Comparativa: Ford Focus Familiar 2.0i / Volkswagen Golf Variant 1.6

La familia Golf se amplía con la llegada de la versión Variant, un modelo que mantiene las mismas cualidades dinámicas del resto de la gama pero ofrece una mayor versatilidad. Sin embargo, su relación precio/potencia le condiciona frente a un modelo como el Focus 2.0, más barato y más potente.
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Comparativa: Ford Focus Familiar 2.0i / Volkswagen Golf Variant 1.6
Comparativa: Ford Focus Familiar 2.0i / Volkswagen Golf Variant 1.6

El Golf Variant se presenta en nuestro mercado con el argumento de calidad, confort y robustez que siempre ha esgrimido toda la gama Golf. Como aquella, su precio le sitúa un escalón por encima de casi todos sus rivales, entre los que el Focus Familiar se convierte en una de las más claras alternativas. Frente a los citados argumentos del Golf, el Focus esgrime unas mejores cualidades dinámicas y un motor de más cilindrada y potencia, si igualamos al máximo precio y equipamiento. Aun así, la diferencia final sigue favoreciendo al Focus en nada menos que 200.000 pesetas.

Lo que ambos ofrecen por encima de todo es una mayor versatilidad a través de sus carrocerías de tipo familiar. El nuevo Golf Variant crece 20 cm en su longitud, por 30 del Focus, todos ellos correspondientes al voladizo trasero, pues ni uno ni otro presentan alteraciones en la distancia entre ejes. Por ello, la habitabilidad no se ve especialmente beneficiada, exceptuando la altura de las plazas traseras. También en el caso del Golf Variant se ganan un par de centímetros en el espacio para las piernas. Pero de lo que sí se benefician ambos es de una mayor sensación de amplitud una vez instalados en las plazas traseras, una sensación que hace los largos desplazamientos más confortables. Lógicamente, es la mayor capacidad de carga la que hace a estos dos modelos más interesantes que sus hermanos de cinco puertas. En este sentido, el Focus se desmarca del Golf con un volumen del maletero de 560 litros medidos hasta la bandeja, 90 más que este último, por lo que, si aprovechamos al máximo la altura trasera, se elevan considerablemente esas cifras. Si a ello le unimos la posibilidad de abatir el respaldo trasero de forma asimétrica, el resultado es una superficie de carga máxima superior a los dos metros. En ambos modelos esta operación se realiza de forma sencilla.

A nivel técnico, pocas variaciones presentan ambos modelos frente a las variantes de cinco puertas. Éstas afectan, principalmente, a la suspensión trasera. En el Golf, una mayor firmeza en el tarado de la misma compensa el mayor peso que debe soportar el eje, mientras que en el Focus, además de esta misma característica, los amortiguadores se sitúan en una posición algo más inclinada. Con ello, se consigue que las diferencias en el comportamiento no sean muy acusadas frente a las versiones normales, brillando especialmente en este apartado el Focus, cuyas cualidades dinámicas le sitúan entre lo más destacado de su categoría. Así, las reacciones del Focus Familiar obedecen a un patrón similar al de su hermano de cinco puertas, con un magnífico tacto de dirección y un paso por curva sumamente efectivo y preciso en todo momento. La zaga se muestra muy neutra a pesar de los 30 cm extras del voladizo, manteniendo con fidelidad la trazada y con un balanceo no excesivamente acusado. Y ello sin necesidad de recurrir a una excesiva firmeza de amortiguación, por lo que, además, el confort de marcha es notable. Filtra muy bien las irregularidades de la carretera y proporciona una gran estabilidad a alta velocidad —alcanza los 200 km/h— por lo que se puede mantener un ritmo de viaje elevado con total sencillez, confort y seguridad. En cuanto al Golf, peca de algo muy habitual en casi todos los modelos de la marca, como es una suspensión demasiado suave, no a la hora de efectuar un apoyo en curva o absorber las irregularidades del asfalto, sino justo depués, cuando de recuperar la posición natural del amortiguador se trata. Ello provoca un ligero cabeceo del frontal cuando la carretera no está en perfectas condiciones, lo que resta cierta agilidad y precisión a la conducción, aunque en todo momento se muestra muy noble de reacciones y transmite al volante una buena dosis de confianza. Se mete bien en las curvas, tracciona con seguridad a la salida y la zaga acompaña en todo momento. Aun así, se ve superado por el Focus, más ágil, preciso y estable, especialmente por un tren posterior más elaborado en su diseño que marca la diferencia de comportamiento. También un mejor equilibrio en el tarado de suspensión se encarga de ello. La capacidad de frenada queda encomendada en ambos casos a cuatro frenos de disco y al ABS —opcional en el caso del Focus—, gracias a lo cual —y a un generoso calzado de 195 mm de anchura sobre llantas de 15 pulgadas— cuentan con unas muy buenas distancias de frenado. Ligeramente mejor en el caso del Focus, capaz de bajar de los 80 metros cuando se circula a 140 km/h. En cualquier caso, aseguran potencia, tacto y cierta resistencia al desfallecimiento, aunque, si nos encontramos bajando un puerto a tope de carga y abusamos en exceso, el pedal refleja rápidamente síntomas de fatiga.

