Audi A4 TDI Avant Quattro / Mercedes C270 CDi Familiar

Tanto Audi como Mercedes se han aplicado para convertir sus berlinas en prácticos y sobre todo atractivos familiares. Porque en este segmento no sólo importa conservar todas las cualidades de comodidad, lujo, prestaciones y comportamiento, también la imagen.
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Audi A4 TDI Avant Quattro / Mercedes C270 CDi Familiar
Audi A4 TDI Avant Quattro / Mercedes C270 CDi Familiar

En la compra de un familiar pueden existir diversas motivaciones. La primera, la más lógica, es la práctica. Una carrocería familiar no suele disponer de mayor volumen de maletero en posición normal, ese aspecto en la actualidad se sacrifica en favor de conseguir una estética cuidada, sino de más posibilidades de aprovechar y ampliar ese espacio abatiendo los asientos u ocupando todo el volumen posible hasta el techo. El amplio portón facilita la carga general -en especial de los bultos voluminosos- y la conexión del maletero con el habitáculo permite transportar animales convenientemente separados por una red. En muchos casos, la compra de un familiar es casi obligada, pero eso no significa que haya que sacrificar ni las prestaciones ni la estética. En este último aspecto, los dos están muy cuidados, en especial el Audi, ya que han conseguido unas líneas que pueden llegar a ser incluso motivo de compra. Son diferentes, no hay tantas unidades y resultan más deportivos y juveniles.

Ambos maleteros son bastante parecidos en cuanto a formas, con dos huecos con tapa en los laterales, ganchos en el suelo y piso falso bajo el que guardar pequeños objetos, aunque el de Audi no tiene tabiques intermedios y esos objetos se deslizan de un lado a otro en las curvas. También disponen de bandeja enrollable con red de separación incorporada y unos mandos para abatir los asientos de excelente tacto. La banqueta trasera del Audi permanece fija mientras que la del Mercedes también se abate, ganando algo de espacio y un piso más horizontal.

El resto del interior es similar al de las berlinas, y en ninguno de los dos casos destaca por una gran amplitud, en especial, el Audi, con una parte trasera estrecha. Delante, los dos gozan de muy buenos puestos de conducción con todos los posibles reglajes, si bien ninguno ofrece una sujeción lateral total. En el cuadro de cada uno de ellos existen detalles por mejorar. En el Audi la grafía no está iluminada constantemente, sólo las agujas, y en cuanto falta un poco de luz, los números no se leen. El Mercedes cuenta con ordenador completísimo que permite configurar hasta el tiempo que permanecen las luces encendidas al cerrar el coche, pero el manejo desde el volante es poco intuitivo. Además, la pantalla del ordenador tiene varias funciones, una de ellas es la de mostrar la temperatura del refrigerante, pero si se elige esta indicación, no se puede ver el resto a la vez. El coche se merece un reloj individual.

En ambos, los materiales transmiten sensación de calidad y buen tacto, siendo el del Audi algo más vistoso y más triste el de Mercedes.

Los motores que emplean son ya conocidos por montarse en las berlinas correspondientes y otros modelos de cada marca. El del Audi es el 2.5 V6 en la versión de 180 CV, que va unido indefectiblemente a la tracción total quattro, mientras que el Mercedes es el cinco cilindros en línea, con algo más de cilindrada y par que el de Audi pero con 170 CV, y que además, en nuestra unidad, iba unido a la caja de cambios automática que tiene un coste adicional de 2.317 euros (385.500 pesetas).

Se trata de dos excelentes propulsores, pero que han quedado superados en cuanto a refinamiento. El de Audi suena demasiado al ralentí y con un sonido un poco tosco, mientras que el de Mercedes es más ruidoso de lo que se espera en fase de aceleración. Los motores de Volvo y BMW están mejor solucionados en este aspecto.

La respuesta de ambos está condicionada por el cambio automático del Mercedes. El propulsor del Audi flaquea en bajos. Si el régimen cae por debajo de 1.800 rpm la respuesta que se obtiene es muy pobre, pero una vez alcanzado ese régimen parece que el motor quiera compensarnos por la espera y nos descarga toda la fuerza en poco más de 2.000 vueltas de impresionante tirón. No es progresivo, pero cuando empuja, lo hace con gran contundencia y da la sensación de que corre más de lo que lo hace, que es mucho.

El Mercedes es más progresivo y, aunque nos deja intuir la fuerza que hay debajo, no es tan espectacular. Una buena parte de estas sensaciones más atenuadas se deben al cambio automático. Por un lado, la gestión electrónica nunca deja caer de vueltas al motor porque pasa inmediatamente a una marcha inferior, así que si faltase fuerza a bajas vueltas, nunca se notaría. Por otro lado, el convertidor de par amortigua cualquier exceso de brusquedad. Las prestaciones demuestran que el Audi es algo más rápido, pero las sensaciones son de que lo es mucho más. Evidentemente no puede batir al Mercedes en recuperaciones debido a la reducción de marchas del cambio automático. Aún así, las cifras de ambos demuestran que cualquiera de ellos es magnífico en este aspecto. Es una delicia contar con un respaldo así en adelantamientos.

