Citroën C5 2.0 HPI Exclusive / Toyota Avensis 2.0 D4 Sol

El éxito obtenido por la inyección directa en los motores Diesel y la búsqueda de caminos para obtener un bajo consumo y menores emisiones, anima a los fabricantes a usarla en las mecánicas de gasolina. El Citroën C5 HPI y Toyota Avensis D4 usan esta técnica aunque con dispares resultados.
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Citroën C5 2.0 HPI Exclusive / Toyota Avensis 2.0 D4 Sol
Citroën C5 2.0 HPI Exclusive / Toyota Avensis 2.0 D4 Sol

El comportamiento sí está altura de lo que cabe esperar en ambos. La suspensión Hidractiva III del Citroën es un prodigio tanto en lo que se refiere a comodidad como en cuanto a eficacia. La capacidad de absorción es increíble y las irregularidades del terreno no se transmiten al habitáculo. Sobre firme muy irregular el C5 tan sólo muestra unos suaves movimientos ondulantes que aislan a los pasajeros casi por completo. Este confort no presenta ninguna contrapartida en lo que se refiere a comportamiento ya que el sistema también se encarga de sujetar con firmeza la carrocería en los apoyos transmitiendo una alta sensación de seguridad. El Toyota, con una suspensión más tradicional, no alcanza la comodidad de su rival pero el grado obtenido en este aspecto es más que aceptable. Bien equilibradas, las suspensiones del Avensis, cumplen con eficacia su función y tan sólo cabe reprocharle un bastidor cuyo tren trasero resulta muy sensible a los cambios de carga y que muestra una clara tendencia a insinuarse al levantar el pie en apoyo. Este efecto, no demasiado deseable para una conducción burguesa o turística, está controlado por el control de estabilidad que equipa de serie por lo que tampoco vale la pena insistir en este punto.

El confort y el refinamiento están mejor conseguidos en el caso del Citroën, mientras que el Toyota ofrece unas cualidades dinámicas superiores, tanto en lo que se refiere a prestaciones como a consumos.

El comportamiento sí está altura de lo que cabe esperar en ambos. La suspensión Hidractiva III del Citroën es un prodigio tanto en lo que se refiere a comodidad como en cuanto a eficacia. La capacidad de absorción es increíble y las irregularidades del terreno no se transmiten al habitáculo. Sobre firme muy irregular el C5 tan sólo muestra unos suaves movimientos ondulantes que aislan a los pasajeros casi por completo. Este confort no presenta ninguna contrapartida en lo que se refiere a comportamiento ya que el sistema también se encarga de sujetar con firmeza la carrocería en los apoyos transmitiendo una alta sensación de seguridad. El Toyota, con una suspensión más tradicional, no alcanza la comodidad de su rival pero el grado obtenido en este aspecto es más que aceptable. Bien equilibradas, las suspensiones del Avensis, cumplen con eficacia su función y tan sólo cabe reprocharle un bastidor cuyo tren trasero resulta muy sensible a los cambios de carga y que muestra una clara tendencia a insinuarse al levantar el pie en apoyo. Este efecto, no demasiado deseable para una conducción burguesa o turística, está controlado por el control de estabilidad que equipa de serie por lo que tampoco vale la pena insistir en este punto.

El confort y el refinamiento están mejor conseguidos en el caso del Citroën, mientras que el Toyota ofrece unas cualidades dinámicas superiores, tanto en lo que se refiere a prestaciones como a consumos.

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