Seat Altea 1.9 105 CV

Comprarse un monovolumen siempre tiene algo de renuncia. A cambio de adquirir un vehículo grande y de uso familiar, se cierra la puerta a los deportivos, los coupés, los coches pasionales. El Altea es la solución, el cordón umbilical que nos une a esa época de diversión.
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Seat Altea 1.9 105 CV
Seat Altea 1.9 105 CV

En Seat se han percatado del dolor de corazón que les supone a muchos compradores la decisión de olvidar los coches de la juventud, esos rabiosos deportivos y elegantes, pero incómodos, coupés, y pasarse al monovolumen, el coche familiar, de talante tranquilo y acomodado.

La idea no es nueva, y por eso todos los fabricantes sacan alguna versión con motores “gordos”, como el Zafira OPC, una especie de Fórmula 1 de la vida familiar. Pero, al final, son versiones caras y tampoco es que sean precisamente coches de carreras.

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p> Buscando la fórmula perfecta, Seat lanza el Altea, un monovolumen compacto, de estampa moderna y aguerrida y, sobre todo, con un impresionante comportamiento dinámico que está a la altura de cualquier compacto actual. Dentro hay suficiente espacio para la familia y, además, un maletero muy interesante. No hay siete plazas, pero, claro, no todo iba a ser perfecto. No te pierdas el vídeo oficial que tienes al lado de la entradilla.

El Seat Altea se ha montado sobre el nuevo bastidor de compactos del grupo Volkswagen, el mismo que ya estrenaron en su día Golf, Audi A3 y Touran, aunque este último utiliza una variante de batalla 10 centímetros más larga, lo que da como resultado un coche mucho más grande en todas las medidas.
Ya de por sí, este bastidor es muy moderno y equilibrado y, en el caso del Altea, ha sido sometido, además, a una revisión a fondo en los talleres de Martorell.

La verdad es que el “touch” español se nota. Frente a las posibilidades que ofrece este bastidor con los otros modelos, especialmente en el Touran, que es el rival en la categoría, con el Altea se puede ir siempre un poco más allá.
El Altea ofrece un comportamiento comparable al de los compactos normales, casi rivaliza con el Golf en agilidad y aplomo. Desde luego, dentro de la categoría de monovolúmenes compactos, sólo el Ford Focus C-Max puede hacerle sombra.
Este Seat es un coche que pasa por las curvas a toda velocidad, sin inclinaciones de carrocería, firme y noble en la trazada. La ausencia de oscilaciones es llamativa: parece mentira que una carrocería tan voluminosa se mueva tan poco. Pero es que en el Altea no se mueve nada: los giros son exactos, con las ruedas firmemente agarradas al suelo, evidenciando unos límites muy altos. Sólo forzando mucho la máquina encontramos un ligerísimo subviraje que se corrige con sólo levantar el pie del acelerador. Eso, claro, si llevamos el ESP desconectado. Con él funcionando es poco menos que imposible sacar al Altea de su trayectoria.
Una dirección rápida y precisa, unos frenos excelentes y unos neumáticos de 205/55 R16 contribuyen a mejorar el trabajo descrito.

Este buen comportamiento se debe, claro, al bastidor, que cuenta con unas suspensiones de tacto bastante firme. Firme, sí, pero no seco: a pesar de ese talante deportivo, el Altea mantiene el tipo en cuanto a confort. No es tan cómodo como un Touran, o un Corolla Verso, por ejemplo, pero no desmerece.
Sus ocupantes, incluso viajando a ritmos vivos, disfrutan de un buen nivel de comodidad, aunque, claro, la mayor dureza de las suspensiones hace que las irregularidades de la carretera se noten más que en otros monovolúmenes de este tipo.
Es, claro está, el precio que hay que pagar por no cortar ese cordón umbilical que nos une con los coches que hemos elegido para divertirnos conduciendo.

Para mejorar el bastidor, los ingenieros de Seat han cambiado los “silent-blocks” en ambos ejes rodantes, con lo que el nuevo tren trasero multibrazo mejora notablemente su capacidad de retención y su firmeza. Además, se ha afinado todavía más el tarado de muelles y amortiguadores, que es más recio que en los otros modelos de Volkswagen y Audi.
Lo que mejor ha quedado, posiblemente, es la dirección, extremadamente precisa y muy rápida. Al parecer, se ha modificado la asistencia en función de la velocidad y del giro que se imprima al volante, de modo que el nivel de ayuda electromecánica varía dependiendo de cada momento de la conducción. Así, se “endurece” o se “ablanda” según sea necesario. También sirve esta posibilidad de cálculo para enmendar los errores de trayectoria que produce el viento: la dirección calcula y contrarresta esta deriva.

Para esta prueba elegimos el motor más pequeño de los turbodiésel, el ya veterano 1.9 TDI de 105 CV. Es un motor muy sólido y más que probado y, como ya hemos dicho muchas veces, sus 105 CV nominales se convierten en casi 120 reales cuando lo pasamos por el banco de pruebas, aunque en este caso se ha quedado en 114 CV.

Como es natural, mover un peso de 1.471 kg, como el del Altea, no es lo mismo que mover el de un Ibiza, así que el rendimiento de esta máquina varía. Aun así, el consumo se queda en 5,4 litros a los 100 km, una marca fabulosa para un vehículo de esta categoría. La aceleraciones son muy buenas, aunque no brillantes: un 0-100 km/h de 12 segundos está bien, pero no deslumbra. En cambio, la sensación en marcha es muy agradable: el motor da la impresión de dar más de lo que nos da en otros modelos y siempre se muestra voluntarioso, dispuesto a empujar. No resulta especialmente rápido, pero sí mantiene cruceros a ritmos vivos sin problemas. Y, si hacemos un buen uso del cambio, aprovechando el buen comportamiento dinámico, tendremos un coche veloz y ágil en cualquier terreno.

Nos llama la atención el ruido, que en el Altea tiene una presencia importante. Ya sabemos que estos TDI de Volkswagen, impetuosos y de carácter rudo, son más sonoros que los TDCi o los HDI, pero, con este modelo, la sensación sonora es mayor que en un Ibiza equipado con este motor. El propulsor se deja oír con un bramido ronco de tintes muy deportivos… ¿Otra concesión a los gustos más rácing?

Por lo demás, nada que no hayamos dicho antes de este motor: buen empuje en la zona baja del cuentavueltas, una violenta “patada” muy propia de estos turbodiésel sobre las 2.000 vueltas y una caída brusca a partir de las 4.000. Es decir, el ejemplo típico de motor TDI: fuerza, empuje y carácter.

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