Hyundai Coupé 2.0 16v FX / Renault Mégane Coupé 2.0 IDE

Con un precio tentador, una imagen de lo más llamativa y unas cualidades dinámicas que permiten disfrutar a tope de la conducción, los protagonistas de este comparativo se presentan como las opciones más interesantes que ofrece el mercado para acceder a la cada vez más popular categoría coupé.
Autopista -
Hyundai Coupé 2.0 16v FX / Renault Mégane Coupé 2.0 IDE
Hyundai Coupé 2.0 16v FX / Renault Mégane Coupé 2.0 IDE

Si se echa un vistazo a los datos obtenidos por el Centro Técnico, queda claro el superior rendimiento del motor francés. Como se puede comprobar, este modelo no ha tenido problemas para superar holgadamente a su rival en todas las mediciones, tanto en velocidad como en aceleración y recuperaciones, y también ha resultado ser mucho más parco en lo que a consumos se refiere, lo que proporciona un rendimiento termodinámico claramente superior.

Como era de esperar en modelos de marcado talante deportivo, los dos han optado por unos desarrollos de la caja de cambios bastante ajustados con el objetivo de aprovechar al máximo el potencial disponible. El manejo del selector es correcto en el caso del Mégane, aunque no resulta tan rápido y preciso como el del Hyundai, que, gracias a un tacto muy metálico y a unos recorridos de palanca muy ajustados, resulta más eficaz.

En lo que al bastidor respecta, no hay novedades dignas de mención. Como ya ocurriera con las versiones precedentes, los dos gozan de una excelente estabilidad. No obstante, en este apartado también se pueden establecer diferencias muy importantes entre uno y otro. El Mégane Coupé siempre ha brillado con luz propia en estas lides, con un tren delantero muy preciso y unas suspensiones que tienen una gran capacidad para absorber con gran eficacia las irregularidades del firme. Sin embargo, el deportivo galo no ofrece el aplomo de su rival oriental en conducción rápida. Este último va más duro de suspensión y algo más asentado, lo que permite abordar los virajes con más seguridad y confianza. El Mégane balancea más y hay que estar mas atento a una trasera que "flanea" ligeramente y que se insinúa con mayor facilidad en curva rápida cuando se rueda al límite. Afortunadamente, en los trazados más virados las cosas se igualan bastante, y en ambos casos se puede disfrutar de lo lindo de un comportamiento muy deportivo y de unas reacciones suaves y sumamente predecibles, aunque el deportivo coreano sigue siendo más eficiente. Mientras que en el Hyundai el equipo de frenos no ha variado con respecto a la anterior versión, en el Mégane se ha reforzado el sistema con la adopción de discos delanteros más grandes, de 280 mm de diámetro en lugar de 250. Por potencia y capacidad de frenada, casi se produce un empate entre uno y otro, si bien las diferencias se pueden establecer por un tacto de pedal que resulta algo brusco y menos dosificable en el deportivo galo. Por lo que se refiere a la resistencia a la fatiga, los dos aguantan muy bien el uso intensivo, pero el modelo coreano termina acusando el esfuerzo con mayor celeridad cuando se le exige a fondo en carreteras de montaña.

En los dos casos, el puesto de conducción está bien resuelto. Los asientos deportivos que ambos montan son cómodos tanto en uno como en otro —sobre todo en el Renault—, pero la sujeción lateral está mucho mejor conseguida en el coupé oriental, ya que el acolchado del Mégane es demasiado blando, como es habitual en los modelos de la firma del rombo. Tanto la banqueta como la columna de dirección son regulables en altura, lo que permite conseguir rápidamente la postura óptima a los mandos.

Como el resto del coche, el interior del Hyundai es llamativo y colorista, si bien la calidad de los materiales empleados no está a la altura de su rival europeo, que, en este aspecto, se sitúa a un nivel muy alto. En los mismos términos hay que hablar del Renault para referirse al equipamiento, ya que en este sentido tampoco se deja nada al azar. Prueba de ello es que muchos elementos que en la gama Mégane son opción, en este coupé se han incluido de serie. El Hyundai también puede presumir de una dotación muy completa, si bien no dispone ni siquiera en opción del airbag lateral y elementos como la alarma antirrobo o el ABS se sirven con sobreprecio.

A modo de resumen, queda claro que la imagen y el poder de distinción son los principales argumentos de estos dos coupés y en este sentido se puede hablar de un empate; si bien, salta a la vista el Hyundai se decanta por la espectacularidad absoluta, mientras que el Renault opta por una mayor discreción. En el apartado reservado a las prestaciones, los dos cumplen sobradamente con lo que se exige en esta categoría, pero es el modelo europeo el que se lleva el gato al agua, gracias al superior rendimiento de su motor de inyección directa. Por el contrario, es el coupé oriental el que mas satisfacciones reporta a la hora de adentrarse en carreteras de curvas, gracias a un bastidor más equilibrado, que ofrece una puesta a punto más satisfactoria.

