Chrysler Neon 1.6 LE / Hyundai Elantra 1.6 GLS / Renault Mégane 1.6 Classic

Berlinas medias y compactos con tres volúmenes comienzan a confundirse. Con menos pujanza que antes siguen llegando nuevos representantes de todo el mundo, con nuevas mecánicas, más económicas y a unos precios bastante interesantes.
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Chrysler Neon 1.6 LE / Hyundai Elantra 1.6 GLS / Renault Mégane 1.6 Classic
Chrysler Neon 1.6 LE / Hyundai Elantra 1.6 GLS / Renault Mégane 1.6 Classic

El segmento de las berlinas medias representa una destacable porción de las ventas de turismos en el mercado europeo y de forma especial para el español. Ningún fabricante generalista que se precie puede permanecer ajeno a este importante sector, donde las motorizaciones Diesel son cada vez más numerosas, pero también resultan importantes las mecánicas de gasolina de 1,6 litros, escalón de acceso a la gama para la mayoría de las marcas.

Chrysler, el fabricante norteamericano con mayor peso en las exportaciones a Europa, ha sido consciente de la importancia de acercar su producto a los gustos y prioridades de este mercado, y lo ha hecho precisamente con el Neon 1.6, el producto que más se aproxima a las necesidades de una gran mayoría. Se trata del motor de cilindrada más baja que haya realizado jamás la marca norteamericana, fabricado en Brasil, desarrollado conjuntamente con BMW y que también monta el nuevo Mini.

Dadas las características del nuevo propulsor, fabricado con reciente tecnología, bastante ligero, poco contaminante y de elevado rendimiento, casi pone en aprietos a la versión de dos litros del Neon, algo más potente, poco relevante en las prestaciones y con unos consumos más acusados. Eso sí, a igualdad de equipamiento apenas hay diferencia de precio entre ellas, por lo que la versión de más cilindrada quedará casi reservada en exclusiva para las variantes con caja de cambios automática.

Frente a este recién llegado, Hyundai ha dado un gran salto adelante en su última entrega y Renault representa todo un clásico en el mercado. El Neon se desmarca con una estética muy diferente a lo que estamos acostumbrados, con líneas redondeadas y aspecto desenfadado; el coreano mezcla rasgos modernos con formas convencionales y el europeo apuesta por las formas clásicas. También los interiores son muy diferentes entre sí: el Neon opta por la sencillez, quizá llevada hasta límites extremos, pues prescinde de iluminación en algunos de los mandos y los materiales plásticos empleados en salpicadero, paneles de puertas o consola central son bastante rígidos, lo que facilita la transmisión de ruido y vibraciones. Aunque ofrece unas cotas de habitabilidad en consonancia con las dimensiones exteriores y la mayor batalla de los tres, ni llega a ofrecer la amplitud del coreano ni la capacidad de maletero del Mégane, realmente extraordinaria.

Sus plazas posteriores gozan de bastante espacio para las piernas de los ocupantes, fruto de una larga distancia entre ejes, pero la altura disponible en ellas y la proximidad de la cabeza con la luna posterior produce cierta sensación de claustrofobia. Tampoco la postura de conducción llega a ser del todo correcta, con unos asientos que proporcionan escasa sujeción lateral y un volante de grandes dimensiones, cuyo diseño sugiere estar montado boca abajo. Además, el equipamiento tiene algunas lagunas importantes, como los airbags laterales -no disponibles- o el ABS opcional, que trae consigo los discos de freno posteriores y el sistema de control de tracción por un importe de 158.000 pesetas, lo que eleva la factura final a casi 2,8 millones de pesetas, cifra exagerada en relación a sus competidores.

El Elantra, con un diseño más cercano al estilo japonés, pero visualmente poco llamativo, se centra en ofrecer un equipo de serie que no se olvida de detalles como el climatizador automático, elevalunas eléctricos para las plazas traseras, alarma antirrobo o un sencillo ordenador de viaje, aunque también se deja los airbags laterales fuera de la lista de opciones, reservada sólo a la pintura metalizada. Dispone de un interior amplio -el mayor de los tres-, con multitud de espacios para depositar objetos, asientos cómodos y buen tacto en general de todos los mandos. Como hemos visto ya en anteriores ocasiones, el Mégane es el más barroco de los tres, con un interior muy particular, menos funcional, pues dispone de pocos huecos, pero muy bien equipado. De hecho es el único que cuenta con airbags laterales, llantas de aleación, equipo de sonido con mandos en el volante, bloqueo automático de puertas e indicador de nivel de aceite entre su dotación de serie. No obstante, ya deja sentir el paso de los años en su interior con un volante sólo regulable en altura, que queda en una posición poco vertical, unos asientos blandos situados en una posición muy elevada y una instrumentación de diseño un tanto triste.