Como ya mencionamos anteriormente, el precio juega un papel importante entre estos dos modelos. Así, igualando al máximo el equipamiento de uno y otro, nos encontramos con que por unas cantidades similares podemos elegir entre el Golf Variant con motor 1.6 de 100 CV o el Focus 2.0 16V de 130. Más favorecido aún sale el Focus si igualamos potencias en lugar de precios. La versión con motor también 1.6 —que en este caso es multiválvula— e idéntica potencia supone una diferencia frente al Golf de nada menos que medio millón de pesetas. Pero incluso eligiendo las opciones que en estas páginas enfrentamos, la diferencia de precio sigue jugando a favor del Focus 2.0. Su mayor cilindrada se adapta mejor a las condiciones de uso para las que han sido diseñados este tipo de vehículos. Porque, si bien circulando sólo el conductor se pueden mantener ritmos elevados con cierta facilidad tanto en uno como en otro, cuando nos desplazamos con cuatro personas a bordo y su correspondiente equipaje, el motor del Focus sigue proporcionando la fuerza necesaria a través de sus mejores valores de par para desplazar con mayor facilidad el peso extra que suponen los pasajeros y la carga. En esta situación, el ritmo de viaje que se puede mantener con el Focus es superior al del Golf y, sobre todo, no necesita «tirar» del cambio con tanta frecuencia como en éste. Todo ello repercute lógicamente a la hora de valorar el consumo. Porque, si bien a velocidades constantes no existen demasiadas diferencias entre uno y otro —a pesar de la diferencia de cilindrada y potencia—, cuando se trata de una conducción «normal» por carreteras con tráfico, subidas y bajadas y a plena carga, la necesidad imperiosa de recurrir constantemente al cambio en el Golf le lleva a éste a ofrecer unos valores algo superiores a los del Focus, que no necesita apurar el motor hasta su límite para seguir el ritmo del Golf. En cualquier caso, en las calificaciones hemos dado un tres a cada modelo en el apartado de prestaciones, pues el Golf Variant no se merece menos, si consideramos aisladamente que es un 1.6 de sólo 100 CV, mientras que el Focus tampoco merece más para ser un 2.0 de 130 CV, aunque en buena lógica existe una diferencia de prestaciones entre uno y otro que podría equivaler a un punto en nuestras valoraciones habituales.

El Golf Variant se presenta en nuestro mercado con el argumento de calidad, confort y robustez que siempre ha esgrimido toda la gama Golf. Como aquella, su precio le sitúa un escalón por encima de casi todos sus rivales, entre los que el Focus Familiar se convierte en una de las más claras alternativas. Frente a los citados argumentos del Golf, el Focus esgrime unas mejores cualidades dinámicas y un motor de más cilindrada y potencia, si igualamos al máximo precio y equipamiento. Aun así, la diferencia final sigue favoreciendo al Focus en nada menos que 200.000 pesetas.

Lo que ambos ofrecen por encima de todo es una mayor versatilidad a través de sus carrocerías de tipo familiar. El nuevo Golf Variant crece 20 cm en su longitud, por 30 del Focus, todos ellos correspondientes al voladizo trasero, pues ni uno ni otro presentan alteraciones en la distancia entre ejes. Por ello, la habitabilidad no se ve especialmente beneficiada, exceptuando la altura de las plazas traseras. También en el caso del Golf Variant se ganan un par de centímetros en el espacio para las piernas. Pero de lo que sí se benefician ambos es de una mayor sensación de amplitud una vez instalados en las plazas traseras, una sensación que hace los largos desplazamientos más confortables. Lógicamente, es la mayor capacidad de carga la que hace a estos dos modelos más interesantes que sus hermanos de cinco puertas. En este sentido, el Focus se desmarca del Golf con un volumen del maletero de 560 litros medidos hasta la bandeja, 90 más que este último, por lo que, si aprovechamos al máximo la altura trasera, se elevan considerablemente esas cifras. Si a ello le unimos la posibilidad de abatir el respaldo trasero de forma asimétrica, el resultado es una superficie de carga máxima superior a los dos metros. En ambos modelos esta operación se realiza de forma sencilla.

