Opel Corsa 1.7 DTI Elegance / Peugeot 206 1.4 HDI XT / Toyota Yaris 1.4 D4-D Luna

Por tamaño, mecánica y concepto son los coches urbanos ideales. Pero gracias a sus voluntariosos y económicos motores con ellos también se pueden afrontar trayectos largos con comodidad.
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Opel Corsa 1.7 DTI Elegance / Peugeot 206 1.4 HDI XT / Toyota Yaris 1.4 D4-D Luna
Opel Corsa 1.7 DTI Elegance / Peugeot 206 1.4 HDI XT / Toyota Yaris 1.4 D4-D Luna

Esta impresión no se traslada al comportamiento dinámico, pues el Peugeot tiene una precisa inscripción en curva y una rodadura muy suave y fina, no tan silenciosa como la de sus rivales, pero sí muy cómoda. Las suspensiones son bastante blandas y digieren bien las ondulaciones del firme en mal estado sin transmitir al habitáculo movimientos desagradables. El tren posterior se muestra bastante sensible a las transferencias de masas y en cuanto se levanta un poco el pie del acelerador en apoyo en curva, la zaga tiende a insinuarse con facilidad. No se produce con violencia, pero el efecto direccional del eje trasero puede producir alguna subida de adrenalina a los conductores menos expertos. Recomendable, muy recomendable, es la opción del ABS, pues las frenadas se alargan considerablemente —94,7 metros desde 140 km/h— con bastante tendencia a bloquear las ruedas delanteras sin la ayuda de este dispositivo.

El Yaris presenta también una rodadura muy suave y deja constancia de su menor distancia entre ejes al abordar virajes muy cerrados. Algo más torpe en la entrada en curva, salva la situación a base de gas —el motor se encuentra predispuesto a entregar potencia a cualquier régimen— lo que le permite salir airoso en la mayoría de las situaciones. Sin embargo, hay que calcular bien la velocidad de entrada en curva: un exceso de frenada descompone la trayectoria, incluso cuando interviene el ABS.

Por su parte, el Corsa resulta muy equilibrado, con suspensiones de tarado más firme. Su mayor peso y batalla se traducen en un aplomo superior al de sus rivales, llegando a dar la sensación de ser un coche de categoría superior. Pero, aunque no transmite la agilidad de sus rivales resulta muy fácil de conducir cuando nos familiarizamos con la dirección, de asistencia eléctrica, que presenta un ligero desfase entre el giro del volante y el de las ruedas. Su generoso calzado y la geometría de las suspensiones le permiten un paso por curva rápido y exento de emociones: el tren trasero se muestra imperturbable ante una repentina deceleración en pleno apoyo.

Aunque las cifras de potencia oficiales de los tres modelos se encuentran muy cercanas entre sí, la diferencia de peso inclina la balanza hacia el Yaris. Éste, con sólo 975 kilos de tara, se desmarca de sus rivales con más prestaciones, sobre todo en adelantamiento, en los que fulmina a sus rivales. Su propulsor ofrece un funcionamiento muy progresivo, similar a uno de gasolina de equivalente cilindrada.

También las cifras de consumo son muy favorables al pequeño japonés, que ahorra medio litro de gasóleo de media por cada 100 kilómetros respecto al Corsa, segundo clasificado. Los consumos del Peugeot, sin ser preocupantes, han quedado bastante lejos de las cifras anunciadas por el fabricante. Destaca de forma especial la potencia que entrega el HDI a bajo régimen, aunque se "acaba" antes que el DTI del Corsa, que muestra su condición multiválvula aún por encima de las 4.300 rpm.

Dado que las versiones probadas son todas tope de gama, existen apreciables diferencias entre ellos. Mientras el Corsa incluye ABS, airbags laterales o aire acondicionado como equipo de serie, en los otros dos hay que pagarlo aparte. Pero si incluimos opciones para obtener un equipamiento similar, las diferencias de precio apenas superan los tres centenares de euros.

Esta impresión no se traslada al comportamiento dinámico, pues el Peugeot tiene una precisa inscripción en curva y una rodadura muy suave y fina, no tan silenciosa como la de sus rivales, pero sí muy cómoda. Las suspensiones son bastante blandas y digieren bien las ondulaciones del firme en mal estado sin transmitir al habitáculo movimientos desagradables. El tren posterior se muestra bastante sensible a las transferencias de masas y en cuanto se levanta un poco el pie del acelerador en apoyo en curva, la zaga tiende a insinuarse con facilidad. No se produce con violencia, pero el efecto direccional del eje trasero puede producir alguna subida de adrenalina a los conductores menos expertos. Recomendable, muy recomendable, es la opción del ABS, pues las frenadas se alargan considerablemente —94,7 metros desde 140 km/h— con bastante tendencia a bloquear las ruedas delanteras sin la ayuda de este dispositivo.

El Yaris presenta también una rodadura muy suave y deja constancia de su menor distancia entre ejes al abordar virajes muy cerrados. Algo más torpe en la entrada en curva, salva la situación a base de gas —el motor se encuentra predispuesto a entregar potencia a cualquier régimen— lo que le permite salir airoso en la mayoría de las situaciones. Sin embargo, hay que calcular bien la velocidad de entrada en curva: un exceso de frenada descompone la trayectoria, incluso cuando interviene el ABS.

