Audi A4 3.0 quattro / BMW 330i SMG / Lexus IS 300

La suma del trío de coches comparados es todo un catálogo de los últimos avances técnicos en materia de transmisiones. La tracción total, el cambio secuencial en sus variantes manual y automática y los motores de 3 litros hacen que estos tres coches estén por encima de sus teóricos rivales.
Autopista -
Audi A4 3.0 quattro / BMW 330i SMG / Lexus IS 300
Audi A4 3.0 quattro / BMW 330i SMG / Lexus IS 300

La tracción integral del Audi tiene un reparto de par inicial 50/50 entre ambos ejes, pero éste es variable en función de las condiciones de adherencia, de manera que el diferencial central —Torsen— es capaz de modificar el reparto hasta una relación 4:1 para favorecer la tracción. El sistema tiene el apoyo del control electrónico de tracción EDS, cuya intervención es mínima, salvo en nieve o hielo. El sistema autoriza un comportamiento muy uniforme en toda circunstancia e independiente de las condiciones de adherencia disponibles. Así, es notablemente subvirador, aunque no llega resultar torpe y en fases de deceleración en apoyo puede llegar a ayudarnos con una leve deriva del tren posterior. La firme suspensión controla muy bien los movimientos verticales de la carrocería pero resulta un tanto seca cuando el firme es irregular.

El excelente bastidor del BMW tiene en esta ocasión un condicionante en los neumáticos opcionales montados para la ocasión. La combinación de la llanta de 18 pulgadas y los neumáticos de 225/50 delante y ¡255/35! detrás, proporciona un aspecto imponente al 330i pero le resta agrado de conducción y eficacia. Los descomunales neumáticos, especialmente los posteriores, proporcionan una altísima adherencia lateral que llega a poner en apuros a las suspensiones, cuyos amortiguadores en apoyos fuertes no son capaces de sujetar la carrocería, provocando unas leves, pero incomodas, oscilaciones, que no terminan de transmitir la necesaria confianza al conductor. En otras ocasiones, con los neumáticos de serie, hemos podido comprobar como la eficacia de este modelo es muy superior. A pesar de todo, el 330i sale bastante airoso de la confrontación en este apartado y, a pesar de sus inadecuados neumáticos, no pierde sus cualidades.

En el Lexus se pone de manifiesto un chasis más dirigido hacia el confort que hacia el comportamiento deportivo. Más blando y confortable que sus rivales, tiene una excesiva tendencia a subvirar para tratarse de un modelo de propulsión trasera y los apoyos sobre firme irregular no son tan francos como los recordábamos del IS200. Cuida en general más a sus ocupantes pero se siente menos a gusto en conducción deportiva.

La tracción integral del Audi tiene un reparto de par inicial 50/50 entre ambos ejes, pero éste es variable en función de las condiciones de adherencia, de manera que el diferencial central —Torsen— es capaz de modificar el reparto hasta una relación 4:1 para favorecer la tracción. El sistema tiene el apoyo del control electrónico de tracción EDS, cuya intervención es mínima, salvo en nieve o hielo. El sistema autoriza un comportamiento muy uniforme en toda circunstancia e independiente de las condiciones de adherencia disponibles. Así, es notablemente subvirador, aunque no llega resultar torpe y en fases de deceleración en apoyo puede llegar a ayudarnos con una leve deriva del tren posterior. La firme suspensión controla muy bien los movimientos verticales de la carrocería pero resulta un tanto seca cuando el firme es irregular.

El excelente bastidor del BMW tiene en esta ocasión un condicionante en los neumáticos opcionales montados para la ocasión. La combinación de la llanta de 18 pulgadas y los neumáticos de 225/50 delante y ¡255/35! detrás, proporciona un aspecto imponente al 330i pero le resta agrado de conducción y eficacia. Los descomunales neumáticos, especialmente los posteriores, proporcionan una altísima adherencia lateral que llega a poner en apuros a las suspensiones, cuyos amortiguadores en apoyos fuertes no son capaces de sujetar la carrocería, provocando unas leves, pero incomodas, oscilaciones, que no terminan de transmitir la necesaria confianza al conductor. En otras ocasiones, con los neumáticos de serie, hemos podido comprobar como la eficacia de este modelo es muy superior. A pesar de todo, el 330i sale bastante airoso de la confrontación en este apartado y, a pesar de sus inadecuados neumáticos, no pierde sus cualidades.

En el Lexus se pone de manifiesto un chasis más dirigido hacia el confort que hacia el comportamiento deportivo. Más blando y confortable que sus rivales, tiene una excesiva tendencia a subvirar para tratarse de un modelo de propulsión trasera y los apoyos sobre firme irregular no son tan francos como los recordábamos del IS200. Cuida en general más a sus ocupantes pero se siente menos a gusto en conducción deportiva.

La tracción integral del Audi tiene un reparto de par inicial 50/50 entre ambos ejes, pero éste es variable en función de las condiciones de adherencia, de manera que el diferencial central —Torsen— es capaz de modificar el reparto hasta una relación 4:1 para favorecer la tracción. El sistema tiene el apoyo del control electrónico de tracción EDS, cuya intervención es mínima, salvo en nieve o hielo. El sistema autoriza un comportamiento muy uniforme en toda circunstancia e independiente de las condiciones de adherencia disponibles. Así, es notablemente subvirador, aunque no llega resultar torpe y en fases de deceleración en apoyo puede llegar a ayudarnos con una leve deriva del tren posterior. La firme suspensión controla muy bien los movimientos verticales de la carrocería pero resulta un tanto seca cuando el firme es irregular.

El excelente bastidor del BMW tiene en esta ocasión un condicionante en los neumáticos opcionales montados para la ocasión. La combinación de la llanta de 18 pulgadas y los neumáticos de 225/50 delante y ¡255/35! detrás, proporciona un aspecto imponente al 330i pero le resta agrado de conducción y eficacia. Los descomunales neumáticos, especialmente los posteriores, proporcionan una altísima adherencia lateral que llega a poner en apuros a las suspensiones, cuyos amortiguadores en apoyos fuertes no son capaces de sujetar la carrocería, provocando unas leves, pero incomodas, oscilaciones, que no terminan de transmitir la necesaria confianza al conductor. En otras ocasiones, con los neumáticos de serie, hemos podido comprobar como la eficacia de este modelo es muy superior. A pesar de todo, el 330i sale bastante airoso de la confrontación en este apartado y, a pesar de sus inadecuados neumáticos, no pierde sus cualidades.

En el Lexus se pone de manifiesto un chasis más dirigido hacia el confort que hacia el comportamiento deportivo. Más blando y confortable que sus rivales, tiene una excesiva tendencia a subvirar para tratarse de un modelo de propulsión trasera y los apoyos sobre firme irregular no son tan francos como los recordábamos del IS200. Cuida en general más a sus ocupantes pero se siente menos a gusto en conducción deportiva.

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