Ford Mondeo 2.0 16V / Opel Vectra 2.2 16V / Volkswagen Passat 1.8 T

No todo es Diesel en las berlinas medias. He aquí tres ejemplos que compiten entre ellos y con sus propios hermanos alimentados por gasóleo. Buenas alternativas para todos aquellos fieles a la suavidad de giro de los motores de explosión.
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Ford Mondeo 2.0 16V / Opel Vectra 2.2 16V / Volkswagen Passat 1.8 T
Ford Mondeo 2.0 16V / Opel Vectra 2.2 16V / Volkswagen Passat 1.8 T

En este segmento el Diesel acapara en torno al 80 por ciento de las ventas dependiendo del modelo. Tienen la ventaja de un consumo menor y un precio de combustible más económico que la gasolina. Además, las actuales mecánicas sobrealimentadas proporcionan más par a medio régimen que los motores de gasolina, transmitiendo una sensación de mayor reserva de aceleración, que se traduce en la práctica en mejores recuperaciones en términos generales.

Pero también resultan más ruidosos y con mayores vibraciones al ralentí. Con un sonido menos agradable que un gasolina, que gira más redondo y en silencio. Y para los que aprecian esa suavidad y refinamiento, disfrutan subiendo el motor de vueltas en la entrega progresiva y lineal de potencia y no necesitan imperiosamente las ventajas del ahorro de combustible, están estas versiones de gasolina. Motores que no son los más deportivos ni prestacionales de la gama, por lo que juegan precisamente el papel de alternativa al Diesel.

El Opel es el que recurre a la mayor cilindrada, con el motor 2.2 que también se monta en los Astra, Zafira y Frontera. Sin embargo, no la aprovecha para obtener unas buenas prestaciones. Al contrario, es el peor de los tres frente al cronómetro y con cifras tan sólo discretas. Es algo que se nota incluso al ponerse al volante. La sensación es de un motor sin carácter, sin demasiados bajos, pero tampoco con una parte final explosiva que compense lo anterior.

Resulta bastante lineal, pero insulso. Una pena, pues los motores de gasolina de Opel siempre habían sido de los mejores, pero poco a poco las normas anticontaminantes los han ido “matando” en cuanto a garra. Ni siquiera se puede achacar a unos desarrollos largos, porque están compensados e incluso son más cortos que los del Passat. Sencillamente no se aprovecha el potencial que se podría desprender de su cilindrada. Rodando por autovía hay que recurrir a marchas inferiores para mantener cruceros altos en caso de subidas. El nivel sonoro en estas circunstancias queda bastante contenido y aunque las cifras de sonoridad resultan muy parejas a las del Mondeo, lo cierto es que el Vectra sólo suena en marchas cortas cuando se aprovecha todo el régimen de giro. A velocidad mantenida resulta muy agradable.

El Ford dispone de un motor 2 litros que ahora también monta el Mazda6. Tampoco es un motor especialmente brillante, pero al menos se le nota más brío que al de Opel, aunque también más ruidoso y con sonido y tacto más áspero. Acelera mejor que el Opel, pero se igualan en recuperaciones y adelantamientos. La diferencia principal entre ambos está en que en el Ford se obtiene mejor respuesta al acelerador, con una sensación instantánea de mayor potencia.

El Passat parte de un motor menor —de sólo 1,8 litros— pero ayudado por un turbo que proporciona lo que se echa en falta en el Vectra y en menor medida en el Ford: fuerza en la respuesta. Los 150 CV oficiales se convierten en 164 CV reales cuando lo medimos en el banco de potencia, lo que significa unos 22 CV más que sus rivales. Evidentemente no hay color, el Passat los supera en todas las mediciones y sensaciones. Y es que mientras los otros dos motores no son especialmente brillantes, el 1.8T de Volkswagen siempre ha destacado por la suavidad y la fuerza en la entrega de potencia. Esto le permite un rodar más desahogado por vías rápidas, donde no es necesario recurrir tanto al cambio. El consumo debería ser otro cantar, pero gracias a su alta compresión, desarrollos largos y menor cilindrada, a ritmos tranquilos mejora el de los atmosféricos, incluso en ciudad.

