Mitsubishi Carisma EVO VI / Renault Clio Sport V6 24v

Nacidos por y para la competición, el Carisma EVO VI y el Clio V6 se pueden considerar como un verdadero sueño hecho realidad para los amantes del tuning y de los automóviles transformados. Porque, partiendo de una apacible berlina y de un humilde utilitario, Mitsubishi y Renault han construido dos de los deportivos más rápidos, evolucionados, eficaces y divertidos que se pueden conducir hoy en día.
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Mitsubishi Carisma EVO VI / Renault Clio Sport V6 24v
Mitsubishi Carisma EVO VI / Renault Clio Sport V6 24v

¿Quién no ha soñado alguna vez con convertir su coche en un auténtico purasangre? Este sueño parecen haberlo tenido también los técnicos de Mitsubishi y Renault y lo mejor de todo es que ambos han decidido hacerlo realidad construyendo dos imponentes misiles con ruedas a partir de modelos populares. Voluminosos alerones, abultados spoilers y todo tipo de aditamentos aerodinámicos transforman profundamente la imagen de los Mitsubishi Carisma y Renault Clio. Sin embargo, tan agresiva vestimenta no es un simple disfraz de carnaval; en este caso las apariencias no engañan y ambos automóviles cuentan con suficientes argumentos para codearse en prestaciones y cualidades ruteras con los deportivos más radicales del mundo.

Que la competición es la principal razón de ser del Clio Sport V6 y, sobre todo, del Carisma EVO VI es algo sabido. Sin embargo, no es menos cierto que las versiones que ocupan estas páginas están perfectamente adaptadas para un uso diario. Prueba de ello es que para competir, Mitsubishi ofrece un EVO VI más barato y desprovisto de todo lo superfluo, mientras que Renault dispone de la variante Trophy, especialmente diseñada para disputar el certamen monomarca de circuitos que organiza la firma del rombo a nivel continental.

Con todo ello está claro que tanto el EVO VI como el Clio V6 van dirigidos a un público entusiasta que quiere vivir sensaciones fuertes y que se siente atraído por la espectacular imagen de estos dos lobos con piel de lobo. Porque lo primero que salta a la vista es que, con cualquiera de ellos, resulta bastante difícil pasar desapercibido. Con la decoración específica de esta versión Tommi Makinen Edition, al EVO VI sólo le falta el número en la puerta para que a los mandos uno sienta la tentación de emular las gestas del piloto finlandés cuatro veces Campeón del Mundo. Aunque el color no es tan llamativo y a primera vista no da tanto la nota como su oponente, el Clio Sport V6 es también un coche sumamente llamativo. Los voluminosos paragolpes delantero y trasero, las enormes aletas, los descomunales pasos de rueda ensanchados, las llantas de 17" y los postizos que reciben tanto las puertas como los faldones laterales convierten al popular Clio en un aparato de aspecto imponente, casi galáctico. Su estampa no puede ser más agresiva, pero el trabajo llevado a cabo en este sentido ha sido minucioso y todo tiene un fin y o justificación técnica, lo que ha evitado que se haya caído en exageraciones que enturbiarían la imagen del musculoso biplaza galo, aunque parezca increíble decirlo.

Por su parte, el interior de la llamativa berlina japonesa se ofrece también una terminación específica para esta versión Makinen, en la que se incluyen unos magníficos asientos Recaro firmados por el piloto nórdico. La dotación de serie, al igual que ocurre con su rival, es muy completa; en ella figuran elevalunas y cierre centralizado eléctricos, aire acondicionado, airbag para conductor y pasajero, ABS y radio con cargador CD, entre otros elementos de confort. El Clio V6 comparte el interior con el Sport 16v y tanto los asientos como el salpicadero o el volante son idénticos a los de su hermano menor, variando sólo la palanca de cambios, sobreelevada y específica para esta versión. Y es que está claro que para el desarrollo del Clio V6 se ha seguido una receta muy parecida a la empleada hace algunos años con el Renault 5 Turbo (popularmente conocido como «culo gordo»), en la que se intentan utilizar la mayor cantidad de componentes de modelos de gran serie para abaratar costes lo más posible sin menoscabo de la radical filosofía del producto. En este caso se parte del monocasco del Clio Sport 16v, al cual se le ha dotado de un subchasis auxiliar para albergar la nueva suspensión trasera y el motor V6 de 3 litros en posición central. Lógicamente, la plataforma se ha reforzado convenientemente, si bien para reducir los costes de producción en el apartado mecánico, también se ha intentado aprovechar en lo posible elementos de la versión de 2 litros y de otros modelos de la gama Renault. Así, por ejemplo, la suspensión delantera es básicamente la misma que la del Clio Sport 16v, el motor es el conocido PRV de 3 litros y la caja de cambios de seis velocidades es la del Avantime.

No obstante, para adecuarse a las nuevas exigencias, los técnicos de Renault Sport, en estrecha colaboración con los especialistas de TWR (Tom Walkinshaw Racing), han trabajado en el motor V6 con el objetivo de aumentar su rendimiento. De esta manera, se montan pistones especiales (que incrementan la relación de compresión de 10,9:1 a 11,4:1), se han retocado los conductores de admisión y escape, se sustituyen los árboles de levas por unos de mayor cruce y también se ha retocado la gestión electrónica. Con todo esto la potencia pasa de 210 CV a 230 CV y también se consigue un par que supera los 30 mkg. Es, sin embargo, una pena que Renault Sport no haya realizado una tarea parecida con el cambio de marchas proveniente del Avantime, ya que este ofrece un escalonamiento muy abierto y un desarrollo final muy largo para lo que se espera de un biplaza de tan impresionante aspecto y deportivas pretensiones. El funcionamiento del V6 que monta el Clio poco tiene que ver con el del 2 litros turbo japonés del EVO VI. Como ya ha demostrado en otras ocasiones, este último es un motor de carreras, un auténtico propulsor de Grupo N, y eso lo demuestra con una respuesta brutal cuando se pisa el acelerador a fondo, a lo que sigue un poderío sobresaliente en cualquier circunstancia. Los 280 CV que desarrolla el tetracilíndrico oriental empujan sin ningún tipo de contemplaciones cuando se les exige a fondo y lo mejor de todo es que tampoco tienen problemas para recuperar desde abajo. Con el PRV de seis cilindros que monta el musculoso deportivo galo no se viven sensaciones tan fuertes, pero se trata asimismo de una mecánica potente y, sobre todo, muy agradable de utilizar, gracias a las elevadas dosis de par que desarrolla en la amplia gama de revoluciones utilizable. Su respuesta es siempre suave y progresiva, aunque le falta un poco de garra y rabia para satisfacer plenamente las expectativas que anuncia tan imponente imagen externa. No obstante, sube muy bien de vueltas hasta el corte (situado a 7.000 rpm) cuando se le exprime a fondo, emitiendo un sonido precioso y de lo más excitante, dado que la línea de escape ha sido especialmente trabajada para que la acústica invite siempre a disfrutar a tope de la caballería disponible.

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