Peugeot 307 1.6 XT / Peugeot 307 2.0 XT Cuero

Al igualar el equipamiento en lo posible existen 345.000 pesetas y 28 CV entre los motores 1.6 y 2.0 del Peugeot 307. La cuestión que se nos plantea es si merece la pena pagar por las mejores prestaciones y respuesta del dos litros o si el 1.6 es suficiente.
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Peugeot 307 1.6 XT / Peugeot 307 2.0 XT Cuero
Peugeot 307 1.6 XT / Peugeot 307 2.0 XT Cuero

En el comportamiento los dos coinciden, aunque existen diferencias de matiz debido a diferentes tarados de amortiguador y a la mayor dimensión de las ruedas del 2.0. Sin embargo están cortados por el mismo patrón.

Por vías rápidas gozan de un aplomo inusual en la categoría. De lo mejor del segmento en este sentido y posiblemente el mejor a la hora de absorber las múltiples irregularidades del asfalto, como juntas de dilatación o pequeños badenes. Ni siquiera los más grandes —de esos que están señalizados— perturban la trayectoria. Los absorbe con dulzura y comodidad para volverse a estabilizar. La dirección responde de igual manera. Se siente en todo momento lo que está pasando y se muestra muy precisa. En cualquiera de las dos versiones disponemos de mucha información, un guiado magnífico y gran sensación de dominio y seguridad.

En carretera virada ha perdido gran parte de la agilidad del 306, pero también han desaparecido los movimientos nerviosos, y a veces bruscos, cuando se levantaba el pie del acelerador en apoyo. Muy al límite todavía pueden aparecer reminiscencias de este comportamiento, pero sucede sólo en casos muy extremos, casi forzados, y, aún así, no tienen nada que ver con los del 306. Los del 307 están mucho más mitigados y resultan más controlables. Pueden ser incluso beneficiosos para corregir un subviraje, que de otra forma nos podría llevar fuera de la carretera.

Los frenos han resultado más eficaces en el dos litros, que cuenta con más rueda y con neumáticos con código de velocidad V (H en el 1.6), aunque el tacto del 1.6 no convence demasiado. En cualquier caso ambos comparten el mismo equipo y dimensiones de los frenos.

En el interior encontramos básicamente lo mismo en los dos, pero con un equipamiento más completo en la versión dos litros con tapicería de cuero. Por cierto, una tapicería que no merece la pena, no ya por los inconvenientes de este material, sino porque el tacto no proporciona una sensación especialmente agradable. Nos quedamos con la de tela, que resulta más acogedora.

Con independencia de las diferencias entre uno y otro por razón del equipamiento, los dos gozan de una calidad de materiales muy superior a la del 306 y bastante buena con relación a sus rivales, aunque se aprecian ciertos fallos de acabado en algunas zonas. No está muy conseguida la parte más alejada del salpicadero, ni la pantalla central —que se quita con facilidad—, ni el portagafas del techo, que tiene un tacto frágil. Son pequeños fallos de inicio de producción que se subsanarán en breve si no están solucionados ya.

La habitabilidad es la mejor del segmento con el metro en la mano, sobre todo en anchura y altura, pero además esa amplitud se siente subjetivamente por el espacio que otorga la altura del techo y la situación adelantada del final del parabrisas. Cierto es que, para el tamaño exterior de 4,20 m, podría ser incluso mejor en espacio para las piernas, pero es un aspecto en el que nadie se puede quejar. Resulta agradable y amplio.

Tanto el 1.6 como el 2.0 comparten muchas virtudes y algunos pequeños defectos, y se distinguen en el precio y las prestaciones. El 1.6 es suficiente en la mayoría de los casos, porque se mueve con bastante soltura. Pero si alguien quiere más, el dos litros, sin ser espectacular, es claramente más rápido.

En el comportamiento los dos coinciden, aunque existen diferencias de matiz debido a diferentes tarados de amortiguador y a la mayor dimensión de las ruedas del 2.0. Sin embargo están cortados por el mismo patrón.

Por vías rápidas gozan de un aplomo inusual en la categoría. De lo mejor del segmento en este sentido y posiblemente el mejor a la hora de absorber las múltiples irregularidades del asfalto, como juntas de dilatación o pequeños badenes. Ni siquiera los más grandes —de esos que están señalizados— perturban la trayectoria. Los absorbe con dulzura y comodidad para volverse a estabilizar. La dirección responde de igual manera. Se siente en todo momento lo que está pasando y se muestra muy precisa. En cualquiera de las dos versiones disponemos de mucha información, un guiado magnífico y gran sensación de dominio y seguridad.

En carretera virada ha perdido gran parte de la agilidad del 306, pero también han desaparecido los movimientos nerviosos, y a veces bruscos, cuando se levantaba el pie del acelerador en apoyo. Muy al límite todavía pueden aparecer reminiscencias de este comportamiento, pero sucede sólo en casos muy extremos, casi forzados, y, aún así, no tienen nada que ver con los del 306. Los del 307 están mucho más mitigados y resultan más controlables. Pueden ser incluso beneficiosos para corregir un subviraje, que de otra forma nos podría llevar fuera de la carretera.

Los frenos han resultado más eficaces en el dos litros, que cuenta con más rueda y con neumáticos con código de velocidad V (H en el 1.6), aunque el tacto del 1.6 no convence demasiado. En cualquier caso ambos comparten el mismo equipo y dimensiones de los frenos.

En el interior encontramos básicamente lo mismo en los dos, pero con un equipamiento más completo en la versión dos litros con tapicería de cuero. Por cierto, una tapicería que no merece la pena, no ya por los inconvenientes de este material, sino porque el tacto no proporciona una sensación especialmente agradable. Nos quedamos con la de tela, que resulta más acogedora.

Con independencia de las diferencias entre uno y otro por razón del equipamiento, los dos gozan de una calidad de materiales muy superior a la del 306 y bastante buena con relación a sus rivales, aunque se aprecian ciertos fallos de acabado en algunas zonas. No está muy conseguida la parte más alejada del salpicadero, ni la pantalla central —que se quita con facilidad—, ni el portagafas del techo, que tiene un tacto frágil. Son pequeños fallos de inicio de producción que se subsanarán en breve si no están solucionados ya.

La habitabilidad es la mejor del segmento con el metro en la mano, sobre todo en anchura y altura, pero además esa amplitud se siente subjetivamente por el espacio que otorga la altura del techo y la situación adelantada del final del parabrisas. Cierto es que, para el tamaño exterior de 4,20 m, podría ser incluso mejor en espacio para las piernas, pero es un aspecto en el que nadie se puede quejar. Resulta agradable y amplio.

Tanto el 1.6 como el 2.0 comparten muchas virtudes y algunos pequeños defectos, y se distinguen en el precio y las prestaciones. El 1.6 es suficiente en la mayoría de los casos, porque se mueve con bastante soltura. Pero si alguien quiere más, el dos litros, sin ser espectacular, es claramente más rápido.

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