Opel Corsa 1.7 DTI / Peugeot 206 1.4 HDI / Toyota Yaris 1.4 D4-D

Por tamaño, mecánica y concepto son los coches urbanos ideales. Pero gracias a sus voluntariosos y económicos motores con ellos también se pueden afrontar trayectos largos con comodidad.
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Opel Corsa 1.7 DTI / Peugeot 206 1.4 HDI / Toyota Yaris 1.4 D4-D
Opel Corsa 1.7 DTI / Peugeot 206 1.4 HDI / Toyota Yaris 1.4 D4-D

El desembarco de nuevas mecánicas Diesel en modelos de todos los segmentos está propiciando un interesante abanico de posibilidades para los usuarios que valoran el ahorro de combustible. El desarrollo tecnológico aplicado en este tipo de mecánicas ha sido espectacular, y hoy en día casi todos los constructores disponen de algún motor de última generación —propio o adquirido— en sus gamas de vehículos.

Fruto de la colaboración entre PSA y Ford es el nuevo motor 1.4 HDI de 68 CV —así lo denomina Peugeot en su 206— y que será incorporado en breve en el nuevo Fiesta y en el Citroën C3 como punto de partida de las variantes alimentadas por gasóleo.

Por su parte, Toyota ha seguido desarrollando su experiencia en motores de gasóleo, muy extendida en el campo de los todo-terreno y vehículos industriales. Ahora, la ha trasladado al sector de los turismos con nueve posibilidades diferentes de mecánicas Diesel en el mercado europeo. El último desarrollo llevado a cabo entre los motores D4-D es el de 1,4 litros de capacidad instalado en el Yaris, que se caracteriza por su contenido peso y su elevado rendimiento mecánico.

El otro modelo que hoy nos ocupa, el Corsa DTI, también cuenta con una mecánica Diesel de inyección directa, de mayor capacidad que sus rivales, sin la alimentación por sistema de conducto único a alta presión.

Pese a encontrar notables diferencias en las cifras de cilindrada y potencia entre ellos, las diferencias de tamaño, configuración y peso hacen que las prestaciones se encuentren bastante cercanas entre los tres. Mientras el Corsa y el 206 optan por un estilo bastante clásico en su diseño de carrocería e interior, el Yaris aporta una clara tendencia monovolumen en su carrocería y en el habitáculo. Esto permite una utilización acorde con los tiempos que vivimos: asiento posterior deslizante para poder configurar las plazas posteriores y el maletero en función de las necesidades de cada momento; posición de conducción elevada, lo que favorece la visibilidad y las maniobras de aparcamiento; o un número notable de huecos, guanteras y receptáculos destinada a depositar la impedimenta necesaria para el trabajo o para los momentos de ocio. Todo ello encerrado en una moderna carrocería 20 centímetros más corta que la de sus rivales. Como inconveniente, no puede disponer de mucho espacio en las plazas traseras o en el maletero pero, sacrificando cualquiera de ellas, logra casi la misma cota para las piernas que el Corsa cuando el asiento se encuentra en su posición más retrasada, y mayor volumen de maletero que éste o el 206 cuando desplazamos el asiento hacia adelante.

El aprovechamiento del espacio en el modelo japonés está muy bien conseguido: es el más estrecho de los tres y en el que, sin embargo, se tiene una mayor sensación de amplitud. En parte, esto se ha conseguido por el diseño del salpicadero —adelantado y elevado—, realizado con materiales de aspecto sencillo, por los tonos claros de tapicería y revestimientos y por la gran cantidad de superficie acristalada. Como contrapartida, está la posición al volante —similar a la de un monovolumen— bastante vertical, en la que la rodilla derecha queda demasiado cerca del rígido salpicadero.

