Nissan Primera 2.0i 16v CVT / Nissan Primera 2.2 DI 16v Wagon

Poco o nada, salvo la denominación, mantiene la nueva generación del Primera con relación a su predecesor. El avanzado diseño y la profusión de elementos técnicos sumamente novedosos que muestra su configuración le convierte en un producto completamente nuevo y carente de relación con el modelo al que sustituye.
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Nissan Primera 2.0i 16v CVT / Nissan Primera 2.2 DI 16v Wagon
Nissan Primera 2.0i 16v CVT / Nissan Primera 2.2 DI 16v Wagon

Si exteriormente la línea del Primera es atrevida, en el interior el diseño es aún más revolucionario. Llama la atención la instrumentación situada en el centro del salpicadero y la consola multifunción colocada a la derecha del conductor y que engloba, en un pequeño espacio, casi todas las funciones de la climatización, ordenador de a bordo y equipo de sonido. Aunque a primera vista parece algo complicada de manejar, lo cierto es que es bastante fácil, con funciones comprensibles e intuitivas. Basta pulsar en cualquiera de los dos mandos de mayor tamaño para pasar de las funciones de sonido a las del climatizador. Ese gesto muestra la función requerida con un cambio de pantalla. Moverse a través de ella es bastante sencillo gracias a un pequeño joystick multidireccional de fácil manejo. Lo más novedoso sin duda es la inclusión de una pequeña cámara de vídeo situada en la parte trasera y que se activa al insertar la marcha atrás, facilitando así el cálculo de distancias en los aparcamientos y la visión de objetos o personas situadas tras el coche. Al activarse la cámara, la pantalla central pasa a la función vídeo de manera automática.

La configuración del salpicadero y la generosa altura del techo transmiten una sensación de espacio aun mayor de la que existe de hecho y que es bastante buena. Cabe resaltar en este aspecto la generosa cota longitudinal disponible en las plazas posteriores, que permiten acomodarse a un adulto sin clavar las rodillas en el respaldo delantero. No tan brillante es la cota de anchura, que con 134 centímetros queda proporcionalmente algo justa con relación al resto de las medidas.

El maletero es bueno, tanto en volumen como en accesibilidad, en la versión Wagon. Para la berlina, también el volumen es brillante; sin embargo, la forma del capó no deja un hueco de acceso tan favorable y, al no llegar hasta el ras de la plataforma de carga, no favorece la manipulación de objetos pesados. Tanto el motor 2.0i como 2.2 Di son novedades en la gama. En el caso del gasolina resulta difícil valorar su rendimiento, debido a que para esta ocasión se ha optado por el cambio M-CVT de variador continuo que condiciona la respuesta de manera significativa. Teóricamente este cambio le hace perder un segundo en el cero a cien y 13 km/h de velocidad punta, según las cifras oficiales, lo que en la práctica representa una pérdida de dinamismo sólo justificable por el confort que aporta en recorridos urbanos. El variador continuo presenta también un pequeño inconveniente en cuanto a la rumorosidad. El resbalamiento del convertidor es bastante acusado y permite que el motor se embale en exceso con presiones sobre el acelerador relativamente suaves. El accionamiento secuencial de la palanca permite establecer seis velocidades. Su accionamiento es muy sencillo, rápido y bastante instantáneo, pero su resultado frente al cronómetro resulta un tanto modesto, como puede comprobarse en las cifras de prestaciones.

También la versión Diesel dispone de un cambio de seis marchas, aunque en este caso hemos contado con la caja de cambios manual. El nuevo motor rinde 126 CV gracias a una serie de modificaciones centradas en el sistema de alimentación y en el turbocompresor de geometría variable. No se trata de una cifra demasiado espectacular con relación a su cilindrada, pero, a priori, debería resultar más que suficiente para proporcionar un andar digno. La nueva mecánica cuenta con un margen de utilización algo justo, ya que no disponemos de una respuesta firma hasta bien pasadas las 2.000 rpm y no compensa insistir más allá de las 4.000 para disponer de mayor aceleración. Este efecto requiere hacer una profusa utilización del cambio para mantener el motor en la «zona buena», lo que no siempre resulta fácil. Las tres primeras marchas son bastante cortas y van abriéndose a partir de ahí para culminar en una sexta absolutamente “descomunal” —58 km/h— que sólo puede utilizarse en condiciones muy favorables. Se trata en definitiva de una marcha de claro enfoque económico y reservada para recorridos llanos en autopista, por lo que mantener una velocidad constante resulta sencillo y no requiere demasiada potencia. Las cifras sitúan al nuevo Primera en la zona modesta de la categoría por lo que se refiere a prestaciones y ello se debe también en cierta medida a su peso, que en nuestra báscula ha superado la tonelada y media.

Uno de los aspectos más brillantes del nuevo Nissan Primera es sin lugar a dudas su bastidor. El paso por curva es verdaderamente impresionante y la confianza que transmite al conductor desde los primeros kilómetros es notable. Las suspensiones, de tarado bastante firme, no resultan incómodas en absoluto y sí controlan con eficacia todos los movimientos de la carrocería, de manera que mantienen ésta a salvo de cabeceos o balanceos poco recomendables. Tanto sobre buen asfalto como en firme rizado, el comportamiento es intachable y la agilidad en zonas viradas, extraordinaria. El subviraje se mantiene en un grado justo para facilitar una conducción sencilla y el deslizamiento del tren posterior, muy controlado para ayudar lo justo cuando la situación lo requiere, pero sin que en ningún momento llegue a resultar delicado.

Los frenos, bien dimensionados, han arrojado unas distancias bastante buenas, especialmente en el caso de la versión de gasolina —120 kilos más ligera— y muestran una buen resistencia al calentamiento.