Además, el precio es un verdadero reclamo en cualquiera de ellos y, especialmente, en el Mégane Coupé, con una dotación de serie todavía más completa que la del Hyundai. No obstante, si se tiene en cuenta la agresiva política comercial y de descuentos que suele emplear la firma coreana en nuestro país, es más que probable que a la hora de la verdad las cosas queden también muy igualadas en este sentido.

Si se echa un vistazo a los datos obtenidos por el Centro Técnico, queda claro el superior rendimiento del motor francés. Como se puede comprobar, este modelo no ha tenido problemas para superar holgadamente a su rival en todas las mediciones, tanto en velocidad como en aceleración y recuperaciones, y también ha resultado ser mucho más parco en lo que a consumos se refiere, lo que proporciona un rendimiento termodinámico claramente superior.

Como era de esperar en modelos de marcado talante deportivo, los dos han optado por unos desarrollos de la caja de cambios bastante ajustados con el objetivo de aprovechar al máximo el potencial disponible. El manejo del selector es correcto en el caso del Mégane, aunque no resulta tan rápido y preciso como el del Hyundai, que, gracias a un tacto muy metálico y a unos recorridos de palanca muy ajustados, resulta más eficaz.

En lo que al bastidor respecta, no hay novedades dignas de mención. Como ya ocurriera con las versiones precedentes, los dos gozan de una excelente estabilidad. No obstante, en este apartado también se pueden establecer diferencias muy importantes entre uno y otro. El Mégane Coupé siempre ha brillado con luz propia en estas lides, con un tren delantero muy preciso y unas suspensiones que tienen una gran capacidad para absorber con gran eficacia las irregularidades del firme. Sin embargo, el deportivo galo no ofrece el aplomo de su rival oriental en conducción rápida. Este último va más duro de suspensión y algo más asentado, lo que permite abordar los virajes con más seguridad y confianza. El Mégane balancea más y hay que estar mas atento a una trasera que "flanea" ligeramente y que se insinúa con mayor facilidad en curva rápida cuando se rueda al límite. Afortunadamente, en los trazados más virados las cosas se igualan bastante, y en ambos casos se puede disfrutar de lo lindo de un comportamiento muy deportivo y de unas reacciones suaves y sumamente predecibles, aunque el deportivo coreano sigue siendo más eficiente. Mientras que en el Hyundai el equipo de frenos no ha variado con respecto a la anterior versión, en el Mégane se ha reforzado el sistema con la adopción de discos delanteros más grandes, de 280 mm de diámetro en lugar de 250. Por potencia y capacidad de frenada, casi se produce un empate entre uno y otro, si bien las diferencias se pueden establecer por un tacto de pedal que resulta algo brusco y menos dosificable en el deportivo galo. Por lo que se refiere a la resistencia a la fatiga, los dos aguantan muy bien el uso intensivo, pero el modelo coreano termina acusando el esfuerzo con mayor celeridad cuando se le exige a fondo en carreteras de montaña.

En los dos casos, el puesto de conducción está bien resuelto. Los asientos deportivos que ambos montan son cómodos tanto en uno como en otro —sobre todo en el Renault—, pero la sujeción lateral está mucho mejor conseguida en el coupé oriental, ya que el acolchado del Mégane es demasiado blando, como es habitual en los modelos de la firma del rombo. Tanto la banqueta como la columna de dirección son regulables en altura, lo que permite conseguir rápidamente la postura óptima a los mandos.

Como el resto del coche, el interior del Hyundai es llamativo y colorista, si bien la calidad de los materiales empleados no está a la altura de su rival europeo, que, en este aspecto, se sitúa a un nivel muy alto. En los mismos términos hay que hablar del Renault para referirse al equipamiento, ya que en este sentido tampoco se deja nada al azar. Prueba de ello es que muchos elementos que en la gama Mégane son opción, en este coupé se han incluido de serie. El Hyundai también puede presumir de una dotación muy completa, si bien no dispone ni siquiera en opción del airbag lateral y elementos como la alarma antirrobo o el ABS se sirven con sobreprecio.

A modo de resumen, queda claro que la imagen y el poder de distinción son los principales argumentos de estos dos coupés y en este sentido se puede hablar de un empate; si bien, salta a la vista el Hyundai se decanta por la espectacularidad absoluta, mientras que el Renault opta por una mayor discreción. En el apartado reservado a las prestaciones, los dos cumplen sobradamente con lo que se exige en esta categoría, pero es el modelo europeo el que se lleva el gato al agua, gracias al superior rendimiento de su motor de inyección directa. Por el contrario, es el coupé oriental el que mas satisfacciones reporta a la hora de adentrarse en carreteras de curvas, gracias a un bastidor más equilibrado, que ofrece una puesta a punto más satisfactoria.

Además, el precio es un verdadero reclamo en cualquiera de ellos y, especialmente, en el Mégane Coupé, con una dotación de serie todavía más completa que la del Hyundai. No obstante, si se tiene en cuenta la agresiva política comercial y de descuentos que suele emplear la firma coreana en nuestro país, es más que probable que a la hora de la verdad las cosas queden también muy igualadas en este sentido.

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