Audi A4 TDI Avant Quattro / Mercedes C270 CDi Familiar

Tanto Audi como Mercedes se han aplicado para convertir sus berlinas en prácticos y sobre todo atractivos familiares. Porque en este segmento no sólo importa conservar todas las cualidades de comodidad, lujo, prestaciones y comportamiento, también la imagen.
Autopista -
Audi A4 TDI Avant Quattro / Mercedes C270 CDi Familiar
Audi A4 TDI Avant Quattro / Mercedes C270 CDi Familiar

El comportamiento en carretera también viene marcado por las particularidades de cada uno. El Mercedes cuenta con propulsión trasera y un equipo de ruedas y suspensiones razonables para su potencia y peso. Buscando el equilibrio y la comodidad, que consigue de sobra. La amortiguación es excelente y absorbe los baches con eficacia sin sacudir a los pasajeros, pero además permite una elevada velocidad de paso por curva, tanto en vías rápidas como en carreteras viradas.

Es difícil superar el mágico equilibrio que la marca de la estrella consigue en este apartado. Cuenta con ESP y ASR. Un ESP que se puede desconectar, pero un ASR que no, incluso permanece funcionando con el ESP desconectado, con lo que la libertad del conductor nunca llega a ser plena. Algo parecido ocurre con el cambio, como automático funciona de maravilla, con pasos de marcha suaves y rápidos, pero el sistema de bloqueos electrónicos que pasan a la siguiente marcha al llegar al corte confunden al conductor que trata de utilizarlo manualmente. Si alguien busca algo de deportividad en el manejo y comportamiento del Mercedes no lo va a encontrar.

El Audi viene marcado por la tracción total quattro con diferencial Torsen central y suspensiones deportivas (de serie en todos los quattro), que reducen la altura libre en 20 milímetros. Pero es que además la unidad de pruebas llevaba montado el tren de rodaje más radical de los que se ofrecen, con neumáticos 235/45 en llanta de 17 pulgadas de diámetro, código de velocidad ZR y... un sobreprecio de 1.400 euros (232.000 pesetas).

El conjunto perjudica el confort por unas suspensiones secas poco filtradas por esos neumáticos, pero lo que es indiscutible es la eficacia del conjunto, sobre todo en asfalto liso. En vías rápidas va sobre raíles con una dirección precisa y que transmite sensaciones. En zonas más viradas es muy difícil descomponer al Audi ni con el ESP desconectado. La estabilidad sólo queda perturbada si aparecen baches y ondulaciones en los apoyos más fuertes, momento en que pueden notarse pequeños rebotes de suspensión. De todas formas, ese punto hay que buscarlo con verdadera devoción. Hay que tener en cuenta estamos respaldados por una increíble fuerza del motor y una motricidad excelente que nos sacan de cualquier apuro. Un apuro al que seguramente habremos llegado después de saltarnos todas las normas lógicas, intrigados por averiguar dónde se encuentra ese límite que parece no llegar.

Lo único que no es capaz de seguir este ritmo, aparte de la capacidad propia de cada uno, es el cambio, que se muestra lento, y los frenos, que si bien son potentes en frenadas aisladas, cuando se abusa de ellos se calientan y pierden eficacia.

Tanto uno como otro, como viajeros son fantásticos: consumen muy poco, se muestran seguros y mantienen la sonoridad a velocidad estabilizada dentro de unos límites razonables. Están muy bien equipados y disponen de una larga y caprichosa lista de opciones, aunque caras en ambos casos. En el Mercedes encontramos ciertas lagunas, como las llantas de aleación y el climatizador, por las que hay que pagar 850 y 727 euros, respectivamente, o el volante y palanca de cuero, que cuestan 253 euros. En cualquier caso los dos son muy buenos productos, algo más deportivo el Audi y más confortable el Mercedes.

El comportamiento en carretera también viene marcado por las particularidades de cada uno. El Mercedes cuenta con propulsión trasera y un equipo de ruedas y suspensiones razonables para su potencia y peso. Buscando el equilibrio y la comodidad, que consigue de sobra. La amortiguación es excelente y absorbe los baches con eficacia sin sacudir a los pasajeros, pero además permite una elevada velocidad de paso por curva, tanto en vías rápidas como en carreteras viradas.

Es difícil superar el mágico equilibrio que la marca de la estrella consigue en este apartado. Cuenta con ESP y ASR. Un ESP que se puede desconectar, pero un ASR que no, incluso permanece funcionando con el ESP desconectado, con lo que la libertad del conductor nunca llega a ser plena. Algo parecido ocurre con el cambio, como automático funciona de maravilla, con pasos de marcha suaves y rápidos, pero el sistema de bloqueos electrónicos que pasan a la siguiente marcha al llegar al corte confunden al conductor que trata de utilizarlo manualmente. Si alguien busca algo de deportividad en el manejo y comportamiento del Mercedes no lo va a encontrar.

El Audi viene marcado por la tracción total quattro con diferencial Torsen central y suspensiones deportivas (de serie en todos los quattro), que reducen la altura libre en 20 milímetros. Pero es que además la unidad de pruebas llevaba montado el tren de rodaje más radical de los que se ofrecen, con neumáticos 235/45 en llanta de 17 pulgadas de diámetro, código de velocidad ZR y... un sobreprecio de 1.400 euros (232.000 pesetas).

El conjunto perjudica el confort por unas suspensiones secas poco filtradas por esos neumáticos, pero lo que es indiscutible es la eficacia del conjunto, sobre todo en asfalto liso. En vías rápidas va sobre raíles con una dirección precisa y que transmite sensaciones. En zonas más viradas es muy difícil descomponer al Audi ni con el ESP desconectado. La estabilidad sólo queda perturbada si aparecen baches y ondulaciones en los apoyos más fuertes, momento en que pueden notarse pequeños rebotes de suspensión. De todas formas, ese punto hay que buscarlo con verdadera devoción. Hay que tener en cuenta estamos respaldados por una increíble fuerza del motor y una motricidad excelente que nos sacan de cualquier apuro. Un apuro al que seguramente habremos llegado después de saltarnos todas las normas lógicas, intrigados por averiguar dónde se encuentra ese límite que parece no llegar.

Lo único que no es capaz de seguir este ritmo, aparte de la capacidad propia de cada uno, es el cambio, que se muestra lento, y los frenos, que si bien son potentes en frenadas aisladas, cuando se abusa de ellos se calientan y pierden eficacia.

Tanto uno como otro, como viajeros son fantásticos: consumen muy poco, se muestran seguros y mantienen la sonoridad a velocidad estabilizada dentro de unos límites razonables. Están muy bien equipados y disponen de una larga y caprichosa lista de opciones, aunque caras en ambos casos. En el Mercedes encontramos ciertas lagunas, como las llantas de aleación y el climatizador, por las que hay que pagar 850 y 727 euros, respectivamente, o el volante y palanca de cuero, que cuestan 253 euros. En cualquier caso los dos son muy buenos productos, algo más deportivo el Audi y más confortable el Mercedes.

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