Comparativa: Audi A8 2.5 V6 TDi / BMW 730d

No son el máximo exponente en Diesel de sus respectivas gamas. Incluso hermanos con carrocerías menos ampulosas disfrutan de estas mecánicas. Sin embargo, estos altos de gama conservan el atractivo de sus reducidos consumos sin una radical renuncia a las prestaciones en carretera.
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Comparativa: Audi A8 2.5 V6 TDi / BMW 730d
Comparativa: Audi A8 2.5 V6 TDi / BMW 730d

La eterna lucha de Audi por introducirse en el club de las berlinas de representación sólo tiene desde hace algunos años el obstáculo de su falta de tradición en esta elitista categoría. Desde su aparición, el A8 se ha encargado de demostrar cómo la marca de los cuatro aros es capaz de ofrecer un producto objetivamente equivalente al de Mercedes y BMW y su lucha se ha llevado a todos los frentes. Esto se repite en el apartado Diesel, en el que, como podemos comprobar, Audi se mantiene en la pelea con mecánicas que poco tienen que envidiar a las de sus rivales.

Los motores de seis cilindros que montan nuestros protagonistas en esta ocasión ofrecen, sin embargo, una serie de peculiaridades que dejan al Audi en una ligera desventaja -en este caso también objetiva- respecto de su rival. Y es que el seis en V del A8 juega las bazas de la ligereza y una cilindrada contenida. Si bien ofrece una potencia de 180 CV, puede hacer poco en cuanto a par y a rendimiento en baja frente a su rival de tres litros de cilindrada. Más aún después de los retoques en turbo e inyección, que han subido la potencia del 730d de 183 a 193 CV, aumentando el par máximo un 5 por ciento, conseguido a un régimen bien inferior.

Pero esta desventaja, que en otra comparativa podría llegar a ser definitiva, no llega a ser determinante en esta ocasión gracias a la carrocería de aluminio del Audi, que se encarga de aligerar el conjunto en 150 kg. Es esto lo que permite al A8 plantar cara al Serie 7 en carretera. Esta particularidad también ha permitido a los responsables del Audi elegir unos desarrollos de transmisión largos con los que pretenden compensar esa prevista inferioridad en prestaciones con un menor consumo, objetivo que no llega a conseguir por completo, pues luego en carretera resulta casi equivalente en cifras al de su rival. Con 20 litros más de depósito, el Audi se permite vencer por goleada al BMW en lo que a autonomía se refiere, con lo que en una hipotética carrera en largas distancias es posible que un repostaje de ahorro permitiera al Audi superar al BMW. En todo caso ambos disponen de suficiente autonomía como para que sea antes el conductor que el coche el que tenga la perentoria necesidad de ir a «empolvarse la nariz» en una estación de servicio.

El bastidor de ambos es excelente, aunque, una vez más, el BMW sale victorioso gracias a la extraordinaria elección de los tarados de muelle y amortiguador que proporcionan un aplomo en curva sencillamente perfecto. Y ello sin acudir a la opción de amortiguación adaptativa, que en el pesado 740d hacía maravillas. En nuestras poco niveladas autovías la excesivamente blanda amortiguación del A8 no digiere con la misma contundencia las ondulaciones y nos obsequia con unos leves pero perceptibles rebotes, que brillan por su ausencia en el 730d. En carreteras más viradas la actitud es similar y a pesar del mayor peso del BMW el subviraje es menos recalcitrante que en el Audi. Más neutro y con una dirección ligeramente más precisa, las trayectorias del 730d son más fieles a las órdenes del conductor. El Audi, por su parte, experimenta un subviraje constante que no llega a ser incómodo pero resta algo de precisión al conductor en trazados medios-lentos. Los frenos ofrecen una mejor respuesta en el Audi y son más resistentes al trabajo duro. El equipo disponible en ambos es muy similar en cuanto a dimensiones, pero en este aspecto el sobrepeso del BMW resulta determinante.

Con el espacio disponible y pensados para largas cabalgadas por autopista, es compresible que la postura de conducción sea muy buena en nuestros dos protagonistas y las múltiples regulaciones de volante y asiento permite acomodarnos sin problema. Por lo demás, en el interior se respira un ambiente muy similar. El confort está garantizado por el excelente diseño de los asientos. La cota longitudinal más amplia del Audi en las plazas posteriores le confiere cierta ventaja en este aspecto, aunque en ambos modelos es espacio lo que sobra. En cuanto a la rumorosidad es muy baja en ambos, especialmente si tenemos en cuenta que son mecánicas Diesel. La ventaja aquí es para el Serie 7 que en su interior ofrece una mejor insonorización y se perciben menos el sonido y las vibraciones que en el A8. Con un precio de salida muy similar las diferencias dependen de lo caprichoso que sea el eventual propietario y de lo que recurra a la lista de opciones. Nuestras unidades de pruebas, generosamente equipadas, incrementan el precio base del coche en 1.430.000 ptas en el caso del Audi y 2.447.000 en el del BMW, cifras que nos son nada despreciables, por lo que conviene ser cuidadosos y llevar calculadora a la hora de decidir nuestro equipamiento.

