Ford Mondeo 1.8 16V / Renault Laguna 1.8 16V

Estos dos modelos representan la oferta más equilibrada de sus respectivas gamas de gasolina. Ambos ofrecen unas buenas prestaciones, cuentan con un equipamiento de serie muy completo y tienen un destacado comportamiento dinámico.
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Ford Mondeo 1.8 16V / Renault Laguna 1.8 16V
Ford Mondeo 1.8 16V / Renault Laguna 1.8 16V

En ambos casos nos encontramos con un motor de corte moderno, con culata multiválvula y una potencia de 125 CV para el Mondeo y 123 CV para el Laguna. Con estos valores, aunque más bien habría que decir con estas cifras de par, que es lo que realmente mide la fuerza del motor, no podemos esperar grandes alardes en prestaciones, pero lo cierto es que ninguno se defiende mal a la hora de enfrentarse con la carretera. Renault ha optado por montar unos desarrollos del cambio más bien cortos —la velocidad máxima se obtiene muy por encima del régimen de potencia máxima—, mientras que en Ford se han decantado por unos desarrollos “alemanes”, algo más largos. Esto explica en parte por qué las prestaciones son tan dispares en cuanto a aceleraciones y tan parejas cuando se trata de recuperar desde bajo régimen en las últimas marchas. Si nos fijamos con detalle, el Mondeo consigue sacar al Laguna en el ejercicio de aceleración casi dos segundos en el 0 a 100 km/h, ventaja que conserva al cabo de un kilómetro.

A la hora de los adelantamientos y las recuperaciones, ambos ofrecen unas cifras casi idénticas en todas las mediciones. A la hora de circular, y al margen de lo que indican las cifras obtenidas, lo cierto es que el motor del Laguna resulta algo más "soso" —o suave, según se quiera mirar— que el de su rival alemán. Mientras el Mondeo hace gala de una rapidez destacable para subir de vueltas, al del Laguna parece que le cuesta el traspasar las primeras 3.000 revoluciones. Esto hace que en el modelo francés tendamos más a estirar las marchas hasta la zona alta del cuentarrevoluciones que en su competidor. En cierta medida esta falta de "garra" también está justificada por el hecho de que, mientras que el motor del Mondeo se deja escuchar con claridad desde prácticamente el ralentí, el Laguna cuenta con una sonoridad más baja, lo que enmascara en buena parte la capacidad del motor para subir de vueltas. Los consumos son más reducidos en nuestras mediciones para el Mondeo, con unas cifras que, si bien no son espectaculares, son significativas del buen rendimiento de estos motores. Nuevamente los largos desarrollos en la última marcha tienen su parte de responsabilidad.

En carretera ambos modelos hacen gala de una notable estabilidad y un comportamiento dinámico de primer orden. El terreno donde mejor se desenvuelven es en zonas con asfalto en buenas condiciones y curvas de amplio radio, pero no por ello dejan de ser buenos compañeros de viaje cuando el asfalto se va degradando. El Mondeo cuenta con un bastidor y unas dimensiones de vías y batalla que le confieren una precisión de trazada más que destacable. La presencia de unas suspensiones enfocadas más hacia el confort que hacia la eficacia hacen que en zonas con asfalto rizado se pierda esta calidad de conducción, pero en ningún caso esta circunstancia perjudica el buen comportamiento del coche. El Renault Laguna, en esta nueva generación, sigue contando con un buen equilibrio entre bastidor y suspensiones, algo más firmes estas últimas que en el caso del Mondeo. El Laguna va más asentado en zonas de curvas cerradas y asfalto poco liso, lo que le confiere una mayor velocidad de paso por curva en estas circunstancias. Además, la presencia del control de estabilidad —como parte del equipo de serie en el Laguna y opcional en el Mondeo—, hace que vayamos más confiados y nos ayuda a corregir una buena parte de los errores que podamos tener en nuestra conducción. En cualquiera de los dos casos, el aplomo y fidelidad de trazada cuando se circula a alta velocidad resultan sus características más destacadas. La dirección informa de manera precisa al conductor de lo que sucede entre las ruedas y el suelo, aunque para nuestro gusto está demasiado asistida cuando circulamos rápido. Es común a ambos que los frenos respondan al trabajo duro con una buena efectividad y la presencia del ABS sólo se deja notar en situaciones críticas.

Ford no cuenta con la presencia del acabado Ghia para la versión 1.8, con lo que el equipamiento de serie es ligeramente menor que en el caso del Laguna, que incluso desde el acabado base cuenta con elementos como el ESP, el climatizador o el control automático de presión de los neumáticos. Sin embargo, ambos ofrecen una larga lista de elementos de serie y cuentan con un precio final recomendado por el fabricante muy ajustado. El empate entre ambos modelos está más que justificado, ya que cualquiera de los dos cumple a la perfección con lo que se espera de un modelo de estas características: son cómodos, cuentan con un buen equipamiento de serie y tienen un precio ajustado.

