Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza

En muy poco tiempo el segmento inferior del mercado ha experimentando una profunda y atractiva revolución. Se ofrecen nuevos modelos que, a su decidida modernidad, añaden también originalidad y sobre todo nuevas y más señaladas ambiciones.
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Citroën C3  / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza
Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza

Que Ford sabe presentar sus vehículos es algo que no nos sorprende. En este caso concreto Ford da otra vuelta de tuerca y ofrece un producto atractivo visualmente y bien rematado, aunque nos obliga a pagarlo con generosidad. Desde aspectos dinámicos cumple con buena nota para este tipo de vehículos, que no tienen como finalidad las prestaciones. Para una utilización ciudadana pasa la prueba con excelente nota, mientras que en carretera dependerá de la orografía y de la carga —no olvidemos que esta versión probada pesó en báscula 1.144 kilos— por lo que su capacidad de andar disminuirá en relación directamente proporcional a las dificultades.

De los tres modelos que emplean el propulsor HDI de 68 CV es el que menos “anda” en términos generales. Debemos destacar la suavidad de marcha, el buen manejo del cambio, con desarrollos bien ajustados, y su rumorosidad contenida, que no llega a las cifras del C3, pero se mueve a buen nivel. El bastidor, con criterios bastante usuales en Ford, apuesta por unos muelles tirando a duros y una amortiguadores de suave actuación. Resultado: buen confort con firme regular y liso, y menor confort al paso por baches y bandas de ralentización.

A pesar de unas dimensiones más convencionales que el C3, el balanceo sea bastante más acusado, aunque los resultados prácticos sean bastante similares y no se merme demasiado la agilidad permitiendo cambios de apoyo rápidos y seguros. El tacto de la dirección, aunque precisa mayor esfuerzo en parado que el C3 por ejemplo, es bastante bueno tanto en maniobras como a alta velocidad. Utilizar el motor HDI de PSA, en el que Ford ha participado técnica y económicamente, se convierte en un indudable activo del nuevo Fiesta.

Vuelve a demostrar unas cualidades de atmosférico, por la inexistencia de la clásica patada, y se acaba demasiado pronto, ya que por encima de 4.000 rpm no se mueve en valores muy aprovechables. Los consumos conseguidos en prueba están quizás demasiado penalizados por los resultados en ciudad. Los 100 kg extra frente al Peugeot y 60 con relación el C3 han perjudicado sin duda esta medición.

Que Ford sabe presentar sus vehículos es algo que no nos sorprende. En este caso concreto Ford da otra vuelta de tuerca y ofrece un producto atractivo visualmente y bien rematado, aunque nos obliga a pagarlo con generosidad. Desde aspectos dinámicos cumple con buena nota para este tipo de vehículos, que no tienen como finalidad las prestaciones. Para una utilización ciudadana pasa la prueba con excelente nota, mientras que en carretera dependerá de la orografía y de la carga —no olvidemos que esta versión probada pesó en báscula 1.144 kilos— por lo que su capacidad de andar disminuirá en relación directamente proporcional a las dificultades.

De los tres modelos que emplean el propulsor HDI de 68 CV es el que menos “anda” en términos generales. Debemos destacar la suavidad de marcha, el buen manejo del cambio, con desarrollos bien ajustados, y su rumorosidad contenida, que no llega a las cifras del C3, pero se mueve a buen nivel. El bastidor, con criterios bastante usuales en Ford, apuesta por unos muelles tirando a duros y una amortiguadores de suave actuación. Resultado: buen confort con firme regular y liso, y menor confort al paso por baches y bandas de ralentización.

A pesar de unas dimensiones más convencionales que el C3, el balanceo sea bastante más acusado, aunque los resultados prácticos sean bastante similares y no se merme demasiado la agilidad permitiendo cambios de apoyo rápidos y seguros. El tacto de la dirección, aunque precisa mayor esfuerzo en parado que el C3 por ejemplo, es bastante bueno tanto en maniobras como a alta velocidad. Utilizar el motor HDI de PSA, en el que Ford ha participado técnica y económicamente, se convierte en un indudable activo del nuevo Fiesta.

Vuelve a demostrar unas cualidades de atmosférico, por la inexistencia de la clásica patada, y se acaba demasiado pronto, ya que por encima de 4.000 rpm no se mueve en valores muy aprovechables. Los consumos conseguidos en prueba están quizás demasiado penalizados por los resultados en ciudad. Los 100 kg extra frente al Peugeot y 60 con relación el C3 han perjudicado sin duda esta medición.