La eterna lucha de Audi por introducirse en el club de las berlinas de representación sólo tiene desde hace algunos años el obstáculo de su falta de tradición en esta elitista categoría. Desde su aparición, el A8 se ha encargado de demostrar cómo la marca de los cuatro aros es capaz de ofrecer un producto objetivamente equivalente al de Mercedes y BMW y su lucha se ha llevado a todos los frentes. Esto se repite en el apartado Diesel, en el que, como podemos comprobar, Audi se mantiene en la pelea con mecánicas que poco tienen que envidiar a las de sus rivales.

Los motores de seis cilindros que montan nuestros protagonistas en esta ocasión ofrecen, sin embargo, una serie de peculiaridades que dejan al Audi en una ligera desventaja -en este caso también objetiva- respecto de su rival. Y es que el seis en V del A8 juega las bazas de la ligereza y una cilindrada contenida. Si bien ofrece una potencia de 180 CV, puede hacer poco en cuanto a par y a rendimiento en baja frente a su rival de tres litros de cilindrada. Más aún después de los retoques en turbo e inyección, que han subido la potencia del 730d de 183 a 193 CV, aumentando el par máximo un 5 por ciento, conseguido a un régimen bien inferior.

Pero esta desventaja, que en otra comparativa podría llegar a ser definitiva, no llega a ser determinante en esta ocasión gracias a la carrocería de aluminio del Audi, que se encarga de aligerar el conjunto en 150 kg. Es esto lo que permite al A8 plantar cara al Serie 7 en carretera. Esta particularidad también ha permitido a los responsables del Audi elegir unos desarrollos de transmisión largos con los que pretenden compensar esa prevista inferioridad en prestaciones con un menor consumo, objetivo que no llega a conseguir por completo, pues luego en carretera resulta casi equivalente en cifras al de su rival. Con 20 litros más de depósito, el Audi se permite vencer por goleada al BMW en lo que a autonomía se refiere, con lo que en una hipotética carrera en largas distancias es posible que un repostaje de ahorro permitiera al Audi superar al BMW. En todo caso ambos disponen de suficiente autonomía como para que sea antes el conductor que el coche el que tenga la perentoria necesidad de ir a «empolvarse la nariz» en una estación de servicio.

El bastidor de ambos es excelente, aunque, una vez más, el BMW sale victorioso gracias a la extraordinaria elección de los tarados de muelle y amortiguador que proporcionan un aplomo en curva sencillamente perfecto. Y ello sin acudir a la opción de amortiguación adaptativa, que en el pesado 740d hacía maravillas. En nuestras poco niveladas autovías la excesivamente blanda amortiguación del A8 no digiere con la misma contundencia las ondulaciones y nos obsequia con unos leves pero perceptibles rebotes, que brillan por su ausencia en el 730d. En carreteras más viradas la actitud es similar y a pesar del mayor peso del BMW el subviraje es menos recalcitrante que en el Audi. Más neutro y con una dirección ligeramente más precisa, las trayectorias del 730d son más fieles a las órdenes del conductor. El Audi, por su parte, experimenta un subviraje constante que no llega a ser incómodo pero resta algo de precisión al conductor en trazados medios-lentos. Los frenos ofrecen una mejor respuesta en el Audi y son más resistentes al trabajo duro. El equipo disponible en ambos es muy similar en cuanto a dimensiones, pero en este aspecto el sobrepeso del BMW resulta determinante.

Con el espacio disponible y pensados para largas cabalgadas por autopista, es compresible que la postura de conducción sea muy buena en nuestros dos protagonistas y las múltiples regulaciones de volante y asiento permite acomodarnos sin problema. Por lo demás, en el interior se respira un ambiente muy similar. El confort está garantizado por el excelente diseño de los asientos. La cota longitudinal más amplia del Audi en las plazas posteriores le confiere cierta ventaja en este aspecto, aunque en ambos modelos es espacio lo que sobra. En cuanto a la rumorosidad es muy baja en ambos, especialmente si tenemos en cuenta que son mecánicas Diesel. La ventaja aquí es para el Serie 7 que en su interior ofrece una mejor insonorización y se perciben menos el sonido y las vibraciones que en el A8. Con un precio de salida muy similar las diferencias dependen de lo caprichoso que sea el eventual propietario y de lo que recurra a la lista de opciones. Nuestras unidades de pruebas, generosamente equipadas, incrementan el precio base del coche en 1.430.000 ptas en el caso del Audi y 2.447.000 en el del BMW, cifras que nos son nada despreciables, por lo que conviene ser cuidadosos y llevar calculadora a la hora de decidir nuestro equipamiento.

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