Donde los tres merecen un sobresaliente es en el comportamiento ¡A qué nivel se han puesto las berlinas! En este último Vectra, Opel ha progresado en bastidores y más que dar un paso adelante, parece que ha hecho una caminata. Ahora las suspensiones absorben bien las ondulaciones de la autovía y han desaparecido los movimientos verticales parásitos. Pisa bien y resulta preciso y fácil de llevar. En carreteras más lentas nos sorprende gratamente por una eficacia desconocida hasta el momento en una berlina de la marca. Se ha aprovechado la presencia del ESP —no desconectable— para dar mayor protagonismo al eje trasero, con lo que se ha ganado en agilidad. Se puede jugar con él y divertirse en un tramo de curvas por muy berlina que sea. El ESP entra con suavidad salvo errores de bulto y permite casi todo sin ni siquiera advertir de su presencia con parpadeos del testigo, salvo cuando entra el control de tracción. El cambio no acompaña pues resulta lento e impreciso, pero la confianza en el bastidor es total. Pero ojo, el entusiasmo y el abuso de este tipo de conducción puede dar lugar a errores en el sistema de ESP y ABS, en concreto en el sensor de rueda del ABS, que avisa con el encendido de los testigos naranjas del cuadro. En tal situación puede llegar a dejar de funcionar hasta el repartidor electrónico de frenada, con la consecuente facilidad para bloquear las ruedas traseras en una frenada media o fuerte. Dada la importancia de tal avería, cuando menos debería señalarse con más insistencia: luces rojas parpadeantes y avisos acústicos.

En este segmento el Diesel acapara en torno al 80 por ciento de las ventas dependiendo del modelo. Tienen la ventaja de un consumo menor y un precio de combustible más económico que la gasolina. Además, las actuales mecánicas sobrealimentadas proporcionan más par a medio régimen que los motores de gasolina, transmitiendo una sensación de mayor reserva de aceleración, que se traduce en la práctica en mejores recuperaciones en términos generales.

Pero también resultan más ruidosos y con mayores vibraciones al ralentí. Con un sonido menos agradable que un gasolina, que gira más redondo y en silencio. Y para los que aprecian esa suavidad y refinamiento, disfrutan subiendo el motor de vueltas en la entrega progresiva y lineal de potencia y no necesitan imperiosamente las ventajas del ahorro de combustible, están estas versiones de gasolina. Motores que no son los más deportivos ni prestacionales de la gama, por lo que juegan precisamente el papel de alternativa al Diesel.

El Opel es el que recurre a la mayor cilindrada, con el motor 2.2 que también se monta en los Astra, Zafira y Frontera. Sin embargo, no la aprovecha para obtener unas buenas prestaciones. Al contrario, es el peor de los tres frente al cronómetro y con cifras tan sólo discretas. Es algo que se nota incluso al ponerse al volante. La sensación es de un motor sin carácter, sin demasiados bajos, pero tampoco con una parte final explosiva que compense lo anterior.

Resulta bastante lineal, pero insulso. Una pena, pues los motores de gasolina de Opel siempre habían sido de los mejores, pero poco a poco las normas anticontaminantes los han ido “matando” en cuanto a garra. Ni siquiera se puede achacar a unos desarrollos largos, porque están compensados e incluso son más cortos que los del Passat. Sencillamente no se aprovecha el potencial que se podría desprender de su cilindrada. Rodando por autovía hay que recurrir a marchas inferiores para mantener cruceros altos en caso de subidas. El nivel sonoro en estas circunstancias queda bastante contenido y aunque las cifras de sonoridad resultan muy parejas a las del Mondeo, lo cierto es que el Vectra sólo suena en marchas cortas cuando se aprovecha todo el régimen de giro. A velocidad mantenida resulta muy agradable.

