Peugeot 307 1.6 XT / Peugeot 307 2.0 XT Cuero

Al igualar el equipamiento en lo posible existen 345.000 pesetas y 28 CV entre los motores 1.6 y 2.0 del Peugeot 307. La cuestión que se nos plantea es si merece la pena pagar por las mejores prestaciones y respuesta del dos litros o si el 1.6 es suficiente.
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Peugeot 307 1.6 XT / Peugeot 307 2.0 XT Cuero
Peugeot 307 1.6 XT / Peugeot 307 2.0 XT Cuero

La igualdad de equipamiento no es posible totalmente. Los dos disponen de acabado XT, pero nuestro dos litros venía equipado con un nivel superior denominado XT Cuero. Evidentemente cuenta con tapicería de este material, pero además se complementa con una serie de elementos añadidos, como radio con cargador frontal de cinco discos, volante, pomo y fuelle de la palanca de cambios de cuero, encendido automático de las luces de cruce, lavafaros y apoyabrazos central trasero. Todo este equipamiento cuesta 330.000 pesetas, lo que supone un precio global razonable, pero un incremento importante en términos absolutos, porque el precio del dos litros con este equipamiento se dispara hasta 3.465.000 pesetas, es decir 750.000 pesetas más que la versión 1.6.

Pero aunque contase sólo con acabado XT, todavía quedaría por equilibrar las llantas de aleación, que son de serie en el dos litros y opcionales en el 1.6. La opción cuesta 75.000 pesetas, pero son de 15 pulgadas en lugar de 16" como en el 2.0. Esa es la única diferencia. Por tanto igualando el equipamiento en lo posible el salto de precio sería de 345.000 pesetas que es lo achacable al motor. Esta es la cantidad que hay que manejar para saber si compensa el dos litros.

Ambos coches se mueven dentro de lo esperable para el nivel de potencia que tiene cada uno y comparados con sus rivales. Ninguno de ellos es el mejor del segmento en cuanto a prestaciones, pero están en la mitad de una hipotética tabla.

Evidentemente si los comparamos entre ellos el dos litros supera con claridad al 1.6 en nuestras mediciones. En aceleración realiza el 0-100 km/h y los 1.000 metros en 2,3 segundos menos que el 1.6. En adelantamientos, el 80-120 km/h en quinta el dos litros lo cubre 4,3 segundos más rápido y en cuarta en 1,8 s. Recupera mejor, pero también consume más, algo en lo que no destaca ninguno de los dos, debido en buena parte a un peso elevado de 1.244 kg en el caso del 1.6 y 1.276 kg en el dos litros.

Ese peso también se nota en la respuesta. En el caso del motor más pequeño, se aprecia cierta falta de fuerza a bajo y medio régimen, pero si se aprovecha bien, moviendo el cambio y circulando por encima de 4.000 rpm, se le puede sacar mucho partido y realizar cruceros elevados. Para ello hay que vencer la pereza y utilizar la cuarta para recuperar la velocidad en vías rápidas y en repechos. El cambio no tiene un tacto agradable ya que resulta duro e impreciso, incluso puede rascar cuando se quiere manejar con rapidez. Pero utilizándolo sin reparos permite cruceros elevados, superiores a 160 km/h, lo que significa ir más rápido que la mayoría del tráfico. Puede parecer menos porque el error del velocímetro es mínimo en ambas versiones, de un 2,5 por ciento en el 1.6 y de un 1,5 por ciento en el dos litros. Pero la sensación subjetiva es de viajar con soltura, pero siempre acudiendo al cambio, ya sea por autopista como por carretera convencional. El problema es que el motor resulta ruidoso por encima de 4.000 vueltas, con lo que por un lado se obtiene la respuesta buscada y por otro se paga en sonoridad.

El dos litros permite algo menos de atención y un manejo del cambio más relajado, ya que su motor se muestra más lleno a bajo y medio régimen. Su mejor zona sigue siendo la parte alta, pero al menos cuando cae de vueltas tiene una reserva de fuerza mayor. Sin embargo proporcionalmente se espera más del dos litros. No hay en ningún momento una respuesta contundente y gratificante. Resulta progresivo pero no prestacional, y deportivo mucho menos. Como en el caso del 1.6, el ruido de la mecánica llega al interior cuando se sube de vueltas.

La caja de cambios es diferente a la del 1.6 y se maneja mucho mejor, mostrándose más dócil, suave y precisa.

