Porsche 911 Turbo Coupé

El nacimiento de la quinta generación Turbo del Porsche 911 no sólo es una recreación de la más pura tradición de la marca de Sttutgart, representa un serio desafío a sus competidores en todos los frentes. Sus impresionantes prestaciones sitúan el listón en el lugar más alto entre sus rivales de similar precio.
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Porsche 911 Turbo Coupé
Porsche 911 Turbo Coupé

Una vez descubiertos sus encantos, nos disponemos a ver cómo es capaz de mostrarlos en condiciones más reales. Las cuatro ruedas motrices son un aliado inestimable. La variación del reparto del par al eje delantero gestionada por el embrague de discos y que oscila entre el 5 y el 40 por ciento, unida al peso que la transmisión suma en el eje delantero, hacen que el tacto de la dirección sea más contundente que en las versiones de dos ruedas motrices. Tras varios tímidos intentos nos decimos a «bajar el pie derecho», antes de que el coche haya terminado el viraje.

Los «pegajosos» Pirelli P Zero tampoco son capaces de evitar la pérdida de tracción en este caso, pero con un leve deslizamiento del tren posterior salimos catapultados hacia adelante y otra vez se nos acumula el trabajo; primero para subir marchas y un instante después, para bajarlas mientras sentimos la sensación de que es la curva la que se acerca a nosotros en lugar de ir nosostros hacia ella. Lo cierto es que el tramo elegido no tiene tantas curvas, aunque desde dentro del coche es como si lo hubiera diseñado alguien en pleno ataque de epilepsia. Las rectas sencillamente no existen y apenas transcurridos 15 minutos nuestro aspecto es lamentable. Las pulsaciones muy por encima de 100, sudorosos y con cara de despavoridos. Nos rendimos y decidimos buscar un recorrido menos exigente ¿Tal vez la vía del AVE? Por cierto, ¿los frenos? Sí, ahí están. Como siempre que se necesitan en un Porsche. Para la ocasión tan sólo han tenido que añadir algo más de espesor -34 mm- y conservar el diámetro. Para el próximo mes de octubre estarán disponibles como opción los denominados PCCB -Porsche Ceramics Composite Brakes- que consisten en unos discos cerámicos, también perforados y ventilados, y cuya principal ventaja está en ahorrar 20 kg en masas no suspendidas. Además, su coeficiente de fricción es más estable y más independiente de la temperatura, lo que proporcionará una capacidad de frenado aún mayor. Por último, las pruebas previas han demostrado una vida útil de 300.000 km para los discos y permiten que las pastillas duren aproximadamente el doble que con el sistema convencional. No sé si habremos sido capaces de transmitirles las sensaciones experimentadas durante la prueba. Han sido tantas y tan intensas que quizás han salido de una manera atropellada. Lo cierto es que, volviendo a una exposición más ortodoxa, los resultados de este coche son excepcionales.

El comportamiento está muy mejorado. Ha ganado aplomo, ha perdido un poco de confort -sobre todo por la falta de sujeción lateral de los asientos- y su potencia y configuración le hacen parecer algo completamente distinto, incluso para los familiarizados con un nueveonce. Ahora estamos en condiciones de corroborar lo que afirman de él sus responsables: "Es el mejor Porsche 911 jamás fabricado".

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