El Ford dispone de un motor 2 litros que ahora también monta el Mazda6. Tampoco es un motor especialmente brillante, pero al menos se le nota más brío que al de Opel, aunque también más ruidoso y con sonido y tacto más áspero. Acelera mejor que el Opel, pero se igualan en recuperaciones y adelantamientos. La diferencia principal entre ambos está en que en el Ford se obtiene mejor respuesta al acelerador, con una sensación instantánea de mayor potencia.

El Passat parte de un motor menor —de sólo 1,8 litros— pero ayudado por un turbo que proporciona lo que se echa en falta en el Vectra y en menor medida en el Ford: fuerza en la respuesta. Los 150 CV oficiales se convierten en 164 CV reales cuando lo medimos en el banco de potencia, lo que significa unos 22 CV más que sus rivales. Evidentemente no hay color, el Passat los supera en todas las mediciones y sensaciones. Y es que mientras los otros dos motores no son especialmente brillantes, el 1.8T de Volkswagen siempre ha destacado por la suavidad y la fuerza en la entrega de potencia. Esto le permite un rodar más desahogado por vías rápidas, donde no es necesario recurrir tanto al cambio. El consumo debería ser otro cantar, pero gracias a su alta compresión, desarrollos largos y menor cilindrada, a ritmos tranquilos mejora el de los atmosféricos, incluso en ciudad.

Donde los tres merecen un sobresaliente es en el comportamiento ¡A qué nivel se han puesto las berlinas! En este último Vectra, Opel ha progresado en bastidores y más que dar un paso adelante, parece que ha hecho una caminata. Ahora las suspensiones absorben bien las ondulaciones de la autovía y han desaparecido los movimientos verticales parásitos. Pisa bien y resulta preciso y fácil de llevar. En carreteras más lentas nos sorprende gratamente por una eficacia desconocida hasta el momento en una berlina de la marca. Se ha aprovechado la presencia del ESP —no desconectable— para dar mayor protagonismo al eje trasero, con lo que se ha ganado en agilidad. Se puede jugar con él y divertirse en un tramo de curvas por muy berlina que sea. El ESP entra con suavidad salvo errores de bulto y permite casi todo sin ni siquiera advertir de su presencia con parpadeos del testigo, salvo cuando entra el control de tracción. El cambio no acompaña pues resulta lento e impreciso, pero la confianza en el bastidor es total. Pero ojo, el entusiasmo y el abuso de este tipo de conducción puede dar lugar a errores en el sistema de ESP y ABS, en concreto en el sensor de rueda del ABS, que avisa con el encendido de los testigos naranjas del cuadro. En tal situación puede llegar a dejar de funcionar hasta el repartidor electrónico de frenada, con la consecuente facilidad para bloquear las ruedas traseras en una frenada media o fuerte. Dada la importancia de tal avería, cuando menos debería señalarse con más insistencia: luces rojas parpadeantes y avisos acústicos.

En este segmento el Diesel acapara en torno al 80 por ciento de las ventas dependiendo del modelo. Tienen la ventaja de un consumo menor y un precio de combustible más económico que la gasolina. Además, las actuales mecánicas sobrealimentadas proporcionan más par a medio régimen que los motores de gasolina, transmitiendo una sensación de mayor reserva de aceleración, que se traduce en la práctica en mejores recuperaciones en términos generales.

Pero también resultan más ruidosos y con mayores vibraciones al ralentí. Con un sonido menos agradable que un gasolina, que gira más redondo y en silencio. Y para los que aprecian esa suavidad y refinamiento, disfrutan subiendo el motor de vueltas en la entrega progresiva y lineal de potencia y no necesitan imperiosamente las ventajas del ahorro de combustible, están estas versiones de gasolina. Motores que no son los más deportivos ni prestacionales de la gama, por lo que juegan precisamente el papel de alternativa al Diesel.