En el Corsa, el más amplio de todos, la postura al volante es bastante natural y cómoda, aunque los asientos no ofrecen mucha sujeción lateral y se encuentran situados en una posición bastante elevada. Sorprende el 206 por su capacidad para acoger con comodidad a ocupantes de gran talla, pues las plazas delanteras, con asientos blandos, ofrecen una generosa cota de altura. La percepción de calidad y buena terminación interior es muy superior en el Corsa, que recurre al empleo de materiales acolchados en salpicadero y paneles, mientras que los plásticos utilizados en el 206, rígidos y brillantes, no trasmiten mucha sensación de solidez y calidad.

El desembarco de nuevas mecánicas Diesel en modelos de todos los segmentos está propiciando un interesante abanico de posibilidades para los usuarios que valoran el ahorro de combustible. El desarrollo tecnológico aplicado en este tipo de mecánicas ha sido espectacular, y hoy en día casi todos los constructores disponen de algún motor de última generación —propio o adquirido— en sus gamas de vehículos.

Fruto de la colaboración entre PSA y Ford es el nuevo motor 1.4 HDI de 68 CV —así lo denomina Peugeot en su 206— y que será incorporado en breve en el nuevo Fiesta y en el Citroën C3 como punto de partida de las variantes alimentadas por gasóleo.

Por su parte, Toyota ha seguido desarrollando su experiencia en motores de gasóleo, muy extendida en el campo de los todo-terreno y vehículos industriales. Ahora, la ha trasladado al sector de los turismos con nueve posibilidades diferentes de mecánicas Diesel en el mercado europeo. El último desarrollo llevado a cabo entre los motores D4-D es el de 1,4 litros de capacidad instalado en el Yaris, que se caracteriza por su contenido peso y su elevado rendimiento mecánico.

El otro modelo que hoy nos ocupa, el Corsa DTI, también cuenta con una mecánica Diesel de inyección directa, de mayor capacidad que sus rivales, sin la alimentación por sistema de conducto único a alta presión.

Pese a encontrar notables diferencias en las cifras de cilindrada y potencia entre ellos, las diferencias de tamaño, configuración y peso hacen que las prestaciones se encuentren bastante cercanas entre los tres. Mientras el Corsa y el 206 optan por un estilo bastante clásico en su diseño de carrocería e interior, el Yaris aporta una clara tendencia monovolumen en su carrocería y en el habitáculo. Esto permite una utilización acorde con los tiempos que vivimos: asiento posterior deslizante para poder configurar las plazas posteriores y el maletero en función de las necesidades de cada momento; posición de conducción elevada, lo que favorece la visibilidad y las maniobras de aparcamiento; o un número notable de huecos, guanteras y receptáculos destinada a depositar la impedimenta necesaria para el trabajo o para los momentos de ocio. Todo ello encerrado en una moderna carrocería 20 centímetros más corta que la de sus rivales. Como inconveniente, no puede disponer de mucho espacio en las plazas traseras o en el maletero pero, sacrificando cualquiera de ellas, logra casi la misma cota para las piernas que el Corsa cuando el asiento se encuentra en su posición más retrasada, y mayor volumen de maletero que éste o el 206 cuando desplazamos el asiento hacia adelante.

El aprovechamiento del espacio en el modelo japonés está muy bien conseguido: es el más estrecho de los tres y en el que, sin embargo, se tiene una mayor sensación de amplitud. En parte, esto se ha conseguido por el diseño del salpicadero —adelantado y elevado—, realizado con materiales de aspecto sencillo, por los tonos claros de tapicería y revestimientos y por la gran cantidad de superficie acristalada. Como contrapartida, está la posición al volante —similar a la de un monovolumen— bastante vertical, en la que la rodilla derecha queda demasiado cerca del rígido salpicadero.

En el Corsa, el más amplio de todos, la postura al volante es bastante natural y cómoda, aunque los asientos no ofrecen mucha sujeción lateral y se encuentran situados en una posición bastante elevada. Sorprende el 206 por su capacidad para acoger con comodidad a ocupantes de gran talla, pues las plazas delanteras, con asientos blandos, ofrecen una generosa cota de altura. La percepción de calidad y buena terminación interior es muy superior en el Corsa, que recurre al empleo de materiales acolchados en salpicadero y paneles, mientras que los plásticos utilizados en el 206, rígidos y brillantes, no trasmiten mucha sensación de solidez y calidad.

