Chrysler PT Cruiser 1.6 / Mini One / Volkswagen New Beetle V5

No son tan prácticos como cualquiera de sus rivales por precio y segmento, pero no son juguetes. Los tres evocan coches del pasado y juegan con el diseño, pero salvo algunas concesiones son tan válidos y serios como el resto de modelos que llenan nuestras calles.
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Chrysler PT Cruiser 1.6 / Mini One / Volkswagen New Beetle V5
Chrysler PT Cruiser 1.6 / Mini One / Volkswagen New Beetle V5

Cada uno es de su padre y de su madre. Los padres del Chrysler pertenecen a la generación de los ´40, de origen americano, opulenta, aletas diferenciadas de la carrocería y gran altura. Repasando los modelos de Chrysler de esa época no hemos encontrado ninguno que haya podido servir como musa a los diseñadores, sino que ha sido un conjunto de ideas de la época muy bien reflejada en la carrocería y bien combinada con los aspectos más modernos exigidos hoy en día. Los orígenes del New Beetle son bien sabidos, de una reconocida familia alemana de la postguerra. El Mini ha sido el último en llegar, con puntualidad inglesa y precisión alemana, fabricado en Oxford, en la misma fábrica que el original, pero bajo la batuta alemana de BMW.

Son coches diferentes al resto, para aquellos que quieren trasladar algo de su personalidad al automóvil, que desean un diseño especial y están dispuestos a sacrificar algo a cambio. Pero que nadie se equivoque, no son coches inservibles, que sólo valen para lucirse. Por ejemplo, el PT Cruiser dispone de una gran amplitud interior, con mucho espacio hacia arriba y un maletero de gran volumen. Eso se paga en la visibilidad trasera y en cierta dificultad para maniobrar por el amplio radio de giro.

Los asientos traseros se pueden abatir en dos partes y extraer si fuese necesario. Delante se recupera el ambiente de los años ´40, aunque cabe achacarle una postura de conducción poco adecuada, por ir "demasiado sentados" y contar con unos asientos blandos que no recogen el cuerpo. Los plásticos no transmiten una buena sensación, pero el ajuste no tiene reproche. Falla también en detalles prácticos del interior, como la ubicación de los elevalunas traseros (casi en el suelo) y el freno de mano, que se encuentra pegado al asiento del acompañante.

Y si el PT Cruiser es muy práctico en habitabilidad, sus acompañantes en esta comparativa no pueden decir lo mismo. Para ser amplios deberían tener otras formas y entonces no recordarían a sus antepasados. El Beetle paga sus aletas traseras en asientos posteriores estrechos, con sólo dos plazas y en las que tampoco sobran los centímetros. Además el techo del coche tampoco permite grandes florituras para las cabezas y el maletero no resulta sobrado. A cambio los asientos delanteros dejan más sitio para pasar atrás que la mayoría de los tres puertas.

El Mini ni eso. Los asientos delanteros tienen unas palancas para mover los respaldos desesperantes por tacto y manejo, y atrás también resulta estrecho y con poco sitio para que los pies se deslicen discretamente por debajo de los asientos delanteros. El maletero va a juego y se queda muy justo.

Cada uno es de su padre y de su madre. Los padres del Chrysler pertenecen a la generación de los ´40, de origen americano, opulenta, aletas diferenciadas de la carrocería y gran altura. Repasando los modelos de Chrysler de esa época no hemos encontrado ninguno que haya podido servir como musa a los diseñadores, sino que ha sido un conjunto de ideas de la época muy bien reflejada en la carrocería y bien combinada con los aspectos más modernos exigidos hoy en día. Los orígenes del New Beetle son bien sabidos, de una reconocida familia alemana de la postguerra. El Mini ha sido el último en llegar, con puntualidad inglesa y precisión alemana, fabricado en Oxford, en la misma fábrica que el original, pero bajo la batuta alemana de BMW.

Son coches diferentes al resto, para aquellos que quieren trasladar algo de su personalidad al automóvil, que desean un diseño especial y están dispuestos a sacrificar algo a cambio. Pero que nadie se equivoque, no son coches inservibles, que sólo valen para lucirse. Por ejemplo, el PT Cruiser dispone de una gran amplitud interior, con mucho espacio hacia arriba y un maletero de gran volumen. Eso se paga en la visibilidad trasera y en cierta dificultad para maniobrar por el amplio radio de giro.