En ambos casos nos encontramos con un motor de corte moderno, con culata multiválvula y una potencia de 125 CV para el Mondeo y 123 CV para el Laguna. Con estos valores, aunque más bien habría que decir con estas cifras de par, que es lo que realmente mide la fuerza del motor, no podemos esperar grandes alardes en prestaciones, pero lo cierto es que ninguno se defiende mal a la hora de enfrentarse con la carretera. Renault ha optado por montar unos desarrollos del cambio más bien cortos —la velocidad máxima se obtiene muy por encima del régimen de potencia máxima—, mientras que en Ford se han decantado por unos desarrollos “alemanes”, algo más largos. Esto explica en parte por qué las prestaciones son tan dispares en cuanto a aceleraciones y tan parejas cuando se trata de recuperar desde bajo régimen en las últimas marchas. Si nos fijamos con detalle, el Mondeo consigue sacar al Laguna en el ejercicio de aceleración casi dos segundos en el 0 a 100 km/h, ventaja que conserva al cabo de un kilómetro.

A la hora de los adelantamientos y las recuperaciones, ambos ofrecen unas cifras casi idénticas en todas las mediciones. A la hora de circular, y al margen de lo que indican las cifras obtenidas, lo cierto es que el motor del Laguna resulta algo más "soso" —o suave, según se quiera mirar— que el de su rival alemán. Mientras el Mondeo hace gala de una rapidez destacable para subir de vueltas, al del Laguna parece que le cuesta el traspasar las primeras 3.000 revoluciones. Esto hace que en el modelo francés tendamos más a estirar las marchas hasta la zona alta del cuentarrevoluciones que en su competidor. En cierta medida esta falta de "garra" también está justificada por el hecho de que, mientras que el motor del Mondeo se deja escuchar con claridad desde prácticamente el ralentí, el Laguna cuenta con una sonoridad más baja, lo que enmascara en buena parte la capacidad del motor para subir de vueltas. Los consumos son más reducidos en nuestras mediciones para el Mondeo, con unas cifras que, si bien no son espectaculares, son significativas del buen rendimiento de estos motores. Nuevamente los largos desarrollos en la última marcha tienen su parte de responsabilidad.

En carretera ambos modelos hacen gala de una notable estabilidad y un comportamiento dinámico de primer orden. El terreno donde mejor se desenvuelven es en zonas con asfalto en buenas condiciones y curvas de amplio radio, pero no por ello dejan de ser buenos compañeros de viaje cuando el asfalto se va degradando. El Mondeo cuenta con un bastidor y unas dimensiones de vías y batalla que le confieren una precisión de trazada más que destacable. La presencia de unas suspensiones enfocadas más hacia el confort que hacia la eficacia hacen que en zonas con asfalto rizado se pierda esta calidad de conducción, pero en ningún caso esta circunstancia perjudica el buen comportamiento del coche. El Renault Laguna, en esta nueva generación, sigue contando con un buen equilibrio entre bastidor y suspensiones, algo más firmes estas últimas que en el caso del Mondeo. El Laguna va más asentado en zonas de curvas cerradas y asfalto poco liso, lo que le confiere una mayor velocidad de paso por curva en estas circunstancias. Además, la presencia del control de estabilidad —como parte del equipo de serie en el Laguna y opcional en el Mondeo—, hace que vayamos más confiados y nos ayuda a corregir una buena parte de los errores que podamos tener en nuestra conducción. En cualquiera de los dos casos, el aplomo y fidelidad de trazada cuando se circula a alta velocidad resultan sus características más destacadas. La dirección informa de manera precisa al conductor de lo que sucede entre las ruedas y el suelo, aunque para nuestro gusto está demasiado asistida cuando circulamos rápido. Es común a ambos que los frenos respondan al trabajo duro con una buena efectividad y la presencia del ABS sólo se deja notar en situaciones críticas.

Ford no cuenta con la presencia del acabado Ghia para la versión 1.8, con lo que el equipamiento de serie es ligeramente menor que en el caso del Laguna, que incluso desde el acabado base cuenta con elementos como el ESP, el climatizador o el control automático de presión de los neumáticos. Sin embargo, ambos ofrecen una larga lista de elementos de serie y cuentan con un precio final recomendado por el fabricante muy ajustado. El empate entre ambos modelos está más que justificado, ya que cualquiera de los dos cumple a la perfección con lo que se espera de un modelo de estas características: son cómodos, cuentan con un buen equipamiento de serie y tienen un precio ajustado.

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