Audi TT Coupé 3.2 quattro DSG

Pocos llaman la atención como él. Ahora, con cambio manual automatizado DSG y un exterior más agresivo, provoca que las miradas se transformen en una expresión de (sana) envidia.
Autopista -
Audi TT Coupé 3.2 quattro DSG
Audi TT Coupé 3.2 quattro DSG

Audi ha desarrollado una transmisión muy elaborada tecnológicamente a partir de una caja de cambios manual con seis velocidades y tres árboles, en la que es posible obtener una gran variabilidad al definir las relaciones. Un embrague multidisco doble, gestionado de forma electrohidráulica, permite mantener introducidas dos marchas al mismo tiempo. Cuando el coche alcanza el punto óptimo para cambiar a la siguiente velocidad, ésta queda preseleccionada, aunque el embrague no opera. El proceso de cambio activa el embrague de la relación preseleccionada y detiene, al mismo tiempo, el otro. El paso de una marcha a otra se realiza en 2 décimas de segundo, manteniendo un flujo permanente de potencia y tracción.

Con este tipo de transmisión se pueden realizar distintos modos de arranque. Los embragues multidisco se ajustan de diferentes formas y permiten iniciar suavemente la marcha en una superficie deslizante o llevar a cabo una salida deportiva, con una gran aceleración. Entre estos extremos, cualquier comportamiento es posible, asegura Audi.

Precisamente, esta salida rápida será la que más nos traslade al mundo de la competición, de donde se ha importado este cambio. Para activar este sistema, habrá que desconectar el ESP y llevar la palanca a la posición “S”. Al acelerar a fondo, el motor alcanzará su par máximo. Será entonces cuando soltaremos el freno y el vehículo arrancará empleando toda su potencia y “domándola”, a la vez, con la tracción quattro.

Aunque el DSG no apareció en los vehículos de serie hasta el año pasado, lo cierto es que en 1985 ya fue utilizado en el Audi Sport quattro, pilotado por Walter Röhrl. La eficacia del sistema se comprobó en la siguiente versión de este coche, la S1, que obtuvo el triunfo en la exigente prueba estadounidense Pike’s Peak.

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p> Buena parte de la tecnología empleada en esta transmisión se ha colocado en la parte superior de la carcasa del cambio. Allí se encuentran las unidades de gestión electrónica y control electrohidráulico, a las que llegan todas las señales emitidas por 12 sensores independientes. Así, se procesan junto a las informaciones dinámicas proporcionadas por el sistema de multiplexado CAN y se calculan las señales de pilotaje de los diversos actuadores. Unas electroválvulas especiales ajustan la presión exacta de los embragues y, después, se acciona el mecanismo de conexión de marchas. La electrónica también establece qué relación debe ser preseleccionada.

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p> El control de cambio consta de un sistema en el que no se usan elementos mecánicos de unión entre la palanca selectora y la caja de cambios. En su lugar, se emplea una conexión electrónica.

Con tal cantidad de tecnología puesta a disposición del automovilista, la conducción se convierte en un juego; no sólo por su facilidad, sino también por la diversión que proporciona. Si el TT DSG ya es más que interesante en las autopistas, resulta evidente que en los tramos enredados, donde los cambios de marcha son más frecuentes, el disfrute de su buen hacer será máximo.

Aunque nos equivoquemos a la hora de pasar de una relación a otra (es decir, si subimos una marcha por error, cuando lo que pretendíamos era bajarla, o viceversa), la transmisión digerirá sin rechistar tanto el error como la corrección posterior. Así, es fácil mantener un ritmo constante y lanzarse de una curva a otra impulsados por un motor cuyas sensaciones no quedan en absoluto amortiguadas por el cambio automatizado.

Enseguida notaremos que la capacidad del propulsor para subir de vueltas es más que notable, lo que facilita unas recuperaciones rápidas. Las prestaciones se ajustan bastante a lo esperado; no llegan a ser las anunciadas por la marca (que señala un paso de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos), pero tampoco están lejos de éstas. Según nuestro Centro Técnico, necesita 7,3 segundos para alcanzar los 100 km/h desde parado.

La capacidad de aceleración del vehículo quedará –por increíble que parezca- en un segundo plano cuando notemos el aplomo y la estabilidad de los que este Audi presume al afrontar los giros. Es evidente que, gracias a la potencia almacenada bajo el capó, el paso por curva puede realizarse a velocidades altas, pero será la confianza que transmiten la tracción total y la firme suspensión la que nos lleve a imprimir un ritmo muy vivo a nuestra marcha. Eso sí, este comportamiento se pagará en forma de consumos: aunque la marca anuncia un gasto medio de 9,8 litros/100 kilómetros, esta cifra sube hasta los 10,8 l/100 km según los datos de nuestro Centro Técnico.

El propulsor de 250 CV ha obligado a modificar la suspensión del TT, un vehículo que ya antes transmitía una sensación de aplomo muy acusada gracias a su limitada altura al suelo. Ahora, los amortiguadores son más firmes y el diámetro de las barras estabilizadoras es mayor, mientras que los neumáticos adoptan una medida de 225/45 y se montan sobre una llanta de 17 ó 18 pulgadas (esta última, opcional): la impresión de estabilidad está asegurada. Si se produce algún exceso de confianza, el ESP, la regulación antipatinaje ASR y el ABS se encargarán de que las aguas vuelvan a su cauce.

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