Rover 25 2.0 Sdi 3p

Rover ha modificado sustancialmente su modelo más compacto otorgándole nueva imagen y capacidades. En su versión turbodiésel se mejora el rendimiento del motor y bastidor, manteniendo esa noble esencia que siempre ha caracterizado a la marca británica.
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Rover 25 2.0 Sdi 3p
Rover 25 2.0 Sdi 3p

Esta capacidad de empuje, que tiene como aliado un buen escalonamiento de las marchas en la caja de cambios, queda corroborada por unas brillantes cifras de prestaciones que se pueden trasladar nítidamente a la carretera. Así, hasta los 120/130 km/h, el Rover 25 SDi puede rivalizar con modelos de superior potencia y garantiza adelantamientos muy rápidos y seguros, en los que, curiosamente, si hemos de utilizar el cambio será para insertar una marcha más larga y no una más corta. Por encima del ritmo antes mencionado, el motor debe luchar contra una aerodinámica poco favorable y el coche pierde algo de ese halo de deportividad. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en el entorno del motor.

. Básicamente, este Rover 25 adolece de un ligero exceso de dureza en sus mandos principales: dirección, acelerador, embrague y freno. Quizás, y esto nos lo imaginamos, sea para potenciar la sensación de calidad que esta elección de tacto puede traer consigo en algunos clientes. Sin embargo, con semejante instantaneidad propulsora ocurre que, muchas veces y sobre todo a velocidades bajas, el coche reacciona más de lo que queremos por la dificultad que supone precisar milimétricamente el movimiento del acelerador. Por ello sugeriríamos una cura de dulcificación en todos aquellos mandos de uso continuo pues vuelven la conducción más cansada y tensa de lo necesario. El trabajo de desarrollo sobre la mecánica ha venido acompañado con una optimización del funcionamiento de las suspensiones. Lógicamente, no se ha variado su estructura básica, pero, a base de jugar con muelles y amortiguadores, se ha modificado sensiblemente su actuación. Generalizando, ahora el coche dispone de una suspensión firme en conducción normal. Incluso, sobre asfaltos no muy lisos llega a rozar la inconfortabilidad siempre que no rodemos muy deprisa. Sin embargo, si vamos a por todas y atacamos la carretera sin pudor, su conducta cambia por ensalmo y empieza a notarse una cierta falta de amortiguación en extensión, que favorece el confort, pero limita algo la eficacia. Con todo, la mejora sobre la Serie 200 es significativa y, con un moderado y lógico subviraje básico, ahora se dispone de un coche que entra bien en las curvas, con apoyos francos, y que en caso de error de apreciación recoloca su trayectoria gracias a un tren trasero tan direccional como controlable. Además, los frenos, pese a los tambores traseros, logran detener el coche en distancias más que aceptables aunque si los castigamos sin piedad el recorrido del pedal se alarga significativamente.

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