El nuevo Nissan Primera representa un salto cualitativo muy importante respecto de su antecesor prácticamente en todos sus apartados. Las cualidades dinámicas quedan en un plano un tanto modesto en ambas versiones, especialmente en la versión con cambio CVT, pero el resto presenta unos resultados bastante homogéneos y sin puntos flacos significativos.

Si exteriormente la línea del Primera es atrevida, en el interior el diseño es aún más revolucionario. Llama la atención la instrumentación situada en el centro del salpicadero y la consola multifunción colocada a la derecha del conductor y que engloba, en un pequeño espacio, casi todas las funciones de la climatización, ordenador de a bordo y equipo de sonido. Aunque a primera vista parece algo complicada de manejar, lo cierto es que es bastante fácil, con funciones comprensibles e intuitivas. Basta pulsar en cualquiera de los dos mandos de mayor tamaño para pasar de las funciones de sonido a las del climatizador. Ese gesto muestra la función requerida con un cambio de pantalla. Moverse a través de ella es bastante sencillo gracias a un pequeño joystick multidireccional de fácil manejo. Lo más novedoso sin duda es la inclusión de una pequeña cámara de vídeo situada en la parte trasera y que se activa al insertar la marcha atrás, facilitando así el cálculo de distancias en los aparcamientos y la visión de objetos o personas situadas tras el coche. Al activarse la cámara, la pantalla central pasa a la función vídeo de manera automática.

La configuración del salpicadero y la generosa altura del techo transmiten una sensación de espacio aun mayor de la que existe de hecho y que es bastante buena. Cabe resaltar en este aspecto la generosa cota longitudinal disponible en las plazas posteriores, que permiten acomodarse a un adulto sin clavar las rodillas en el respaldo delantero. No tan brillante es la cota de anchura, que con 134 centímetros queda proporcionalmente algo justa con relación al resto de las medidas.

El maletero es bueno, tanto en volumen como en accesibilidad, en la versión Wagon. Para la berlina, también el volumen es brillante; sin embargo, la forma del capó no deja un hueco de acceso tan favorable y, al no llegar hasta el ras de la plataforma de carga, no favorece la manipulación de objetos pesados. Tanto el motor 2.0i como 2.2 Di son novedades en la gama. En el caso del gasolina resulta difícil valorar su rendimiento, debido a que para esta ocasión se ha optado por el cambio M-CVT de variador continuo que condiciona la respuesta de manera significativa. Teóricamente este cambio le hace perder un segundo en el cero a cien y 13 km/h de velocidad punta, según las cifras oficiales, lo que en la práctica representa una pérdida de dinamismo sólo justificable por el confort que aporta en recorridos urbanos. El variador continuo presenta también un pequeño inconveniente en cuanto a la rumorosidad. El resbalamiento del convertidor es bastante acusado y permite que el motor se embale en exceso con presiones sobre el acelerador relativamente suaves. El accionamiento secuencial de la palanca permite establecer seis velocidades. Su accionamiento es muy sencillo, rápido y bastante instantáneo, pero su resultado frente al cronómetro resulta un tanto modesto, como puede comprobarse en las cifras de prestaciones.

También la versión Diesel dispone de un cambio de seis marchas, aunque en este caso hemos contado con la caja de cambios manual. El nuevo motor rinde 126 CV gracias a una serie de modificaciones centradas en el sistema de alimentación y en el turbocompresor de geometría variable. No se trata de una cifra demasiado espectacular con relación a su cilindrada, pero, a priori, debería resultar más que suficiente para proporcionar un andar digno. La nueva mecánica cuenta con un margen de utilización algo justo, ya que no disponemos de una respuesta firma hasta bien pasadas las 2.000 rpm y no compensa insistir más allá de las 4.000 para disponer de mayor aceleración. Este efecto requiere hacer una profusa utilización del cambio para mantener el motor en la «zona buena», lo que no siempre resulta fácil. Las tres primeras marchas son bastante cortas y van abriéndose a partir de ahí para culminar en una sexta absolutamente “descomunal” —58 km/h— que sólo puede utilizarse en condiciones muy favorables. Se trata en definitiva de una marcha de claro enfoque económico y reservada para recorridos llanos en autopista, por lo que mantener una velocidad constante resulta sencillo y no requiere demasiada potencia. Las cifras sitúan al nuevo Primera en la zona modesta de la categoría por lo que se refiere a prestaciones y ello se debe también en cierta medida a su peso, que en nuestra báscula ha superado la tonelada y media.

Uno de los aspectos más brillantes del nuevo Nissan Primera es sin lugar a dudas su bastidor. El paso por curva es verdaderamente impresionante y la confianza que transmite al conductor desde los primeros kilómetros es notable. Las suspensiones, de tarado bastante firme, no resultan incómodas en absoluto y sí controlan con eficacia todos los movimientos de la carrocería, de manera que mantienen ésta a salvo de cabeceos o balanceos poco recomendables. Tanto sobre buen asfalto como en firme rizado, el comportamiento es intachable y la agilidad en zonas viradas, extraordinaria. El subviraje se mantiene en un grado justo para facilitar una conducción sencilla y el deslizamiento del tren posterior, muy controlado para ayudar lo justo cuando la situación lo requiere, pero sin que en ningún momento llegue a resultar delicado.

Los frenos, bien dimensionados, han arrojado unas distancias bastante buenas, especialmente en el caso de la versión de gasolina —120 kilos más ligera— y muestran una buen resistencia al calentamiento.

El nuevo Nissan Primera representa un salto cualitativo muy importante respecto de su antecesor prácticamente en todos sus apartados. Las cualidades dinámicas quedan en un plano un tanto modesto en ambas versiones, especialmente en la versión con cambio CVT, pero el resto presenta unos resultados bastante homogéneos y sin puntos flacos significativos.

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