Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza

En muy poco tiempo el segmento inferior del mercado ha experimentando una profunda y atractiva revolución. Se ofrecen nuevos modelos que, a su decidida modernidad, añaden también originalidad y sobre todo nuevas y más señaladas ambiciones.
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Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza
Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza

Seat mantiene esquemas clásicos cuando define la versión Diesel más accesible de su reciente Ibiza. Mientras que la tendencia de futuro es clara, e incluso VW la sigue casi a pies juntillas: motores Diesel de baja cilindrada ayudados por una pequeña turbina, Seat ofrece en su opción Diesel básica un ya clásico inyección directa atmosférico. Se apoya en la cilindrada para obtener cifras comparables de potencia y a pesar de esto, mantener un rendimiento elevado, aunque sólo sea en la forma de unos más que razonables consumos.

Con lo que, sin embargo, no puede luchar este propulsor es con la barrera que impone las cifras de par, en este caso más de un veinte por ciento por debajo del peor de sus otros tres propulsores rivales, y el peso, 1.190 kilos, 46 más que el Fiesta, que no puede presumir de ligereza. Estos dos parámetros, y a pesar de que las cifras de potencia han sido generosas, imponen su ley penalizando las prestaciones obtenidas por este modelo, lo que condiciona su versatilidad, limitando su mejor terreno de actuación a las carreteras que circunvalan nuestras ciudades y a la circulación en sus calles. Los viajes son posibles por supuesto, pero deben ser tomados con la suficiente humildad y paciencia, ya que sólo se mantienen cruceros razonables si el terreno no presenta excesivas complicaciones orográficas y no vamos muy cargados.

Las suspensiones también están en esta línea. No consiguen corregir un acusado subviraje, o más bien diríamos casi lo aumentan, por la apuesta de los tarados más por el confort que por el comportamiento puro, pero sin llegar a estados criticables. El bastidor está bastante por encima de la capacidad del propulsor para ponernos en aprietos. Prima sobre todo la seguridad.

Seat mantiene esquemas clásicos cuando define la versión Diesel más accesible de su reciente Ibiza. Mientras que la tendencia de futuro es clara, e incluso VW la sigue casi a pies juntillas: motores Diesel de baja cilindrada ayudados por una pequeña turbina, Seat ofrece en su opción Diesel básica un ya clásico inyección directa atmosférico. Se apoya en la cilindrada para obtener cifras comparables de potencia y a pesar de esto, mantener un rendimiento elevado, aunque sólo sea en la forma de unos más que razonables consumos.

Con lo que, sin embargo, no puede luchar este propulsor es con la barrera que impone las cifras de par, en este caso más de un veinte por ciento por debajo del peor de sus otros tres propulsores rivales, y el peso, 1.190 kilos, 46 más que el Fiesta, que no puede presumir de ligereza. Estos dos parámetros, y a pesar de que las cifras de potencia han sido generosas, imponen su ley penalizando las prestaciones obtenidas por este modelo, lo que condiciona su versatilidad, limitando su mejor terreno de actuación a las carreteras que circunvalan nuestras ciudades y a la circulación en sus calles. Los viajes son posibles por supuesto, pero deben ser tomados con la suficiente humildad y paciencia, ya que sólo se mantienen cruceros razonables si el terreno no presenta excesivas complicaciones orográficas y no vamos muy cargados.

Las suspensiones también están en esta línea. No consiguen corregir un acusado subviraje, o más bien diríamos casi lo aumentan, por la apuesta de los tarados más por el confort que por el comportamiento puro, pero sin llegar a estados criticables. El bastidor está bastante por encima de la capacidad del propulsor para ponernos en aprietos. Prima sobre todo la seguridad.

Seat mantiene esquemas clásicos cuando define la versión Diesel más accesible de su reciente Ibiza. Mientras que la tendencia de futuro es clara, e incluso VW la sigue casi a pies juntillas: motores Diesel de baja cilindrada ayudados por una pequeña turbina, Seat ofrece en su opción Diesel básica un ya clásico inyección directa atmosférico. Se apoya en la cilindrada para obtener cifras comparables de potencia y a pesar de esto, mantener un rendimiento elevado, aunque sólo sea en la forma de unos más que razonables consumos.

Con lo que, sin embargo, no puede luchar este propulsor es con la barrera que impone las cifras de par, en este caso más de un veinte por ciento por debajo del peor de sus otros tres propulsores rivales, y el peso, 1.190 kilos, 46 más que el Fiesta, que no puede presumir de ligereza. Estos dos parámetros, y a pesar de que las cifras de potencia han sido generosas, imponen su ley penalizando las prestaciones obtenidas por este modelo, lo que condiciona su versatilidad, limitando su mejor terreno de actuación a las carreteras que circunvalan nuestras ciudades y a la circulación en sus calles. Los viajes son posibles por supuesto, pero deben ser tomados con la suficiente humildad y paciencia, ya que sólo se mantienen cruceros razonables si el terreno no presenta excesivas complicaciones orográficas y no vamos muy cargados.

Las suspensiones también están en esta línea. No consiguen corregir un acusado subviraje, o más bien diríamos casi lo aumentan, por la apuesta de los tarados más por el confort que por el comportamiento puro, pero sin llegar a estados criticables. El bastidor está bastante por encima de la capacidad del propulsor para ponernos en aprietos. Prima sobre todo la seguridad.

Seat mantiene esquemas clásicos cuando define la versión Diesel más accesible de su reciente Ibiza. Mientras que la tendencia de futuro es clara, e incluso VW la sigue casi a pies juntillas: motores Diesel de baja cilindrada ayudados por una pequeña turbina, Seat ofrece en su opción Diesel básica un ya clásico inyección directa atmosférico. Se apoya en la cilindrada para obtener cifras comparables de potencia y a pesar de esto, mantener un rendimiento elevado, aunque sólo sea en la forma de unos más que razonables consumos.

Con lo que, sin embargo, no puede luchar este propulsor es con la barrera que impone las cifras de par, en este caso más de un veinte por ciento por debajo del peor de sus otros tres propulsores rivales, y el peso, 1.190 kilos, 46 más que el Fiesta, que no puede presumir de ligereza. Estos dos parámetros, y a pesar de que las cifras de potencia han sido generosas, imponen su ley penalizando las prestaciones obtenidas por este modelo, lo que condiciona su versatilidad, limitando su mejor terreno de actuación a las carreteras que circunvalan nuestras ciudades y a la circulación en sus calles. Los viajes son posibles por supuesto, pero deben ser tomados con la suficiente humildad y paciencia, ya que sólo se mantienen cruceros razonables si el terreno no presenta excesivas complicaciones orográficas y no vamos muy cargados.

Las suspensiones también están en esta línea. No consiguen corregir un acusado subviraje, o más bien diríamos casi lo aumentan, por la apuesta de los tarados más por el confort que por el comportamiento puro, pero sin llegar a estados criticables. El bastidor está bastante por encima de la capacidad del propulsor para ponernos en aprietos. Prima sobre todo la seguridad.

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