Los asientos traseros se pueden abatir en dos partes y extraer si fuese necesario. Delante se recupera el ambiente de los años ´40, aunque cabe achacarle una postura de conducción poco adecuada, por ir "demasiado sentados" y contar con unos asientos blandos que no recogen el cuerpo. Los plásticos no transmiten una buena sensación, pero el ajuste no tiene reproche. Falla también en detalles prácticos del interior, como la ubicación de los elevalunas traseros (casi en el suelo) y el freno de mano, que se encuentra pegado al asiento del acompañante.

Y si el PT Cruiser es muy práctico en habitabilidad, sus acompañantes en esta comparativa no pueden decir lo mismo. Para ser amplios deberían tener otras formas y entonces no recordarían a sus antepasados. El Beetle paga sus aletas traseras en asientos posteriores estrechos, con sólo dos plazas y en las que tampoco sobran los centímetros. Además el techo del coche tampoco permite grandes florituras para las cabezas y el maletero no resulta sobrado. A cambio los asientos delanteros dejan más sitio para pasar atrás que la mayoría de los tres puertas.

El Mini ni eso. Los asientos delanteros tienen unas palancas para mover los respaldos desesperantes por tacto y manejo, y atrás también resulta estrecho y con poco sitio para que los pies se deslicen discretamente por debajo de los asientos delanteros. El maletero va a juego y se queda muy justo.

Cada uno es de su padre y de su madre. Los padres del Chrysler pertenecen a la generación de los ´40, de origen americano, opulenta, aletas diferenciadas de la carrocería y gran altura. Repasando los modelos de Chrysler de esa época no hemos encontrado ninguno que haya podido servir como musa a los diseñadores, sino que ha sido un conjunto de ideas de la época muy bien reflejada en la carrocería y bien combinada con los aspectos más modernos exigidos hoy en día. Los orígenes del New Beetle son bien sabidos, de una reconocida familia alemana de la postguerra. El Mini ha sido el último en llegar, con puntualidad inglesa y precisión alemana, fabricado en Oxford, en la misma fábrica que el original, pero bajo la batuta alemana de BMW.

Son coches diferentes al resto, para aquellos que quieren trasladar algo de su personalidad al automóvil, que desean un diseño especial y están dispuestos a sacrificar algo a cambio. Pero que nadie se equivoque, no son coches inservibles, que sólo valen para lucirse. Por ejemplo, el PT Cruiser dispone de una gran amplitud interior, con mucho espacio hacia arriba y un maletero de gran volumen. Eso se paga en la visibilidad trasera y en cierta dificultad para maniobrar por el amplio radio de giro.

Los asientos traseros se pueden abatir en dos partes y extraer si fuese necesario. Delante se recupera el ambiente de los años ´40, aunque cabe achacarle una postura de conducción poco adecuada, por ir "demasiado sentados" y contar con unos asientos blandos que no recogen el cuerpo. Los plásticos no transmiten una buena sensación, pero el ajuste no tiene reproche. Falla también en detalles prácticos del interior, como la ubicación de los elevalunas traseros (casi en el suelo) y el freno de mano, que se encuentra pegado al asiento del acompañante.

Y si el PT Cruiser es muy práctico en habitabilidad, sus acompañantes en esta comparativa no pueden decir lo mismo. Para ser amplios deberían tener otras formas y entonces no recordarían a sus antepasados. El Beetle paga sus aletas traseras en asientos posteriores estrechos, con sólo dos plazas y en las que tampoco sobran los centímetros. Además el techo del coche tampoco permite grandes florituras para las cabezas y el maletero no resulta sobrado. A cambio los asientos delanteros dejan más sitio para pasar atrás que la mayoría de los tres puertas.

El Mini ni eso. Los asientos delanteros tienen unas palancas para mover los respaldos desesperantes por tacto y manejo, y atrás también resulta estrecho y con poco sitio para que los pies se deslicen discretamente por debajo de los asientos delanteros. El maletero va a juego y se queda muy justo.

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