A nivel técnico, pocas variaciones presentan ambos modelos frente a las variantes de cinco puertas. Éstas afectan, principalmente, a la suspensión trasera. En el Golf, una mayor firmeza en el tarado de la misma compensa el mayor peso que debe soportar el eje, mientras que en el Focus, además de esta misma característica, los amortiguadores se sitúan en una posición algo más inclinada. Con ello, se consigue que las diferencias en el comportamiento no sean muy acusadas frente a las versiones normales, brillando especialmente en este apartado el Focus, cuyas cualidades dinámicas le sitúan entre lo más destacado de su categoría. Así, las reacciones del Focus Familiar obedecen a un patrón similar al de su hermano de cinco puertas, con un magnífico tacto de dirección y un paso por curva sumamente efectivo y preciso en todo momento. La zaga se muestra muy neutra a pesar de los 30 cm extras del voladizo, manteniendo con fidelidad la trazada y con un balanceo no excesivamente acusado. Y ello sin necesidad de recurrir a una excesiva firmeza de amortiguación, por lo que, además, el confort de marcha es notable. Filtra muy bien las irregularidades de la carretera y proporciona una gran estabilidad a alta velocidad —alcanza los 200 km/h— por lo que se puede mantener un ritmo de viaje elevado con total sencillez, confort y seguridad. En cuanto al Golf, peca de algo muy habitual en casi todos los modelos de la marca, como es una suspensión demasiado suave, no a la hora de efectuar un apoyo en curva o absorber las irregularidades del asfalto, sino justo depués, cuando de recuperar la posición natural del amortiguador se trata. Ello provoca un ligero cabeceo del frontal cuando la carretera no está en perfectas condiciones, lo que resta cierta agilidad y precisión a la conducción, aunque en todo momento se muestra muy noble de reacciones y transmite al volante una buena dosis de confianza. Se mete bien en las curvas, tracciona con seguridad a la salida y la zaga acompaña en todo momento. Aun así, se ve superado por el Focus, más ágil, preciso y estable, especialmente por un tren posterior más elaborado en su diseño que marca la diferencia de comportamiento. También un mejor equilibrio en el tarado de suspensión se encarga de ello. La capacidad de frenada queda encomendada en ambos casos a cuatro frenos de disco y al ABS —opcional en el caso del Focus—, gracias a lo cual —y a un generoso calzado de 195 mm de anchura sobre llantas de 15 pulgadas— cuentan con unas muy buenas distancias de frenado. Ligeramente mejor en el caso del Focus, capaz de bajar de los 80 metros cuando se circula a 140 km/h. En cualquier caso, aseguran potencia, tacto y cierta resistencia al desfallecimiento, aunque, si nos encontramos bajando un puerto a tope de carga y abusamos en exceso, el pedal refleja rápidamente síntomas de fatiga.

Como ya mencionamos anteriormente, el precio juega un papel importante entre estos dos modelos. Así, igualando al máximo el equipamiento de uno y otro, nos encontramos con que por unas cantidades similares podemos elegir entre el Golf Variant con motor 1.6 de 100 CV o el Focus 2.0 16V de 130. Más favorecido aún sale el Focus si igualamos potencias en lugar de precios. La versión con motor también 1.6 —que en este caso es multiválvula— e idéntica potencia supone una diferencia frente al Golf de nada menos que medio millón de pesetas. Pero incluso eligiendo las opciones que en estas páginas enfrentamos, la diferencia de precio sigue jugando a favor del Focus 2.0. Su mayor cilindrada se adapta mejor a las condiciones de uso para las que han sido diseñados este tipo de vehículos. Porque, si bien circulando sólo el conductor se pueden mantener ritmos elevados con cierta facilidad tanto en uno como en otro, cuando nos desplazamos con cuatro personas a bordo y su correspondiente equipaje, el motor del Focus sigue proporcionando la fuerza necesaria a través de sus mejores valores de par para desplazar con mayor facilidad el peso extra que suponen los pasajeros y la carga. En esta situación, el ritmo de viaje que se puede mantener con el Focus es superior al del Golf y, sobre todo, no necesita «tirar» del cambio con tanta frecuencia como en éste. Todo ello repercute lógicamente a la hora de valorar el consumo. Porque, si bien a velocidades constantes no existen demasiadas diferencias entre uno y otro —a pesar de la diferencia de cilindrada y potencia—, cuando se trata de una conducción «normal» por carreteras con tráfico, subidas y bajadas y a plena carga, la necesidad imperiosa de recurrir constantemente al cambio en el Golf le lleva a éste a ofrecer unos valores algo superiores a los del Focus, que no necesita apurar el motor hasta su límite para seguir el ritmo del Golf. En cualquier caso, en las calificaciones hemos dado un tres a cada modelo en el apartado de prestaciones, pues el Golf Variant no se merece menos, si consideramos aisladamente que es un 1.6 de sólo 100 CV, mientras que el Focus tampoco merece más para ser un 2.0 de 130 CV, aunque en buena lógica existe una diferencia de prestaciones entre uno y otro que podría equivaler a un punto en nuestras valoraciones habituales.

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