En la compra de un familiar pueden existir diversas motivaciones. La primera, la más lógica, es la práctica. Una carrocería familiar no suele disponer de mayor volumen de maletero en posición normal, ese aspecto en la actualidad se sacrifica en favor de conseguir una estética cuidada, sino de más posibilidades de aprovechar y ampliar ese espacio abatiendo los asientos u ocupando todo el volumen posible hasta el techo. El amplio portón facilita la carga general -en especial de los bultos voluminosos- y la conexión del maletero con el habitáculo permite transportar animales convenientemente separados por una red. En muchos casos, la compra de un familiar es casi obligada, pero eso no significa que haya que sacrificar ni las prestaciones ni la estética. En este último aspecto, los dos están muy cuidados, en especial el Audi, ya que han conseguido unas líneas que pueden llegar a ser incluso motivo de compra. Son diferentes, no hay tantas unidades y resultan más deportivos y juveniles.

Ambos maleteros son bastante parecidos en cuanto a formas, con dos huecos con tapa en los laterales, ganchos en el suelo y piso falso bajo el que guardar pequeños objetos, aunque el de Audi no tiene tabiques intermedios y esos objetos se deslizan de un lado a otro en las curvas. También disponen de bandeja enrollable con red de separación incorporada y unos mandos para abatir los asientos de excelente tacto. La banqueta trasera del Audi permanece fija mientras que la del Mercedes también se abate, ganando algo de espacio y un piso más horizontal.

El resto del interior es similar al de las berlinas, y en ninguno de los dos casos destaca por una gran amplitud, en especial, el Audi, con una parte trasera estrecha. Delante, los dos gozan de muy buenos puestos de conducción con todos los posibles reglajes, si bien ninguno ofrece una sujeción lateral total. En el cuadro de cada uno de ellos existen detalles por mejorar. En el Audi la grafía no está iluminada constantemente, sólo las agujas, y en cuanto falta un poco de luz, los números no se leen. El Mercedes cuenta con ordenador completísimo que permite configurar hasta el tiempo que permanecen las luces encendidas al cerrar el coche, pero el manejo desde el volante es poco intuitivo. Además, la pantalla del ordenador tiene varias funciones, una de ellas es la de mostrar la temperatura del refrigerante, pero si se elige esta indicación, no se puede ver el resto a la vez. El coche se merece un reloj individual.

En ambos, los materiales transmiten sensación de calidad y buen tacto, siendo el del Audi algo más vistoso y más triste el de Mercedes.

Los motores que emplean son ya conocidos por montarse en las berlinas correspondientes y otros modelos de cada marca. El del Audi es el 2.5 V6 en la versión de 180 CV, que va unido indefectiblemente a la tracción total quattro, mientras que el Mercedes es el cinco cilindros en línea, con algo más de cilindrada y par que el de Audi pero con 170 CV, y que además, en nuestra unidad, iba unido a la caja de cambios automática que tiene un coste adicional de 2.317 euros (385.500 pesetas).

Se trata de dos excelentes propulsores, pero que han quedado superados en cuanto a refinamiento. El de Audi suena demasiado al ralentí y con un sonido un poco tosco, mientras que el de Mercedes es más ruidoso de lo que se espera en fase de aceleración. Los motores de Volvo y BMW están mejor solucionados en este aspecto.

La respuesta de ambos está condicionada por el cambio automático del Mercedes. El propulsor del Audi flaquea en bajos. Si el régimen cae por debajo de 1.800 rpm la respuesta que se obtiene es muy pobre, pero una vez alcanzado ese régimen parece que el motor quiera compensarnos por la espera y nos descarga toda la fuerza en poco más de 2.000 vueltas de impresionante tirón. No es progresivo, pero cuando empuja, lo hace con gran contundencia y da la sensación de que corre más de lo que lo hace, que es mucho.

El Mercedes es más progresivo y, aunque nos deja intuir la fuerza que hay debajo, no es tan espectacular. Una buena parte de estas sensaciones más atenuadas se deben al cambio automático. Por un lado, la gestión electrónica nunca deja caer de vueltas al motor porque pasa inmediatamente a una marcha inferior, así que si faltase fuerza a bajas vueltas, nunca se notaría. Por otro lado, el convertidor de par amortigua cualquier exceso de brusquedad. Las prestaciones demuestran que el Audi es algo más rápido, pero las sensaciones son de que lo es mucho más. Evidentemente no puede batir al Mercedes en recuperaciones debido a la reducción de marchas del cambio automático. Aún así, las cifras de ambos demuestran que cualquiera de ellos es magnífico en este aspecto. Es una delicia contar con un respaldo así en adelantamientos.

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