precio contenido, que no llega al millón y medio de pesetas en el Saxo (aplicando el descuento) y lo sobrepasa en el Fiesta, a lo que evidentemente hay que sumar el precio de las opciones, extras muy interesantes como el aire acondicionado, el antibloqueo de frenos y el airbag del acompañante y laterales en el Fiesta, estos últimos no disponibles en el Saxo. En este sentido hay que matizar que el precio del Saxo es más atractivo, gracias al descuento adicional de lanzamiento (300.000 pesetas), pero, a igual equipamiento (el Fiesta tiene mayor dotación de serie), la diferencia queda reducida a 132.000 pesetas.

En cuestiones dinámicas y de motor, en ambos se obtiene más de lo que se paga. O más de lo que se espera inicialmente. Nadie da duros a peseta, pero el comportamiento de ambos y el consumo que ofrecen es algo digno de destacar. En el caso del Fiesta merece la pena reseñar varios aspectos. El primero de ellos es que se trata de un bastidor de reconocida eficacia y no sólo cumple en este utilitario, sino que sirve de base para el coupé Puma, lo que da una idea de su eficacia. Por otro lado, la caja de cambios tiene desarrollos más cortos que la del Citroën. Sin embargo, y a pesar de su mayor potencia real, el mayor peso no le permite imponerse en aceleraciones. Ambos motores rinden una potencia máxima oficial de 75 CV —84 reales en el Fiesta y 77 en el Saxo— pero recurren a dos motores distintos. Más moderno el del Fiesta, gracias a la tecnología de cuatro válvulas por cilindro, se trata de un motor que respira mejor en los regímenes altos y con un grato sonido.

La caja de cambios ayuda enormemente a realizar una conducción semi-deportiva. Y es que, a pesar de no tratarse de una mecánica potente, el comportamiento en carretera nos anima a llevar el motor alto de vueltas. El tacto de la palanca es muy agradable con un recorrido muy corto y preciso, mientras que la dirección, rápida y con gran aplomo, filtra las incomodidades de la carretera y no transmite a las manos del conductor los baches del asfalto. La dirección en carretera, sea del ámbito que sea, tiene la firmeza necesaria, aunque, en ciudad, y especialmente para las maniobras de aparcamiento, resulta algo dura. En el Saxo, el motor de 1.360 cm3 con culata de dos válvulas por cilindro anuncia la misma potencia. Este motor está asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades con unos desarrollos más largos que los del Fiesta. Si hablamos de prestaciones casi no hay diferencias entre ambos, pues las aceleraciones y recuperaciones son muy similares entre uno y otro: el Saxo compensa con su mayor cilindrada la culata multiválvula del Fiesta y el resultado es un empuje muy similar desde bajas vueltas, con una destacable capacidad de recuperación. El motor del Citroën no ha sufrido cambios con respecto a los de la generación anterior, pero sí ha mejorado en lo que a sonoridad y consumo se refiere. Tiene la ventaja frente al Fiesta de ofrecer una potencia más lineal y disponer del 90 por ciento del par máximo desde sólo 1.500 vueltas.

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