Chrysler Viper GTS / Ferrari 360 Modena / Porsche 911 GT3

Cada latido de corazón de cualquiera de los tres deportivos de este comparativo transmite la mayor sensación de poderío que se pueda desear. Potentes, eficaces e increíblemente llamativos, estos purasangre tienen en la pasión el fundamento de su existencia, lo que convierte tan singular duelo en una batalla única y difícil de repetir.
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Chrysler Viper GTS / Ferrari 360 Modena / Porsche 911 GT3
Chrysler Viper GTS / Ferrari 360 Modena / Porsche 911 GT3

Donde se marcan las diferencias es en el apartado de comportamiento, que está estrechamente ligado a la capacidad de tracción de estos propulsión trasera. El Porsche 911 GT3 prescinde del empleo de un control de adherencia en beneficio de un diferencial autoblocante muy tarado, es decir, al 40 por ciento en aceleración, una cifra que demuestra su carácter de deportivo de competición y que, unido a unos generosos neumáticos, proporcionan una excelente motricidad. El Ferrari ofrece una solución más consecuente con un uso convencional. Además de un tarado del autoblocante menos drástico, sus neumáticos son más estrechos —sobre todo los delanteros para evitar mejor el temido aquaplanning— y emplea un control de tracción muy efectivo, que permite incluso una conducción deportiva si se conecta la tecla Sport, mencionada anteriormente y que relaciona otras funciones del coche como es la dureza de la amortiguación. Los tarados de suspensión no son muy duros en comparación con los del 911, que han sido retocados respecto al resto de hermanos de gama: muelles de competición (de sustitución rápida), carrocería rebajada 30 mm y estabilizadoras más gruesas y regulables son algunos de los detalles que han sido modificados en la suspensión del GT3. Con todo ello, su comportamiento es fantástico. Sea cual sea el tipo de trazado, la última maravilla de la firma de Stuttgart responde con absoluta bondad a las órdenes dadas desde el puesto de mando —sentado en un formidable baquet de competición muy ligero y tapizado en piel que envuelve el cuerpo completamente, hombros incluidos—. Un gran aplomo y, sobre todo, una gran confianza son las características de esta cuidada versión. Y el mejor juez de estas palabras son las cifras de cronometraje en una vuelta en el circuito largo de Nurburgring, ya que fue capaz de bajar de los 8 minutos, siendo el primer coche de serie que lo hace... eso sí, pilotado por todo un Walter Rohrl.

El 360 Módena presenta un nivel de eficacia muy similar, si bien su carácter de coche «para todo» hace que el límite esté un poco por debajo. Es más cómodo y las reacciones son de un deportivo de pura raza con motor central. Su estabilidad en línea recta es todavía mejor que la del Porsche, con una aerodinámica más favorable y evolucionada y una dirección más precisa. En zonas viradas, el Ferrari también saca sus cualidades a relucir, permitiendo demostrar las dotes al conductor, ya que responde al instante a cualquier orden. Sin necesidad de quitar las manos del volante se pueden hacer apuradas de frenadas espectaculares, reduciendo de forma endiablada mientras se escucha un aullido espeluznante a la espalda proveniente del motor girando alto de vueltas. Los más avezados e intrépidos podrán desconectar el control de tracción y pisar con decisión el acelerador para salir de las curvas con un predecible sobreviraje y comprobar que un bastidor de Ferrari siempre garantiza emoción a raudales. Ante el festival de sensaciones que ofrecen GT3 y Modena, el Viper poco puede hacer. Sólo es capaz de despertar un sentimiento de romanticismo entre los amantes de los deportivos salvajes en estado puro, a la antigua usanza y sin excesivos refinamientos. Porque si con este llamativo gigante americano se puede ir también muy rápido, su bastidor no está a la misma altura y exige mucho más de su conductor. Las pérdidas de motricidad están a la orden del día por el monstruoso par motor y a pesar del autoblocante, y conviene estar muy ducho en el noble arte de volantear si se quieren buscar los límites del coche que, dicho sea de paso, también son muy altos.

Si hubiese que decantarse por uno de ellos, qué duda cabe que la decisión sería harto complicada. El Chrylser Viper GTS es el menos sofisticado de los tres, el más arcaico y brutal, pero hay que reconocer que tiene también mucho encanto. Para los que les guste llamar la atención es el más indicado, ya que es uno de esos pocos coches con los que pasar desapercibido es casi imposible. Entre el Porsche 911 GT3 y el Ferrari 360 Modena, la cosa ya es más complicada. En todos los apartados de este examen la puntuación de ambos es de sobresaliente. El modelo alemán presenta el carácter más deportivo, cercano al que ofrece un coche de competición; de hecho, existe una versión denominada Clubsport que viene con el arco de seguridad incluido (pierde así los airbags laterales) y los baquets tapizados en tejido ignífugo. El precio de esta nueva versión del 911, heredero de la filosofía RS, aunque alto, es muy competitivo, o por lo menos así hay que entenderlo ante lo rápido que se han agotado las existencias en apenas un par de meses. Pero, por suerte, parece que, a mediados del 2000, podría comenzar la producción de otra remesa de GT3. De todas formas, quien disponga de unos millones más puede decantarse tranquilamente por el Modena; seguro que tampoco se equivoca y disfrutará de la mejor mecánica y del mejor cambio del mundo. Por algo es un Ferrari.

