Peugeot 206 1.4 XS / Volkswagen Polo 1.4

Con una igualdad casi absoluta en motores, prestaciones y consumos, las diferencias entre el 206 y el Polo se encuentran en el modo en que se comportan sobre el asfalto y el acabado. Y por supuesto en el precio y el equipamiento.
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Peugeot 206 1.4 XS / Volkswagen Polo 1.4
Peugeot 206 1.4 XS / Volkswagen Polo 1.4

En este aspecto, el Polo es lo contrario. Menos ágil y preciso, con unas suspensiones más blandas, que provocan ciertos rebotes del eje delantero y una dirección con una sensación menos firme. No nos proporciona esa impresión de dominio en vías rápidas, ni tiene la agilidad del Peugeot en carretera, pero nunca nos va a sorprender, porque hay que provocar mucho la situación para que la trasera del Polo se descoloque. El Peugeot es ideal para quienes tengan la sangre algo más caliente, mientras que el Polo resulta más adecuado para los más pacíficos y tranquilos. Además, el cambio del modelo francés, sin tener un buen tacto, permite un manejo más rápido, mientras que el del Polo se queda por debajo. Lo contrario ocurre con los frenos. Los del Polo son más potentes y resistentes, mientras que en los del 206, a pesar de tener una gran mordiente en los primeros metros, las distancias son más largas. En cualquier caso, ambos lo hacen muy bien, ya que bajan de los 80 metros en la frenada desde 140 km/h. Y esta velocidad supone rodar a más del 80 por ciento de su velocidad máxima.

La rumorosidad entra en lo razonable y, aunque el Polo ofrece unas cifras algo más bajas a velocidad estabilizada, en fases de carga del acelerador también se deja oír. Los consumos también son muy parejos y dentro de lo que cabe esperar por sus contenidas cilindrada y potencia. En este aspecto no hay sorpresas.

En cuanto al espacio interior, a ninguno le sobra, aunque está algo mejor aprovechado el del Polo. Es más corto y, sin embargo, goza de algo más de holgura atrás. El maletero es muy similar en capacidad, el del Polo más profundo y el del 206 con una base más amplia. Delante empatan, aunque la postura al volante es más fácil de encontrar en el Peugeot, gracias que la regulación en altura de la banqueta no varía tanto su inclinación. De todas formas, los dos tienen un buen puesto de conducción, con asientos de formas adecuadas que retrasan la fatiga. Una vez sentados, nos encontramos delante de nuestros ojos evidentes diferencias. En el Volkswagen se ha cuidado en especial el aspecto, el diseño y el tacto de los materiales. Todo está rematado y cuidado con una sensación subjetiva de calidad mayor que en el Peugeot. En éste, los plásticos gozan de una presencia algo menos cuidada y detallista. A cambio, el cuadro nos ofrece mucha más información. Se puede conocer el nivel de aceite al poner el contacto y cuenta con un útil termómetro para controlar su temperatura. El Polo es más vistoso, pero informa menos. Encontramos algunos aspectos a mejorar en los dos. En el Polo los mandos de los elevalunas están situados en la puerta, pero en una ubicación algo retrasada, obligando a los que se sientan más cerca del volante a doblar la muñeca para accionarlos. En el Peugeot resulta complicado —además de tener un tacto frágil— usar la palanca para abatir y regular la inclinación del respaldo de los asientos delanteros.

El equipamiento es más completo en el 206. Hay varios puntos donde aventaja al Polo: llantas de aleación, mando remoto de apertura de puertas, radiocasete integrado con mandos en el volante, espejos eléctricos y faros para niebla. En cambio, no cuenta con reposacabezas traseros, que sí lleva el Polo. Si se trata de igualar habría que poner 212.000 pesetas más, aunque el Polo contaría con alarma y los reposacabezas posteriores. Si a esto sumamos la diferencia de precio entre ambos —121.000 pesetas más caro el Polo—, da como resultado 333.000 pesetas a favor del Peugeot; una cantidad que se nos antoja excesiva para las diferencias reales de funcionamiento y agrado de uso entre ambos.

En este aspecto, el Polo es lo contrario. Menos ágil y preciso, con unas suspensiones más blandas, que provocan ciertos rebotes del eje delantero y una dirección con una sensación menos firme. No nos proporciona esa impresión de dominio en vías rápidas, ni tiene la agilidad del Peugeot en carretera, pero nunca nos va a sorprender, porque hay que provocar mucho la situación para que la trasera del Polo se descoloque. El Peugeot es ideal para quienes tengan la sangre algo más caliente, mientras que el Polo resulta más adecuado para los más pacíficos y tranquilos. Además, el cambio del modelo francés, sin tener un buen tacto, permite un manejo más rápido, mientras que el del Polo se queda por debajo. Lo contrario ocurre con los frenos. Los del Polo son más potentes y resistentes, mientras que en los del 206, a pesar de tener una gran mordiente en los primeros metros, las distancias son más largas. En cualquier caso, ambos lo hacen muy bien, ya que bajan de los 80 metros en la frenada desde 140 km/h. Y esta velocidad supone rodar a más del 80 por ciento de su velocidad máxima.

La rumorosidad entra en lo razonable y, aunque el Polo ofrece unas cifras algo más bajas a velocidad estabilizada, en fases de carga del acelerador también se deja oír. Los consumos también son muy parejos y dentro de lo que cabe esperar por sus contenidas cilindrada y potencia. En este aspecto no hay sorpresas.

En cuanto al espacio interior, a ninguno le sobra, aunque está algo mejor aprovechado el del Polo. Es más corto y, sin embargo, goza de algo más de holgura atrás. El maletero es muy similar en capacidad, el del Polo más profundo y el del 206 con una base más amplia. Delante empatan, aunque la postura al volante es más fácil de encontrar en el Peugeot, gracias que la regulación en altura de la banqueta no varía tanto su inclinación. De todas formas, los dos tienen un buen puesto de conducción, con asientos de formas adecuadas que retrasan la fatiga. Una vez sentados, nos encontramos delante de nuestros ojos evidentes diferencias. En el Volkswagen se ha cuidado en especial el aspecto, el diseño y el tacto de los materiales. Todo está rematado y cuidado con una sensación subjetiva de calidad mayor que en el Peugeot. En éste, los plásticos gozan de una presencia algo menos cuidada y detallista. A cambio, el cuadro nos ofrece mucha más información. Se puede conocer el nivel de aceite al poner el contacto y cuenta con un útil termómetro para controlar su temperatura. El Polo es más vistoso, pero informa menos. Encontramos algunos aspectos a mejorar en los dos. En el Polo los mandos de los elevalunas están situados en la puerta, pero en una ubicación algo retrasada, obligando a los que se sientan más cerca del volante a doblar la muñeca para accionarlos. En el Peugeot resulta complicado —además de tener un tacto frágil— usar la palanca para abatir y regular la inclinación del respaldo de los asientos delanteros.

El equipamiento es más completo en el 206. Hay varios puntos donde aventaja al Polo: llantas de aleación, mando remoto de apertura de puertas, radiocasete integrado con mandos en el volante, espejos eléctricos y faros para niebla. En cambio, no cuenta con reposacabezas traseros, que sí lleva el Polo. Si se trata de igualar habría que poner 212.000 pesetas más, aunque el Polo contaría con alarma y los reposacabezas posteriores. Si a esto sumamos la diferencia de precio entre ambos —121.000 pesetas más caro el Polo—, da como resultado 333.000 pesetas a favor del Peugeot; una cantidad que se nos antoja excesiva para las diferencias reales de funcionamiento y agrado de uso entre ambos.

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