Skoda Fabia 1.9 Sdi Comfort / Volkswagen Polo 1.9 SDi Trendline

Equipados con el motor atmosférico de inyección directa, Skoda Fabia y VW Polo SDi ofrecen como principal argumento unos mínimos consumos que les permiten brillar en sus facetas ciudadanas.
Autopista -
Skoda Fabia 1.9 Sdi Comfort / Volkswagen Polo 1.9 SDi Trendline
Skoda Fabia 1.9 Sdi Comfort / Volkswagen Polo 1.9 SDi Trendline

La inyección directa Diesel no sólo se ha impuesto en los motores sobrealimentados destinados a ofrecer brillantes prestaciones. El Grupo Volkswagen recurre a ella también en sus variantes atmosféricas dirigidas a ofrecer por encima de todo unos mínimos consumos, en unos modelos cuya vertiente ciudadana supone la principal razón de ser. Porque la suavidad de funcionamiento que ofrece el motor atmosférico y su buena respuesta a bajo régimen les hace especialmente agradable en una utilización en ciudad, donde se abusa de las marchas cortas y donde resulta más beneficioso contar con buenos valores de par a bajo régimen. Sin embargo, precisamente por ello, sorprende en parte el dinamismo de marcha que proporcionan en carretera estos pequeños SDi, en la que con unos mínimos valores de consumos mantienen con facilidad los cruceros legalmente establecidos e incluso pueden superarlos sin demasiados problemas.

Lógicamente, al compartir una misma mecánica los resultados son muy parejos, tanto en las cifras de prestaciones y consumos como en el propio funcionamiento. Las diferencias que se dan son debidas a unos desarrollos ligeramente más largos en el Fabia que en el Polo y un peso algo más acusado en el primero de ellos. Así, aceleraciones y recuperaciones resultan favorables al Polo, con el que se puede mantener siempre un ritmo ligeramente superior que permite afrontar con más alegría las pendientes de la carretera o situaciones como un adelantamiento. Los consumos, sin embargo, se benefician en el Fabia de los desarrollos para obtener unas cifras algo más ajustadas, aunque en cualquier caso con unos valores muy reducidos que les llevan a ofrecer una autonomía ciertamente elevada, rondando en ambos casos los 800 kilómetros.

El más que agradable funcionamiento que ofrece el motor SDi de 1,9 litros y una respuesta muy uniforme desde el mismo ralentí, les permite tanto al Fabia como al Polo desenvolverse en carretera con cierta soltura y un notable confort de marcha. Mantener cruceros de 140 km/h no plantea grandes problemas y solamente cuando reducimos el ritmo por cualquier circunstancia se aprecia la gran diferencia que existe frente al TDi de 90 CV a la hora de volver a recuperar la velocidad de crucero: aquí ya no basta con acelerar, sino que debemos reducir de marcha, pisar con decisión y tener algo más de paciencia. Por ello, moverse por carreteras despejadas o autovías resulta bastante más sencillo que hacerlo por carreteras con mucho tráfico o continuos desniveles, donde conviene manejar el cambio con convicción, como si fuera un "gasolina".

El Fabia esconde bajo su carrocería la plataforma que con el tiempo llevarán, entre otros, los futuros Ibiza y Polo. Frente a este último, el Fabia cuenta con más distancia entre ejes y mayor anchura de vías, además de presentar una suspensión trasera optimizada para trabajar con mayor eficacia y precisión. También, dispone de una dirección con asistencia electrohidráulica, con mejor tacto y precisión que la del Volkswagen, demasiado sensible a rápidos movimientos de volante. En este sentido hay que tener en cuenta las llantas de 14 pulgadas con neumáticos de medida 185/60 del Fabia, mientras que el Polo con acabado Conceptline se conforma con unas discretas y cada vez menos frecuentes llantas de 13 pulgadas. Suficientes para ciudad, pero poca rueda a la hora de moverse en carretera, donde la dirección ofrece poco tacto y confianza para abordar zonas de curvas de radio medio y amplio.

En este tipo de conducción, salen a relucir las verdaderas diferencias entre ambos modelos. Las suspensiones del Polo resultan demasiado blandas, por lo que si bien en curvas lentas no ofrece excesivos problemas, cuando la velocidad de paso es alta las reacciones no son todo lo previsibles que desearíamos. Eso quiere decir que a ritmos normales, el Polo se defiende con soltura y agilidad, pero a un ritmo más vivo pierde eficacia. Por el contrario, el Fabia asimila los rápidos cruceros y las curvas más pronunciadas sin apenas inmutarse, con una magnífica estabilidad fruto de unas suspensiones más equilibradas en su tarado. Nos ha sorprendido incluso frente a otros Fabia más potentes que hemos probado. También en el apartado frenos el Fabia sale victorioso, y no sólo por su mayor potencia de frenado y unas distancias claramente más cortas, sino por un tacto más dosificable en el pedal.

