Peugeot 206 1.4 XS / Volkswagen Polo 1.4

Con una igualdad casi absoluta en motores, prestaciones y consumos, las diferencias entre el 206 y el Polo se encuentran en el modo en que se comportan sobre el asfalto y el acabado. Y por supuesto en el precio y el equipamiento.
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Peugeot 206 1.4 XS / Volkswagen Polo 1.4
Peugeot 206 1.4 XS / Volkswagen Polo 1.4

Dos buenas compras. Dos vehículos utilitarios que se defienden muy bien en ciudad, pero que permiten salidas a carretera y viajes sin ningún complejo. No se trata sólo de segundos coches, aunque muchas veces lo sean. Para determinadas personas suponen el único vehículo y con él deben moverse por todas partes, así que las posibilidades de viajar con cierta alegría son tan importantes como sus cualidades urbanas.

Polo y 206 se mueven en carretera y autopista con suficiente soltura y a velocidades de crucero que permiten circular con el resto del tráfico o incluso más rápido, ya que ambos mantienen los 160 km/h en llano. Sólo en los repechos bajan su velocidad un poco más de la cuenta y, aunque se reduzca una marcha, esto no es suficiente para mantener el ritmo. De todas formas, conduciendo con concentración, utilizando el cambio, se defienden muy bien. Esto ocurre en los dos modelos, muy parecidos en prestaciones. Se calcan los registros en todas las mediciones, aunque siempre con una ligerísima ventaja a favor del Peugeot. Pero estamos hablando de centésimas. Un vistazo al cuadro de prestaciones lo confirma. Sólo hay que comparar la aceleración en los 1.000 primeros metros: iguales.

Los dos montan un motor de 1,4 litros con 75 CV, aunque el de Volkswagen recurre a una culata multiválvula. También los dos han rendido algo más de la potencia anunciada, con una generosidad mayor en el alemán, aunque ha pesado unos kilos más. Al final, la relación entre peso y potencia vuelve a ser casi igual. Traducido al asfalto se obtienen similares sensaciones en ambos: corren, aceleran y recuperan de forma muy parecida.

El motor del Polo tiene más facilidad para subir de vueltas y girar alto y el del Peugeot se muestra más homogéneo, pero esa diferencia es como la de las prestaciones, de matiz. Desde luego ambos motores responden muy bien, con desarrollos bien correctamente escalonados y muy parecidos entre ambos.

En definitiva, las diferencias mecánicas apenas existen, pero no ocurre lo mismo en cuanto a comportamiento. En este aspecto son bien distintos. El Peugeot combina unas suspensiones muy equilibradas con una dirección muy precisa. El resultado es un comportamiento fiel en vías rápidas. Entra en las curvas con precisión milimétrica y se mantiene durante el giro tragándose cualquier irregularidad que encontremos, como juntas de dilatación o pequeños badenes. El giro sale redondo transmitiendo una enorme confianza, con un aplomo mejor que el de muchas berlinas. Se pueden conseguir medias impresionantes para las posibilidades generales del coche gracias a este factor, y con menos fatiga. En carretera se mantiene esta tónica: mucha precisión y agilidad, aunque se muestra sensible al levantar el pie del acelerador en apoyos fuertes. La trasera tiende a abrirse con cierta rapidez. Cuando buscamos este tipo de comportamiento, las reacciones son perfectas y ayudan a meter el coche en la curva. Resulta incluso divertido, pero, tratándose de un vehículo utilitario —que no deportivo—, puede ser exagerado y sorprendernos con una reacción inesperada cuando rodamos con alegría y sin concentración.

Dos buenas compras. Dos vehículos utilitarios que se defienden muy bien en ciudad, pero que permiten salidas a carretera y viajes sin ningún complejo. No se trata sólo de segundos coches, aunque muchas veces lo sean. Para determinadas personas suponen el único vehículo y con él deben moverse por todas partes, así que las posibilidades de viajar con cierta alegría son tan importantes como sus cualidades urbanas.

Polo y 206 se mueven en carretera y autopista con suficiente soltura y a velocidades de crucero que permiten circular con el resto del tráfico o incluso más rápido, ya que ambos mantienen los 160 km/h en llano. Sólo en los repechos bajan su velocidad un poco más de la cuenta y, aunque se reduzca una marcha, esto no es suficiente para mantener el ritmo. De todas formas, conduciendo con concentración, utilizando el cambio, se defienden muy bien. Esto ocurre en los dos modelos, muy parecidos en prestaciones. Se calcan los registros en todas las mediciones, aunque siempre con una ligerísima ventaja a favor del Peugeot. Pero estamos hablando de centésimas. Un vistazo al cuadro de prestaciones lo confirma. Sólo hay que comparar la aceleración en los 1.000 primeros metros: iguales.

Los dos montan un motor de 1,4 litros con 75 CV, aunque el de Volkswagen recurre a una culata multiválvula. También los dos han rendido algo más de la potencia anunciada, con una generosidad mayor en el alemán, aunque ha pesado unos kilos más. Al final, la relación entre peso y potencia vuelve a ser casi igual. Traducido al asfalto se obtienen similares sensaciones en ambos: corren, aceleran y recuperan de forma muy parecida.

El motor del Polo tiene más facilidad para subir de vueltas y girar alto y el del Peugeot se muestra más homogéneo, pero esa diferencia es como la de las prestaciones, de matiz. Desde luego ambos motores responden muy bien, con desarrollos bien correctamente escalonados y muy parecidos entre ambos.

En definitiva, las diferencias mecánicas apenas existen, pero no ocurre lo mismo en cuanto a comportamiento. En este aspecto son bien distintos. El Peugeot combina unas suspensiones muy equilibradas con una dirección muy precisa. El resultado es un comportamiento fiel en vías rápidas. Entra en las curvas con precisión milimétrica y se mantiene durante el giro tragándose cualquier irregularidad que encontremos, como juntas de dilatación o pequeños badenes. El giro sale redondo transmitiendo una enorme confianza, con un aplomo mejor que el de muchas berlinas. Se pueden conseguir medias impresionantes para las posibilidades generales del coche gracias a este factor, y con menos fatiga. En carretera se mantiene esta tónica: mucha precisión y agilidad, aunque se muestra sensible al levantar el pie del acelerador en apoyos fuertes. La trasera tiende a abrirse con cierta rapidez. Cuando buscamos este tipo de comportamiento, las reacciones son perfectas y ayudan a meter el coche en la curva. Resulta incluso divertido, pero, tratándose de un vehículo utilitario —que no deportivo—, puede ser exagerado y sorprendernos con una reacción inesperada cuando rodamos con alegría y sin concentración.

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