El segmento de las berlinas medias representa una destacable porción de las ventas de turismos en el mercado europeo y de forma especial para el español. Ningún fabricante generalista que se precie puede permanecer ajeno a este importante sector, donde las motorizaciones Diesel son cada vez más numerosas, pero también resultan importantes las mecánicas de gasolina de 1,6 litros, escalón de acceso a la gama para la mayoría de las marcas.

Chrysler, el fabricante norteamericano con mayor peso en las exportaciones a Europa, ha sido consciente de la importancia de acercar su producto a los gustos y prioridades de este mercado, y lo ha hecho precisamente con el Neon 1.6, el producto que más se aproxima a las necesidades de una gran mayoría. Se trata del motor de cilindrada más baja que haya realizado jamás la marca norteamericana, fabricado en Brasil, desarrollado conjuntamente con BMW y que también monta el nuevo Mini.

Dadas las características del nuevo propulsor, fabricado con reciente tecnología, bastante ligero, poco contaminante y de elevado rendimiento, casi pone en aprietos a la versión de dos litros del Neon, algo más potente, poco relevante en las prestaciones y con unos consumos más acusados. Eso sí, a igualdad de equipamiento apenas hay diferencia de precio entre ellas, por lo que la versión de más cilindrada quedará casi reservada en exclusiva para las variantes con caja de cambios automática.

Frente a este recién llegado, Hyundai ha dado un gran salto adelante en su última entrega y Renault representa todo un clásico en el mercado. El Neon se desmarca con una estética muy diferente a lo que estamos acostumbrados, con líneas redondeadas y aspecto desenfadado; el coreano mezcla rasgos modernos con formas convencionales y el europeo apuesta por las formas clásicas. También los interiores son muy diferentes entre sí: el Neon opta por la sencillez, quizá llevada hasta límites extremos, pues prescinde de iluminación en algunos de los mandos y los materiales plásticos empleados en salpicadero, paneles de puertas o consola central son bastante rígidos, lo que facilita la transmisión de ruido y vibraciones. Aunque ofrece unas cotas de habitabilidad en consonancia con las dimensiones exteriores y la mayor batalla de los tres, ni llega a ofrecer la amplitud del coreano ni la capacidad de maletero del Mégane, realmente extraordinaria.

Sus plazas posteriores gozan de bastante espacio para las piernas de los ocupantes, fruto de una larga distancia entre ejes, pero la altura disponible en ellas y la proximidad de la cabeza con la luna posterior produce cierta sensación de claustrofobia. Tampoco la postura de conducción llega a ser del todo correcta, con unos asientos que proporcionan escasa sujeción lateral y un volante de grandes dimensiones, cuyo diseño sugiere estar montado boca abajo. Además, el equipamiento tiene algunas lagunas importantes, como los airbags laterales -no disponibles- o el ABS opcional, que trae consigo los discos de freno posteriores y el sistema de control de tracción por un importe de 158.000 pesetas, lo que eleva la factura final a casi 2,8 millones de pesetas, cifra exagerada en relación a sus competidores.

El Elantra, con un diseño más cercano al estilo japonés, pero visualmente poco llamativo, se centra en ofrecer un equipo de serie que no se olvida de detalles como el climatizador automático, elevalunas eléctricos para las plazas traseras, alarma antirrobo o un sencillo ordenador de viaje, aunque también se deja los airbags laterales fuera de la lista de opciones, reservada sólo a la pintura metalizada. Dispone de un interior amplio -el mayor de los tres-, con multitud de espacios para depositar objetos, asientos cómodos y buen tacto en general de todos los mandos. Como hemos visto ya en anteriores ocasiones, el Mégane es el más barroco de los tres, con un interior muy particular, menos funcional, pues dispone de pocos huecos, pero muy bien equipado. De hecho es el único que cuenta con airbags laterales, llantas de aleación, equipo de sonido con mandos en el volante, bloqueo automático de puertas e indicador de nivel de aceite entre su dotación de serie. No obstante, ya deja sentir el paso de los años en su interior con un volante sólo regulable en altura, que queda en una posición poco vertical, unos asientos blandos situados en una posición muy elevada y una instrumentación de diseño un tanto triste.