La inyección directa Diesel no sólo se ha impuesto en los motores sobrealimentados destinados a ofrecer brillantes prestaciones. El Grupo Volkswagen recurre a ella también en sus variantes atmosféricas dirigidas a ofrecer por encima de todo unos mínimos consumos, en unos modelos cuya vertiente ciudadana supone la principal razón de ser. Porque la suavidad de funcionamiento que ofrece el motor atmosférico y su buena respuesta a bajo régimen les hace especialmente agradable en una utilización en ciudad, donde se abusa de las marchas cortas y donde resulta más beneficioso contar con buenos valores de par a bajo régimen. Sin embargo, precisamente por ello, sorprende en parte el dinamismo de marcha que proporcionan en carretera estos pequeños SDi, en la que con unos mínimos valores de consumos mantienen con facilidad los cruceros legalmente establecidos e incluso pueden superarlos sin demasiados problemas.

Lógicamente, al compartir una misma mecánica los resultados son muy parejos, tanto en las cifras de prestaciones y consumos como en el propio funcionamiento. Las diferencias que se dan son debidas a unos desarrollos ligeramente más largos en el Fabia que en el Polo y un peso algo más acusado en el primero de ellos. Así, aceleraciones y recuperaciones resultan favorables al Polo, con el que se puede mantener siempre un ritmo ligeramente superior que permite afrontar con más alegría las pendientes de la carretera o situaciones como un adelantamiento. Los consumos, sin embargo, se benefician en el Fabia de los desarrollos para obtener unas cifras algo más ajustadas, aunque en cualquier caso con unos valores muy reducidos que les llevan a ofrecer una autonomía ciertamente elevada, rondando en ambos casos los 800 kilómetros.

El más que agradable funcionamiento que ofrece el motor SDi de 1,9 litros y una respuesta muy uniforme desde el mismo ralentí, les permite tanto al Fabia como al Polo desenvolverse en carretera con cierta soltura y un notable confort de marcha. Mantener cruceros de 140 km/h no plantea grandes problemas y solamente cuando reducimos el ritmo por cualquier circunstancia se aprecia la gran diferencia que existe frente al TDi de 90 CV a la hora de volver a recuperar la velocidad de crucero: aquí ya no basta con acelerar, sino que debemos reducir de marcha, pisar con decisión y tener algo más de paciencia. Por ello, moverse por carreteras despejadas o autovías resulta bastante más sencillo que hacerlo por carreteras con mucho tráfico o continuos desniveles, donde conviene manejar el cambio con convicción, como si fuera un "gasolina".

El Fabia esconde bajo su carrocería la plataforma que con el tiempo llevarán, entre otros, los futuros Ibiza y Polo. Frente a este último, el Fabia cuenta con más distancia entre ejes y mayor anchura de vías, además de presentar una suspensión trasera optimizada para trabajar con mayor eficacia y precisión. También, dispone de una dirección con asistencia electrohidráulica, con mejor tacto y precisión que la del Volkswagen, demasiado sensible a rápidos movimientos de volante. En este sentido hay que tener en cuenta las llantas de 14 pulgadas con neumáticos de medida 185/60 del Fabia, mientras que el Polo con acabado Conceptline se conforma con unas discretas y cada vez menos frecuentes llantas de 13 pulgadas. Suficientes para ciudad, pero poca rueda a la hora de moverse en carretera, donde la dirección ofrece poco tacto y confianza para abordar zonas de curvas de radio medio y amplio.

En este tipo de conducción, salen a relucir las verdaderas diferencias entre ambos modelos. Las suspensiones del Polo resultan demasiado blandas, por lo que si bien en curvas lentas no ofrece excesivos problemas, cuando la velocidad de paso es alta las reacciones no son todo lo previsibles que desearíamos. Eso quiere decir que a ritmos normales, el Polo se defiende con soltura y agilidad, pero a un ritmo más vivo pierde eficacia. Por el contrario, el Fabia asimila los rápidos cruceros y las curvas más pronunciadas sin apenas inmutarse, con una magnífica estabilidad fruto de unas suspensiones más equilibradas en su tarado. Nos ha sorprendido incluso frente a otros Fabia más potentes que hemos probado. También en el apartado frenos el Fabia sale victorioso, y no sólo por su mayor potencia de frenado y unas distancias claramente más cortas, sino por un tacto más dosificable en el pedal.

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