El dos litros permite algo menos de atención y un manejo del cambio más relajado, ya que su motor se muestra más lleno a bajo y medio régimen. Su mejor zona sigue siendo la parte alta, pero al menos cuando cae de vueltas tiene una reserva de fuerza mayor. Sin embargo proporcionalmente se espera más del dos litros. No hay en ningún momento una respuesta contundente y gratificante. Resulta progresivo pero no prestacional, y deportivo mucho menos. Como en el caso del 1.6, el ruido de la mecánica llega al interior cuando se sube de vueltas.

La igualdad de equipamiento no es posible totalmente. Los dos disponen de acabado XT, pero nuestro dos litros venía equipado con un nivel superior denominado XT Cuero. Evidentemente cuenta con tapicería de este material, pero además se complementa con una serie de elementos añadidos, como radio con cargador frontal de cinco discos, volante, pomo y fuelle de la palanca de cambios de cuero, encendido automático de las luces de cruce, lavafaros y apoyabrazos central trasero. Todo este equipamiento cuesta 330.000 pesetas, lo que supone un precio global razonable, pero un incremento importante en términos absolutos, porque el precio del dos litros con este equipamiento se dispara hasta 3.465.000 pesetas, es decir 750.000 pesetas más que la versión 1.6.

Pero aunque contase sólo con acabado XT, todavía quedaría por equilibrar las llantas de aleación, que son de serie en el dos litros y opcionales en el 1.6. La opción cuesta 75.000 pesetas, pero son de 15 pulgadas en lugar de 16" como en el 2.0. Esa es la única diferencia. Por tanto igualando el equipamiento en lo posible el salto de precio sería de 345.000 pesetas que es lo achacable al motor. Esta es la cantidad que hay que manejar para saber si compensa el dos litros.

Ambos coches se mueven dentro de lo esperable para el nivel de potencia que tiene cada uno y comparados con sus rivales. Ninguno de ellos es el mejor del segmento en cuanto a prestaciones, pero están en la mitad de una hipotética tabla.

Evidentemente si los comparamos entre ellos el dos litros supera con claridad al 1.6 en nuestras mediciones. En aceleración realiza el 0-100 km/h y los 1.000 metros en 2,3 segundos menos que el 1.6. En adelantamientos, el 80-120 km/h en quinta el dos litros lo cubre 4,3 segundos más rápido y en cuarta en 1,8 s. Recupera mejor, pero también consume más, algo en lo que no destaca ninguno de los dos, debido en buena parte a un peso elevado de 1.244 kg en el caso del 1.6 y 1.276 kg en el dos litros.

Ese peso también se nota en la respuesta. En el caso del motor más pequeño, se aprecia cierta falta de fuerza a bajo y medio régimen, pero si se aprovecha bien, moviendo el cambio y circulando por encima de 4.000 rpm, se le puede sacar mucho partido y realizar cruceros elevados. Para ello hay que vencer la pereza y utilizar la cuarta para recuperar la velocidad en vías rápidas y en repechos. El cambio no tiene un tacto agradable ya que resulta duro e impreciso, incluso puede rascar cuando se quiere manejar con rapidez. Pero utilizándolo sin reparos permite cruceros elevados, superiores a 160 km/h, lo que significa ir más rápido que la mayoría del tráfico. Puede parecer menos porque el error del velocímetro es mínimo en ambas versiones, de un 2,5 por ciento en el 1.6 y de un 1,5 por ciento en el dos litros. Pero la sensación subjetiva es de viajar con soltura, pero siempre acudiendo al cambio, ya sea por autopista como por carretera convencional. El problema es que el motor resulta ruidoso por encima de 4.000 vueltas, con lo que por un lado se obtiene la respuesta buscada y por otro se paga en sonoridad.

El dos litros permite algo menos de atención y un manejo del cambio más relajado, ya que su motor se muestra más lleno a bajo y medio régimen. Su mejor zona sigue siendo la parte alta, pero al menos cuando cae de vueltas tiene una reserva de fuerza mayor. Sin embargo proporcionalmente se espera más del dos litros. No hay en ningún momento una respuesta contundente y gratificante. Resulta progresivo pero no prestacional, y deportivo mucho menos. Como en el caso del 1.6, el ruido de la mecánica llega al interior cuando se sube de vueltas.

La caja de cambios es diferente a la del 1.6 y se maneja mucho mejor, mostrándose más dócil, suave y precisa.

El dos litros permite algo menos de atención y un manejo del cambio más relajado, ya que su motor se muestra más lleno a bajo y medio régimen. Su mejor zona sigue siendo la parte alta, pero al menos cuando cae de vueltas tiene una reserva de fuerza mayor. Sin embargo proporcionalmente se espera más del dos litros. No hay en ningún momento una respuesta contundente y gratificante. Resulta progresivo pero no prestacional, y deportivo mucho menos. Como en el caso del 1.6, el ruido de la mecánica llega al interior cuando se sube de vueltas.

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