El segmento de las berlinas medias representa una destacable porción de las ventas de turismos en el mercado europeo y de forma especial para el español. Ningún fabricante generalista que se precie puede permanecer ajeno a este importante sector, donde las motorizaciones Diesel son cada vez más numerosas, pero también resultan importantes las mecánicas de gasolina de 1,6 litros, escalón de acceso a la gama para la mayoría de las marcas.

Chrysler, el fabricante norteamericano con mayor peso en las exportaciones a Europa, ha sido consciente de la importancia de acercar su producto a los gustos y prioridades de este mercado, y lo ha hecho precisamente con el Neon 1.6, el producto que más se aproxima a las necesidades de una gran mayoría. Se trata del motor de cilindrada más baja que haya realizado jamás la marca norteamericana, fabricado en Brasil, desarrollado conjuntamente con BMW y que también monta el nuevo Mini.

Dadas las características del nuevo propulsor, fabricado con reciente tecnología, bastante ligero, poco contaminante y de elevado rendimiento, casi pone en aprietos a la versión de dos litros del Neon, algo más potente, poco relevante en las prestaciones y con unos consumos más acusados. Eso sí, a igualdad de equipamiento apenas hay diferencia de precio entre ellas, por lo que la versión de más cilindrada quedará casi reservada en exclusiva para las variantes con caja de cambios automática.

Frente a este recién llegado, Hyundai ha dado un gran salto adelante en su última entrega y Renault representa todo un clásico en el mercado. El Neon se desmarca con una estética muy diferente a lo que estamos acostumbrados, con líneas redondeadas y aspecto desenfadado; el coreano mezcla rasgos modernos con formas convencionales y el europeo apuesta por las formas clásicas. También los interiores son muy diferentes entre sí: el Neon opta por la sencillez, quizá llevada hasta límites extremos, pues prescinde de iluminación en algunos de los mandos y los materiales plásticos empleados en salpicadero, paneles de puertas o consola central son bastante rígidos, lo que facilita la transmisión de ruido y vibraciones. Aunque ofrece unas cotas de habitabilidad en consonancia con las dimensiones exteriores y la mayor batalla de los tres, ni llega a ofrecer la amplitud del coreano ni la capacidad de maletero del Mégane, realmente extraordinaria.

Sus plazas posteriores gozan de bastante espacio para las piernas de los ocupantes, fruto de una larga distancia entre ejes, pero la altura disponible en ellas y la proximidad de la cabeza con la luna posterior produce cierta sensación de claustrofobia. Tampoco la postura de conducción llega a ser del todo correcta, con unos asientos que proporcionan escasa sujeción lateral y un volante de grandes dimensiones, cuyo diseño sugiere estar montado boca abajo. Además, el equipamiento tiene algunas lagunas importantes, como los airbags laterales -no disponibles- o el ABS opcional, que trae consigo los discos de freno posteriores y el sistema de control de tracción por un importe de 158.000 pesetas, lo que eleva la factura final a casi 2,8 millones de pesetas, cifra exagerada en relación a sus competidores.

El Elantra, con un diseño más cercano al estilo japonés, pero visualmente poco llamativo, se centra en ofrecer un equipo de serie que no se olvida de detalles como el climatizador automático, elevalunas eléctricos para las plazas traseras, alarma antirrobo o un sencillo ordenador de viaje, aunque también se deja los airbags laterales fuera de la lista de opciones, reservada sólo a la pintura metalizada. Dispone de un interior amplio -el mayor de los tres-, con multitud de espacios para depositar objetos, asientos cómodos y buen tacto en general de todos los mandos. Como hemos visto ya en anteriores ocasiones, el Mégane es el más barroco de los tres, con un interior muy particular, menos funcional, pues dispone de pocos huecos, pero muy bien equipado. De hecho es el único que cuenta con airbags laterales, llantas de aleación, equipo de sonido con mandos en el volante, bloqueo automático de puertas e indicador de nivel de aceite entre su dotación de serie. No obstante, ya deja sentir el paso de los años en su interior con un volante sólo regulable en altura, que queda en una posición poco vertical, unos asientos blandos situados en una posición muy elevada y una instrumentación de diseño un tanto triste.

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