El Opel es el que recurre a la mayor cilindrada, con el motor 2.2 que también se monta en los Astra, Zafira y Frontera. Sin embargo, no la aprovecha para obtener unas buenas prestaciones. Al contrario, es el peor de los tres frente al cronómetro y con cifras tan sólo discretas. Es algo que se nota incluso al ponerse al volante. La sensación es de un motor sin carácter, sin demasiados bajos, pero tampoco con una parte final explosiva que compense lo anterior.

Resulta bastante lineal, pero insulso. Una pena, pues los motores de gasolina de Opel siempre habían sido de los mejores, pero poco a poco las normas anticontaminantes los han ido “matando” en cuanto a garra. Ni siquiera se puede achacar a unos desarrollos largos, porque están compensados e incluso son más cortos que los del Passat. Sencillamente no se aprovecha el potencial que se podría desprender de su cilindrada. Rodando por autovía hay que recurrir a marchas inferiores para mantener cruceros altos en caso de subidas. El nivel sonoro en estas circunstancias queda bastante contenido y aunque las cifras de sonoridad resultan muy parejas a las del Mondeo, lo cierto es que el Vectra sólo suena en marchas cortas cuando se aprovecha todo el régimen de giro. A velocidad mantenida resulta muy agradable.

El Ford dispone de un motor 2 litros que ahora también monta el Mazda6. Tampoco es un motor especialmente brillante, pero al menos se le nota más brío que al de Opel, aunque también más ruidoso y con sonido y tacto más áspero. Acelera mejor que el Opel, pero se igualan en recuperaciones y adelantamientos. La diferencia principal entre ambos está en que en el Ford se obtiene mejor respuesta al acelerador, con una sensación instantánea de mayor potencia.

El Passat parte de un motor menor —de sólo 1,8 litros— pero ayudado por un turbo que proporciona lo que se echa en falta en el Vectra y en menor medida en el Ford: fuerza en la respuesta. Los 150 CV oficiales se convierten en 164 CV reales cuando lo medimos en el banco de potencia, lo que significa unos 22 CV más que sus rivales. Evidentemente no hay color, el Passat los supera en todas las mediciones y sensaciones. Y es que mientras los otros dos motores no son especialmente brillantes, el 1.8T de Volkswagen siempre ha destacado por la suavidad y la fuerza en la entrega de potencia. Esto le permite un rodar más desahogado por vías rápidas, donde no es necesario recurrir tanto al cambio. El consumo debería ser otro cantar, pero gracias a su alta compresión, desarrollos largos y menor cilindrada, a ritmos tranquilos mejora el de los atmosféricos, incluso en ciudad.

Donde los tres merecen un sobresaliente es en el comportamiento ¡A qué nivel se han puesto las berlinas! En este último Vectra, Opel ha progresado en bastidores y más que dar un paso adelante, parece que ha hecho una caminata. Ahora las suspensiones absorben bien las ondulaciones de la autovía y han desaparecido los movimientos verticales parásitos. Pisa bien y resulta preciso y fácil de llevar. En carreteras más lentas nos sorprende gratamente por una eficacia desconocida hasta el momento en una berlina de la marca. Se ha aprovechado la presencia del ESP —no desconectable— para dar mayor protagonismo al eje trasero, con lo que se ha ganado en agilidad. Se puede jugar con él y divertirse en un tramo de curvas por muy berlina que sea. El ESP entra con suavidad salvo errores de bulto y permite casi todo sin ni siquiera advertir de su presencia con parpadeos del testigo, salvo cuando entra el control de tracción. El cambio no acompaña pues resulta lento e impreciso, pero la confianza en el bastidor es total. Pero ojo, el entusiasmo y el abuso de este tipo de conducción puede dar lugar a errores en el sistema de ESP y ABS, en concreto en el sensor de rueda del ABS, que avisa con el encendido de los testigos naranjas del cuadro. En tal situación puede llegar a dejar de funcionar hasta el repartidor electrónico de frenada, con la consecuente facilidad para bloquear las ruedas traseras en una frenada media o fuerte. Dada la importancia de tal avería, cuando menos debería señalarse con más insistencia: luces rojas parpadeantes y avisos acústicos.

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