Peugeot 406 2.0i SV / Renault Laguna 2.0 IDE

De igual forma que ha ocurrido en las mecánicas Diesel, las exigentes normas anticontaminantes van obligando poco a poco a los fabricantes a desarrollar técnicas que sean capaces de situar las emisiones por debajo de los niveles exigidos. Una vez más parece que la inyección directa es uno de los caminos más evidentes.
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Peugeot 406 2.0i SV / Renault Laguna 2.0 IDE
Peugeot 406 2.0i SV / Renault Laguna 2.0 IDE

Ambos disponen de unos bastidores extraordinarios y su conducción es muy sencilla e intuitiva. Aunque el subviraje preside las reacciones, en ninguno de los dos resulta molesto ni les resta agilidad. En este sentido, el control electrónico de estabilidad del Renault presenta una ventaja en lo que se refiere a seguridad que el Peugeot no ofrece, ni siquiera en opción. Sin embargo, al margen de la electrónica, el 406 no tiene nada que envidiar al Laguna en este sentido. La dirección es muy precisa en los dos casos, aunque el grosor del volante del Laguna nos permite empuñarlo con mayor comodidad. También coinciden las sensaciones que el volante transmite al conductor y que permiten saber en todo momento lo que ocurre entre las ruedas y el asfalto.

Los frenos se muestran más que suficientes para las prestaciones, aunque las distancias de frenada han sido mejores en el Renault, el cual cuenta con un tacto de pedal extraño que no permite dosificar con precisión la frenada. La sensación es que tiene un exceso de asistencia, que, a priori, puede resultar muy tranquilizadora para algunos conductores, pero que, en la práctica, resta eficacia, sobre todo para los que gustan de practicar una conducción deportiva.

En el resto de apartados, ambos modelos son de sobra conocidos y coinciden con el resto de sus hermanos de gama. Un poco más grande que el de su rival, el habitáculo del Peugeot 406 está mejor aprovechado y dispone de un poco más de anchura y mayor espacio para las piernas en las plazas traseras. También el maletero es algo mayor en el Peugeot, aunque apenas le proporciona una operatividad mayor.

El equipamiento del Laguna es más completo por la «calidad» de los elementos. Como ya hemos citado, el control de estabilidad va incluido de serie en el Laguna y no está disponible en el Peugeot, aunque este último, sin embargo, incorpora control de velocidad de crucero. Otro elemento opcional en el Renault son los faros de xenón, que tampoco puede montar el Peugeot. Por lo demás, la dotación de ambos es equivalente y disponen de todos los elementos de seguridad y comodidad exigibles, con las salvedades mencionadas.

Ambos disponen de unos bastidores extraordinarios y su conducción es muy sencilla e intuitiva. Aunque el subviraje preside las reacciones, en ninguno de los dos resulta molesto ni les resta agilidad. En este sentido, el control electrónico de estabilidad del Renault presenta una ventaja en lo que se refiere a seguridad que el Peugeot no ofrece, ni siquiera en opción. Sin embargo, al margen de la electrónica, el 406 no tiene nada que envidiar al Laguna en este sentido. La dirección es muy precisa en los dos casos, aunque el grosor del volante del Laguna nos permite empuñarlo con mayor comodidad. También coinciden las sensaciones que el volante transmite al conductor y que permiten saber en todo momento lo que ocurre entre las ruedas y el asfalto.

Los frenos se muestran más que suficientes para las prestaciones, aunque las distancias de frenada han sido mejores en el Renault, el cual cuenta con un tacto de pedal extraño que no permite dosificar con precisión la frenada. La sensación es que tiene un exceso de asistencia, que, a priori, puede resultar muy tranquilizadora para algunos conductores, pero que, en la práctica, resta eficacia, sobre todo para los que gustan de practicar una conducción deportiva.

En el resto de apartados, ambos modelos son de sobra conocidos y coinciden con el resto de sus hermanos de gama. Un poco más grande que el de su rival, el habitáculo del Peugeot 406 está mejor aprovechado y dispone de un poco más de anchura y mayor espacio para las piernas en las plazas traseras. También el maletero es algo mayor en el Peugeot, aunque apenas le proporciona una operatividad mayor.

El equipamiento del Laguna es más completo por la «calidad» de los elementos. Como ya hemos citado, el control de estabilidad va incluido de serie en el Laguna y no está disponible en el Peugeot, aunque este último, sin embargo, incorpora control de velocidad de crucero. Otro elemento opcional en el Renault son los faros de xenón, que tampoco puede montar el Peugeot. Por lo demás, la dotación de ambos es equivalente y disponen de todos los elementos de seguridad y comodidad exigibles, con las salvedades mencionadas.

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