Subaru Impreza GX 2.0 / Subaru Impreza GX 2.0 SW

Las versiones básicas del Subaru Impreza, tanto berlina como familiar, combinan motores de potencia y respuesta discretas con la tracción total permanente. Esto les proporciona parte de esa personalidad que hace de los Subaru unos vehículos especiales y distintos a lo habitual del segmento.
Autopista -
Subaru Impreza GX 2.0 / Subaru Impreza GX 2.0 SW
Subaru Impreza GX 2.0 / Subaru Impreza GX 2.0 SW

Los Subaru son diferentes. En general esto vale para toda la oferta, —basta pensar en el Outback o el Forester— pero incluso en el Impreza, que es de los "normalitos", no hay más que ver la extraña originalidad de sus líneas con el último cambio de "look", con faros delanteros y trazos generales de aspecto muy personal. Pero además hay que añadir la presencia de la tracción total en todos su modelos, sin olvidar el recurso a los motores "planos" de cilindros opuestos.

Además, los Impreza, en concreto, tienen un tamaño que se ha quedado entre medias de los habituales segmentos. Como remate, las formas bulbosas de la berlina, con aletines ensanchados y faros auxiliares de niebla de tamaño desmesurado, tienen parentesco con el del Mundial de Rallyes. Hay que fijarse mucho para darse cuenta de que la berlina, con turbo que sirve de base al coche de carreras, es 35 mm más ancha, precisamente por los aletines que no tiene el familiar, y con 5 mm más de altura al suelo.

Si la línea exterior resulta chocante, la puerta sin marco que nos invita a entrar sigue esa misma tónica, ya que apenas se recurre a esta solución en coches de cuatro puertas. Lo que nos espera en el interior defrauda un poco. Las dos versiones, berlina y familiar, apenas se distinguen. La habitabilidad en los dos es regular en la parte destinada a las piernas de los pasajeros traseros, sin excesiva anchura ni delante ni detrás y un maletero aceptable en la berlina y algo más pequeño en el familiar, aunque lógicamente con mayor versatilidad por su portón y los asientos abatibles. Como siempre, hay que tener en cuenta que la tracción total siempre roba un poco de espacio en la altura del maletero.

Los materiales y el diseño se han quedado anticuados para los tiempos que corren y el volante resulta demasiado grande y con un plástico de tacto pobre. Sólo dispone de regulación en altura y se queda corta porque, según complexiones, puede quedar demasiado cerca del cuerpo. Herencias de las posturas de rallye. Por la misma razón hereditaria se beneficia de unos asientos impecables por sujeción lateral, materiales y mullido. Los plásticos de la consola central junto a los asientos, dan sensación de fragilidad y esto se repite en la palanca de cambios y los pedales. De hecho, una vez en marcha ni el tacto del cambio ni el de cualquiera de los pedales da la sensación de solidez. Al cambio le falta precisión y rapidez cuando queremos moverlo deprisa. Los frenos se calientan con uso abusivo y se pierde sensación en el pedal. Por su parte el embrague resulta suave, demasiado suave para tener que regular la transición del giro del motor a las cuatro ruedas, con todas sus transmisiones y resistencias intermedias. Algo perceptible en forma de freno que muestran al iniciar el movimiento.

Los Subaru son diferentes. En general esto vale para toda la oferta, —basta pensar en el Outback o el Forester— pero incluso en el Impreza, que es de los "normalitos", no hay más que ver la extraña originalidad de sus líneas con el último cambio de "look", con faros delanteros y trazos generales de aspecto muy personal. Pero además hay que añadir la presencia de la tracción total en todos su modelos, sin olvidar el recurso a los motores "planos" de cilindros opuestos.

Además, los Impreza, en concreto, tienen un tamaño que se ha quedado entre medias de los habituales segmentos. Como remate, las formas bulbosas de la berlina, con aletines ensanchados y faros auxiliares de niebla de tamaño desmesurado, tienen parentesco con el del Mundial de Rallyes. Hay que fijarse mucho para darse cuenta de que la berlina, con turbo que sirve de base al coche de carreras, es 35 mm más ancha, precisamente por los aletines que no tiene el familiar, y con 5 mm más de altura al suelo.

Si la línea exterior resulta chocante, la puerta sin marco que nos invita a entrar sigue esa misma tónica, ya que apenas se recurre a esta solución en coches de cuatro puertas. Lo que nos espera en el interior defrauda un poco. Las dos versiones, berlina y familiar, apenas se distinguen. La habitabilidad en los dos es regular en la parte destinada a las piernas de los pasajeros traseros, sin excesiva anchura ni delante ni detrás y un maletero aceptable en la berlina y algo más pequeño en el familiar, aunque lógicamente con mayor versatilidad por su portón y los asientos abatibles. Como siempre, hay que tener en cuenta que la tracción total siempre roba un poco de espacio en la altura del maletero.

Los materiales y el diseño se han quedado anticuados para los tiempos que corren y el volante resulta demasiado grande y con un plástico de tacto pobre. Sólo dispone de regulación en altura y se queda corta porque, según complexiones, puede quedar demasiado cerca del cuerpo. Herencias de las posturas de rallye. Por la misma razón hereditaria se beneficia de unos asientos impecables por sujeción lateral, materiales y mullido. Los plásticos de la consola central junto a los asientos, dan sensación de fragilidad y esto se repite en la palanca de cambios y los pedales. De hecho, una vez en marcha ni el tacto del cambio ni el de cualquiera de los pedales da la sensación de solidez. Al cambio le falta precisión y rapidez cuando queremos moverlo deprisa. Los frenos se calientan con uso abusivo y se pierde sensación en el pedal. Por su parte el embrague resulta suave, demasiado suave para tener que regular la transición del giro del motor a las cuatro ruedas, con todas sus transmisiones y resistencias intermedias. Algo perceptible en forma de freno que muestran al iniciar el movimiento.

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