Seat León 1.9 TDi Sport / Volkswagen Golf 1.9 TDi Highline

En cuanto a su aspecto exterior o interior poco o nada tienen que ver. Pero, en sus entrañas, motor, cambio, suspensión, vías, frenos e, incluso, ruedas son como dos gotas de agua. El duelo está servido. ¿Qué es mejor, el Golf de siempre o todo un Golf con el logotipo de Seat?
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Seat León 1.9 TDi Sport / Volkswagen Golf 1.9 TDi Highline
Seat León 1.9 TDi Sport / Volkswagen Golf 1.9 TDi Highline

El Seat se ofrece desde poco más de 2,6 millones de pesetas (acabado Signo), aunque la variante que probamos y pone en jaque al poderoso Golf es la Sport, que por poco más de tres millones se ofrece equipado a tope, con climatizador y airbags laterales incluidos de serie. Como principal opción a tener en cuenta, el siempre recomendable control de estabilidad ESP por 85.000 pesetas, opción que llevaba nuestro León de pruebas y que no nos cansaremos de recomendar, aunque suponga un esfuerzo extra. El León tiene un precio 356.000 pesetas inferior al del Golf. Y, a igualdad de equipamiento, la oferta es incluso mejor para el León, pues el Golf necesitaría el climatizador, que son 53.000 pesetas a añadir, y los airbags laterales (otras 58.000) para igualar el equipamiento. En principio no resultaría fácil decidir entre dos coches tan semejantes, pero atendiendo al precio y al equipamiento no hay lugar a dudas: nos quedamos con el León.

No van mal, pero son fácilmente mejorables. Sin duda, aquí el León se desmarca ligeramente con un comportamiento más estable y rígido, en definitiva, más acorde al nivel de sus prestaciones y con su noble apellido «Sport», aunque el TDi también se ofrece en el León con acabados Stella y el lujoso Signo. La única diferencia, en este caso a favor del español, es que lleva unas barras estabilizadoras de mayor grosor y una definición de los conjuntos muelle-amortiguador algo más rígidos que los del Golf. Si analizamos el aplomo del bastidor, la verdad es que es el apartado donde menos nota sacarían. El Golf es muy blando y también muy cómodo, si no se pretende ir rápido nunca. Se tumba en las curvas y, aunque es estable y noble de reacciones, en zona virada no se encuentra en su mejor superficie. Con el León se aprecia cierta mejoría, pero la larga y blanda extensión de la suspensión tampoco es la más adecuada, aunque si tenemos que elegir nos quedamos con la definición de suspensión del León. El Seat es un duro rival para la referencia germana. A igualdad de motor, el modelo español no mejora en prestaciones (y siempre hay que tener en cuenta que entre dos unidades del mismo modelo puede haber diferencia de caballos), pero es más ágil, más limpio y divertido de conducir. El León se encuentra un escalón por debajo del Golf. No por dimensiones, pues este es algo más largo, ni por aplomo del bastidor, pero sí por imagen, donde el Volkswagen sigue teniendo la aureola de mito. Y esta es la principal causa de que también esté por debajo en precio.

El Seat se ofrece desde poco más de 2,6 millones de pesetas (acabado Signo), aunque la variante que probamos y pone en jaque al poderoso Golf es la Sport, que por poco más de tres millones se ofrece equipado a tope, con climatizador y airbags laterales incluidos de serie. Como principal opción a tener en cuenta, el siempre recomendable control de estabilidad ESP por 85.000 pesetas, opción que llevaba nuestro León de pruebas y que no nos cansaremos de recomendar, aunque suponga un esfuerzo extra. El León tiene un precio 356.000 pesetas inferior al del Golf. Y, a igualdad de equipamiento, la oferta es incluso mejor para el León, pues el Golf necesitaría el climatizador, que son 53.000 pesetas a añadir, y los airbags laterales (otras 58.000) para igualar el equipamiento. En principio no resultaría fácil decidir entre dos coches tan semejantes, pero atendiendo al precio y al equipamiento no hay lugar a dudas: nos quedamos con el León.

No van mal, pero son fácilmente mejorables. Sin duda, aquí el León se desmarca ligeramente con un comportamiento más estable y rígido, en definitiva, más acorde al nivel de sus prestaciones y con su noble apellido «Sport», aunque el TDi también se ofrece en el León con acabados Stella y el lujoso Signo. La única diferencia, en este caso a favor del español, es que lleva unas barras estabilizadoras de mayor grosor y una definición de los conjuntos muelle-amortiguador algo más rígidos que los del Golf. Si analizamos el aplomo del bastidor, la verdad es que es el apartado donde menos nota sacarían. El Golf es muy blando y también muy cómodo, si no se pretende ir rápido nunca. Se tumba en las curvas y, aunque es estable y noble de reacciones, en zona virada no se encuentra en su mejor superficie. Con el León se aprecia cierta mejoría, pero la larga y blanda extensión de la suspensión tampoco es la más adecuada, aunque si tenemos que elegir nos quedamos con la definición de suspensión del León. El Seat es un duro rival para la referencia germana. A igualdad de motor, el modelo español no mejora en prestaciones (y siempre hay que tener en cuenta que entre dos unidades del mismo modelo puede haber diferencia de caballos), pero es más ágil, más limpio y divertido de conducir. El León se encuentra un escalón por debajo del Golf. No por dimensiones, pues este es algo más largo, ni por aplomo del bastidor, pero sí por imagen, donde el Volkswagen sigue teniendo la aureola de mito. Y esta es la principal causa de que también esté por debajo en precio.

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