Donde se marcan las diferencias es en el apartado de comportamiento, que está estrechamente ligado a la capacidad de tracción de estos propulsión trasera. El Porsche 911 GT3 prescinde del empleo de un control de adherencia en beneficio de un diferencial autoblocante muy tarado, es decir, al 40 por ciento en aceleración, una cifra que demuestra su carácter de deportivo de competición y que, unido a unos generosos neumáticos, proporcionan una excelente motricidad. El Ferrari ofrece una solución más consecuente con un uso convencional. Además de un tarado del autoblocante menos drástico, sus neumáticos son más estrechos —sobre todo los delanteros para evitar mejor el temido aquaplanning— y emplea un control de tracción muy efectivo, que permite incluso una conducción deportiva si se conecta la tecla Sport, mencionada anteriormente y que relaciona otras funciones del coche como es la dureza de la amortiguación. Los tarados de suspensión no son muy duros en comparación con los del 911, que han sido retocados respecto al resto de hermanos de gama: muelles de competición (de sustitución rápida), carrocería rebajada 30 mm y estabilizadoras más gruesas y regulables son algunos de los detalles que han sido modificados en la suspensión del GT3. Con todo ello, su comportamiento es fantástico. Sea cual sea el tipo de trazado, la última maravilla de la firma de Stuttgart responde con absoluta bondad a las órdenes dadas desde el puesto de mando —sentado en un formidable baquet de competición muy ligero y tapizado en piel que envuelve el cuerpo completamente, hombros incluidos—. Un gran aplomo y, sobre todo, una gran confianza son las características de esta cuidada versión. Y el mejor juez de estas palabras son las cifras de cronometraje en una vuelta en el circuito largo de Nurburgring, ya que fue capaz de bajar de los 8 minutos, siendo el primer coche de serie que lo hace... eso sí, pilotado por todo un Walter Rohrl.

El 360 Módena presenta un nivel de eficacia muy similar, si bien su carácter de coche «para todo» hace que el límite esté un poco por debajo. Es más cómodo y las reacciones son de un deportivo de pura raza con motor central. Su estabilidad en línea recta es todavía mejor que la del Porsche, con una aerodinámica más favorable y evolucionada y una dirección más precisa. En zonas viradas, el Ferrari también saca sus cualidades a relucir, permitiendo demostrar las dotes al conductor, ya que responde al instante a cualquier orden. Sin necesidad de quitar las manos del volante se pueden hacer apuradas de frenadas espectaculares, reduciendo de forma endiablada mientras se escucha un aullido espeluznante a la espalda proveniente del motor girando alto de vueltas. Los más avezados e intrépidos podrán desconectar el control de tracción y pisar con decisión el acelerador para salir de las curvas con un predecible sobreviraje y comprobar que un bastidor de Ferrari siempre garantiza emoción a raudales. Ante el festival de sensaciones que ofrecen GT3 y Modena, el Viper poco puede hacer. Sólo es capaz de despertar un sentimiento de romanticismo entre los amantes de los deportivos salvajes en estado puro, a la antigua usanza y sin excesivos refinamientos. Porque si con este llamativo gigante americano se puede ir también muy rápido, su bastidor no está a la misma altura y exige mucho más de su conductor. Las pérdidas de motricidad están a la orden del día por el monstruoso par motor y a pesar del autoblocante, y conviene estar muy ducho en el noble arte de volantear si se quieren buscar los límites del coche que, dicho sea de paso, también son muy altos.

Si hubiese que decantarse por uno de ellos, qué duda cabe que la decisión sería harto complicada. El Chrylser Viper GTS es el menos sofisticado de los tres, el más arcaico y brutal, pero hay que reconocer que tiene también mucho encanto. Para los que les guste llamar la atención es el más indicado, ya que es uno de esos pocos coches con los que pasar desapercibido es casi imposible. Entre el Porsche 911 GT3 y el Ferrari 360 Modena, la cosa ya es más complicada. En todos los apartados de este examen la puntuación de ambos es de sobresaliente. El modelo alemán presenta el carácter más deportivo, cercano al que ofrece un coche de competición; de hecho, existe una versión denominada Clubsport que viene con el arco de seguridad incluido (pierde así los airbags laterales) y los baquets tapizados en tejido ignífugo. El precio de esta nueva versión del 911, heredero de la filosofía RS, aunque alto, es muy competitivo, o por lo menos así hay que entenderlo ante lo rápido que se han agotado las existencias en apenas un par de meses. Pero, por suerte, parece que, a mediados del 2000, podría comenzar la producción de otra remesa de GT3. De todas formas, quien disponga de unos millones más puede decantarse tranquilamente por el Modena; seguro que tampoco se equivoca y disfrutará de la mejor mecánica y del mejor cambio del mundo. Por algo es un Ferrari.

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