Que Ford sabe presentar sus vehículos es algo que no nos sorprende. En este caso concreto Ford da otra vuelta de tuerca y ofrece un producto atractivo visualmente y bien rematado, aunque nos obliga a pagarlo con generosidad. Desde aspectos dinámicos cumple con buena nota para este tipo de vehículos, que no tienen como finalidad las prestaciones. Para una utilización ciudadana pasa la prueba con excelente nota, mientras que en carretera dependerá de la orografía y de la carga —no olvidemos que esta versión probada pesó en báscula 1.144 kilos— por lo que su capacidad de andar disminuirá en relación directamente proporcional a las dificultades.

De los tres modelos que emplean el propulsor HDI de 68 CV es el que menos “anda” en términos generales. Debemos destacar la suavidad de marcha, el buen manejo del cambio, con desarrollos bien ajustados, y su rumorosidad contenida, que no llega a las cifras del C3, pero se mueve a buen nivel. El bastidor, con criterios bastante usuales en Ford, apuesta por unos muelles tirando a duros y una amortiguadores de suave actuación. Resultado: buen confort con firme regular y liso, y menor confort al paso por baches y bandas de ralentización.

A pesar de unas dimensiones más convencionales que el C3, el balanceo sea bastante más acusado, aunque los resultados prácticos sean bastante similares y no se merme demasiado la agilidad permitiendo cambios de apoyo rápidos y seguros. El tacto de la dirección, aunque precisa mayor esfuerzo en parado que el C3 por ejemplo, es bastante bueno tanto en maniobras como a alta velocidad. Utilizar el motor HDI de PSA, en el que Ford ha participado técnica y económicamente, se convierte en un indudable activo del nuevo Fiesta.

Vuelve a demostrar unas cualidades de atmosférico, por la inexistencia de la clásica patada, y se acaba demasiado pronto, ya que por encima de 4.000 rpm no se mueve en valores muy aprovechables. Los consumos conseguidos en prueba están quizás demasiado penalizados por los resultados en ciudad. Los 100 kg extra frente al Peugeot y 60 con relación el C3 han perjudicado sin duda esta medición.

Que Ford sabe presentar sus vehículos es algo que no nos sorprende. En este caso concreto Ford da otra vuelta de tuerca y ofrece un producto atractivo visualmente y bien rematado, aunque nos obliga a pagarlo con generosidad. Desde aspectos dinámicos cumple con buena nota para este tipo de vehículos, que no tienen como finalidad las prestaciones. Para una utilización ciudadana pasa la prueba con excelente nota, mientras que en carretera dependerá de la orografía y de la carga —no olvidemos que esta versión probada pesó en báscula 1.144 kilos— por lo que su capacidad de andar disminuirá en relación directamente proporcional a las dificultades.

De los tres modelos que emplean el propulsor HDI de 68 CV es el que menos “anda” en términos generales. Debemos destacar la suavidad de marcha, el buen manejo del cambio, con desarrollos bien ajustados, y su rumorosidad contenida, que no llega a las cifras del C3, pero se mueve a buen nivel. El bastidor, con criterios bastante usuales en Ford, apuesta por unos muelles tirando a duros y una amortiguadores de suave actuación. Resultado: buen confort con firme regular y liso, y menor confort al paso por baches y bandas de ralentización.

A pesar de unas dimensiones más convencionales que el C3, el balanceo sea bastante más acusado, aunque los resultados prácticos sean bastante similares y no se merme demasiado la agilidad permitiendo cambios de apoyo rápidos y seguros. El tacto de la dirección, aunque precisa mayor esfuerzo en parado que el C3 por ejemplo, es bastante bueno tanto en maniobras como a alta velocidad. Utilizar el motor HDI de PSA, en el que Ford ha participado técnica y económicamente, se convierte en un indudable activo del nuevo Fiesta.

Vuelve a demostrar unas cualidades de atmosférico, por la inexistencia de la clásica patada, y se acaba demasiado pronto, ya que por encima de 4.000 rpm no se mueve en valores muy aprovechables. Los consumos conseguidos en prueba están quizás demasiado penalizados por los resultados en ciudad. Los 100 kg extra frente al Peugeot y 60 con relación el C3 han perjudicado sin duda esta medición.

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