Por su parte, el Corsa resulta muy equilibrado, con suspensiones de tarado más firme. Su mayor peso y batalla se traducen en un aplomo superior al de sus rivales, llegando a dar la sensación de ser un coche de categoría superior. Pero, aunque no transmite la agilidad de sus rivales resulta muy fácil de conducir cuando nos familiarizamos con la dirección, de asistencia eléctrica, que presenta un ligero desfase entre el giro del volante y el de las ruedas. Su generoso calzado y la geometría de las suspensiones le permiten un paso por curva rápido y exento de emociones: el tren trasero se muestra imperturbable ante una repentina deceleración en pleno apoyo.

Aunque las cifras de potencia oficiales de los tres modelos se encuentran muy cercanas entre sí, la diferencia de peso inclina la balanza hacia el Yaris. Éste, con sólo 975 kilos de tara, se desmarca de sus rivales con más prestaciones, sobre todo en adelantamiento, en los que fulmina a sus rivales. Su propulsor ofrece un funcionamiento muy progresivo, similar a uno de gasolina de equivalente cilindrada.

También las cifras de consumo son muy favorables al pequeño japonés, que ahorra medio litro de gasóleo de media por cada 100 kilómetros respecto al Corsa, segundo clasificado. Los consumos del Peugeot, sin ser preocupantes, han quedado bastante lejos de las cifras anunciadas por el fabricante. Destaca de forma especial la potencia que entrega el HDI a bajo régimen, aunque se "acaba" antes que el DTI del Corsa, que muestra su condición multiválvula aún por encima de las 4.300 rpm.

Dado que las versiones probadas son todas tope de gama, existen apreciables diferencias entre ellos. Mientras el Corsa incluye ABS, airbags laterales o aire acondicionado como equipo de serie, en los otros dos hay que pagarlo aparte. Pero si incluimos opciones para obtener un equipamiento similar, las diferencias de precio apenas superan los tres centenares de euros.

Esta impresión no se traslada al comportamiento dinámico, pues el Peugeot tiene una precisa inscripción en curva y una rodadura muy suave y fina, no tan silenciosa como la de sus rivales, pero sí muy cómoda. Las suspensiones son bastante blandas y digieren bien las ondulaciones del firme en mal estado sin transmitir al habitáculo movimientos desagradables. El tren posterior se muestra bastante sensible a las transferencias de masas y en cuanto se levanta un poco el pie del acelerador en apoyo en curva, la zaga tiende a insinuarse con facilidad. No se produce con violencia, pero el efecto direccional del eje trasero puede producir alguna subida de adrenalina a los conductores menos expertos. Recomendable, muy recomendable, es la opción del ABS, pues las frenadas se alargan considerablemente —94,7 metros desde 140 km/h— con bastante tendencia a bloquear las ruedas delanteras sin la ayuda de este dispositivo.

El Yaris presenta también una rodadura muy suave y deja constancia de su menor distancia entre ejes al abordar virajes muy cerrados. Algo más torpe en la entrada en curva, salva la situación a base de gas —el motor se encuentra predispuesto a entregar potencia a cualquier régimen— lo que le permite salir airoso en la mayoría de las situaciones. Sin embargo, hay que calcular bien la velocidad de entrada en curva: un exceso de frenada descompone la trayectoria, incluso cuando interviene el ABS.

Por su parte, el Corsa resulta muy equilibrado, con suspensiones de tarado más firme. Su mayor peso y batalla se traducen en un aplomo superior al de sus rivales, llegando a dar la sensación de ser un coche de categoría superior. Pero, aunque no transmite la agilidad de sus rivales resulta muy fácil de conducir cuando nos familiarizamos con la dirección, de asistencia eléctrica, que presenta un ligero desfase entre el giro del volante y el de las ruedas. Su generoso calzado y la geometría de las suspensiones le permiten un paso por curva rápido y exento de emociones: el tren trasero se muestra imperturbable ante una repentina deceleración en pleno apoyo.

Aunque las cifras de potencia oficiales de los tres modelos se encuentran muy cercanas entre sí, la diferencia de peso inclina la balanza hacia el Yaris. Éste, con sólo 975 kilos de tara, se desmarca de sus rivales con más prestaciones, sobre todo en adelantamiento, en los que fulmina a sus rivales. Su propulsor ofrece un funcionamiento muy progresivo, similar a uno de gasolina de equivalente cilindrada.

También las cifras de consumo son muy favorables al pequeño japonés, que ahorra medio litro de gasóleo de media por cada 100 kilómetros respecto al Corsa, segundo clasificado. Los consumos del Peugeot, sin ser preocupantes, han quedado bastante lejos de las cifras anunciadas por el fabricante. Destaca de forma especial la potencia que entrega el HDI a bajo régimen, aunque se "acaba" antes que el DTI del Corsa, que muestra su condición multiválvula aún por encima de las 4.300 rpm.

Dado que las versiones probadas son todas tope de gama, existen apreciables diferencias entre ellos. Mientras el Corsa incluye ABS, airbags laterales o aire acondicionado como equipo de serie, en los otros dos hay que pagarlo aparte. Pero si incluimos opciones para obtener un equipamiento similar, las diferencias de precio apenas superan los tres centenares de euros.

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