El desembarco de nuevas mecánicas Diesel en modelos de todos los segmentos está propiciando un interesante abanico de posibilidades para los usuarios que valoran el ahorro de combustible. El desarrollo tecnológico aplicado en este tipo de mecánicas ha sido espectacular, y hoy en día casi todos los constructores disponen de algún motor de última generación —propio o adquirido— en sus gamas de vehículos.

Fruto de la colaboración entre PSA y Ford es el nuevo motor 1.4 HDI de 68 CV —así lo denomina Peugeot en su 206— y que será incorporado en breve en el nuevo Fiesta y en el Citroën C3 como punto de partida de las variantes alimentadas por gasóleo.

Por su parte, Toyota ha seguido desarrollando su experiencia en motores de gasóleo, muy extendida en el campo de los todo-terreno y vehículos industriales. Ahora, la ha trasladado al sector de los turismos con nueve posibilidades diferentes de mecánicas Diesel en el mercado europeo. El último desarrollo llevado a cabo entre los motores D4-D es el de 1,4 litros de capacidad instalado en el Yaris, que se caracteriza por su contenido peso y su elevado rendimiento mecánico.

El otro modelo que hoy nos ocupa, el Corsa DTI, también cuenta con una mecánica Diesel de inyección directa, de mayor capacidad que sus rivales, sin la alimentación por sistema de conducto único a alta presión.

Pese a encontrar notables diferencias en las cifras de cilindrada y potencia entre ellos, las diferencias de tamaño, configuración y peso hacen que las prestaciones se encuentren bastante cercanas entre los tres. Mientras el Corsa y el 206 optan por un estilo bastante clásico en su diseño de carrocería e interior, el Yaris aporta una clara tendencia monovolumen en su carrocería y en el habitáculo. Esto permite una utilización acorde con los tiempos que vivimos: asiento posterior deslizante para poder configurar las plazas posteriores y el maletero en función de las necesidades de cada momento; posición de conducción elevada, lo que favorece la visibilidad y las maniobras de aparcamiento; o un número notable de huecos, guanteras y receptáculos destinada a depositar la impedimenta necesaria para el trabajo o para los momentos de ocio. Todo ello encerrado en una moderna carrocería 20 centímetros más corta que la de sus rivales. Como inconveniente, no puede disponer de mucho espacio en las plazas traseras o en el maletero pero, sacrificando cualquiera de ellas, logra casi la misma cota para las piernas que el Corsa cuando el asiento se encuentra en su posición más retrasada, y mayor volumen de maletero que éste o el 206 cuando desplazamos el asiento hacia adelante.

El aprovechamiento del espacio en el modelo japonés está muy bien conseguido: es el más estrecho de los tres y en el que, sin embargo, se tiene una mayor sensación de amplitud. En parte, esto se ha conseguido por el diseño del salpicadero —adelantado y elevado—, realizado con materiales de aspecto sencillo, por los tonos claros de tapicería y revestimientos y por la gran cantidad de superficie acristalada. Como contrapartida, está la posición al volante —similar a la de un monovolumen— bastante vertical, en la que la rodilla derecha queda demasiado cerca del rígido salpicadero.

En el Corsa, el más amplio de todos, la postura al volante es bastante natural y cómoda, aunque los asientos no ofrecen mucha sujeción lateral y se encuentran situados en una posición bastante elevada. Sorprende el 206 por su capacidad para acoger con comodidad a ocupantes de gran talla, pues las plazas delanteras, con asientos blandos, ofrecen una generosa cota de altura. La percepción de calidad y buena terminación interior es muy superior en el Corsa, que recurre al empleo de materiales acolchados en salpicadero y paneles, mientras que los plásticos utilizados en el 206, rígidos y brillantes, no trasmiten mucha sensación de solidez y calidad.

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