Volkswagen Lupo GTI / Volkswagen Polo GTI

Recuperan el concepto GTI puro de sensaciones y dinamismo, pero vestidos con complementos de lujo y elementos de seguridad de última generación, convirtiéndose en caprichos de calidad.
Autopista -
Volkswagen Lupo GTI / Volkswagen Polo GTI
Volkswagen Lupo GTI / Volkswagen Polo GTI

En ciudad, esta característica facilita los cambios de carril; basta acelerar y colocarse allá donde queramos. El Lupo en este terreno se desenvuelve como pez en el agua, porque el tamaño le ayuda a colarse por todas partes: calles estrechas, coches en doble fila... El Lupo es el rey de la jungla ciudadana, baches aparte.

En carreteras viradas, todavía le saca partido a su tamaño. Con una batalla de 2,32 m y el fuerte carácter del motor, el Lupo se muestra muy ágil, aunque casi inamovible en curvas. Resulta difícil que el eje trasero se mueva hacia el exterior levantando el pie del acelerador en apoyo. Y en esto algo tienen que decir los neumáticos. Una medida 205/45 en llanta de 15 pulgadas para un coche de 125 CV es una exageración. Esto explica en parte la manera de agarrarse al asfalto, las reacciones inmediatas a los movimientos del volante —camuflando cualquier falta de sensibilidad de la dirección— y las magníficas distancias de frenado. La respuesta del motor del Polo se asemeja a la del Lupo, con independencia de lo que muestran el rendimiento del banco y las prestaciones. Muy parecidos al volante, pero el pequeño se rebela sacándole al mayor 8 décimas en los 1.000 metros y 7 en el 0-100 km/h.

En recuperaciones, en cambio se igualan más, incluso el Lupo cede alguna décima. En cambio, el comportamiento se siente algo diferente. El Polo también es muy ágil enlazando curvas, pero permite jugar algo más con la trasera, aunque siempre con mucha docilidad y facilidad. Frena muy bien, aunque no tanto como el Lupo. Los dos cuentan con ESP de serie, que corrige cualquier exceso —nunca está de más—, aunque a ninguno de los dos les hace verdadera falta y si queremos divertirnos por un tramo virado no debe existir ningún temor en desconectarlo. Por autopista se invierten los términos, la corta batalla del Lupo se transforma un inconveniente, ya que no puede tener el aplomo de un coche más grande. Se producen ciertos movimientos nerviosos, pero que no comprometen la seguridad. Sólo hacen la conducción algo más incómoda, aunque una vez que el conductor se acostumbra se puede rodar verdaderamente rápido. Se llega a ver la aguja del velocímetro asomarse por encima de los 200 km/h, aunque no da la sensación de seguridad del coche de mayor batalla, y el ruido del motor en esas circunstancias es muy elevado.

La sonoridad es la misma en el Polo, pero las sensaciones circulando rápido están mucho más suavizadas, con un mayor aplomo y sensación de dominio. La dirección no es un alarde de precisión y las suspensiones producen algún que otro rebote, pero pasa lo mismo que con el Lupo. De ahí no pasa y al poco tiempo da mucha confianza. Y eso que el grado de dureza de las suspensiones está muy bien elegido en los dos. Son firmes, pero se quedan por debajo del punto de incomodidad. Es difícil juzgar una compra como ésta. Los dos tienen precios elevados, pero ofrecen un equipamiento de excepción.

No hay vehículos de estos segmentos con un equipo tan selecto. Los faros de xenón y el ESP son todo un adelanto al resto de las marcas. El Lupo es un bombón que enamora a primera vista, pero hay que firmar un cheque de casi 2,8 millones para que nos den las llaves, con un discreto marchamo GTI. Un coche muy vivo y deportivo, pero muy limitado de tamaño. El Polo es todavía más caro, pero es el más racional de los dos y la diferencia se compensa con un equipo todavía más completo, que incluye la tapicería de cuero, climatizador y asientos calefactables.

En ciudad, esta característica facilita los cambios de carril; basta acelerar y colocarse allá donde queramos. El Lupo en este terreno se desenvuelve como pez en el agua, porque el tamaño le ayuda a colarse por todas partes: calles estrechas, coches en doble fila... El Lupo es el rey de la jungla ciudadana, baches aparte.

En carreteras viradas, todavía le saca partido a su tamaño. Con una batalla de 2,32 m y el fuerte carácter del motor, el Lupo se muestra muy ágil, aunque casi inamovible en curvas. Resulta difícil que el eje trasero se mueva hacia el exterior levantando el pie del acelerador en apoyo. Y en esto algo tienen que decir los neumáticos. Una medida 205/45 en llanta de 15 pulgadas para un coche de 125 CV es una exageración. Esto explica en parte la manera de agarrarse al asfalto, las reacciones inmediatas a los movimientos del volante —camuflando cualquier falta de sensibilidad de la dirección— y las magníficas distancias de frenado. La respuesta del motor del Polo se asemeja a la del Lupo, con independencia de lo que muestran el rendimiento del banco y las prestaciones. Muy parecidos al volante, pero el pequeño se rebela sacándole al mayor 8 décimas en los 1.000 metros y 7 en el 0-100 km/h.

En recuperaciones, en cambio se igualan más, incluso el Lupo cede alguna décima. En cambio, el comportamiento se siente algo diferente. El Polo también es muy ágil enlazando curvas, pero permite jugar algo más con la trasera, aunque siempre con mucha docilidad y facilidad. Frena muy bien, aunque no tanto como el Lupo. Los dos cuentan con ESP de serie, que corrige cualquier exceso —nunca está de más—, aunque a ninguno de los dos les hace verdadera falta y si queremos divertirnos por un tramo virado no debe existir ningún temor en desconectarlo. Por autopista se invierten los términos, la corta batalla del Lupo se transforma un inconveniente, ya que no puede tener el aplomo de un coche más grande. Se producen ciertos movimientos nerviosos, pero que no comprometen la seguridad. Sólo hacen la conducción algo más incómoda, aunque una vez que el conductor se acostumbra se puede rodar verdaderamente rápido. Se llega a ver la aguja del velocímetro asomarse por encima de los 200 km/h, aunque no da la sensación de seguridad del coche de mayor batalla, y el ruido del motor en esas circunstancias es muy elevado.

La sonoridad es la misma en el Polo, pero las sensaciones circulando rápido están mucho más suavizadas, con un mayor aplomo y sensación de dominio. La dirección no es un alarde de precisión y las suspensiones producen algún que otro rebote, pero pasa lo mismo que con el Lupo. De ahí no pasa y al poco tiempo da mucha confianza. Y eso que el grado de dureza de las suspensiones está muy bien elegido en los dos. Son firmes, pero se quedan por debajo del punto de incomodidad. Es difícil juzgar una compra como ésta. Los dos tienen precios elevados, pero ofrecen un equipamiento de excepción.

No hay vehículos de estos segmentos con un equipo tan selecto. Los faros de xenón y el ESP son todo un adelanto al resto de las marcas. El Lupo es un bombón que enamora a primera vista, pero hay que firmar un cheque de casi 2,8 millones para que nos den las llaves, con un discreto marchamo GTI. Un coche muy vivo y deportivo, pero muy limitado de tamaño. El Polo es todavía más caro, pero es el más racional de los dos y la diferencia se compensa con un equipo todavía más completo, que incluye la tapicería de cuero, climatizador y asientos calefactables.

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