Audi TT Coupé 3.2 quattro DSG

Pocos llaman la atención como él. Ahora, con cambio manual automatizado DSG y un exterior más agresivo, provoca que las miradas se transformen en una expresión de (sana) envidia.
Autopista -
Audi TT Coupé 3.2 quattro DSG
Audi TT Coupé 3.2 quattro DSG

Es muy similar al resto de los Audi TT y, sin embargo, los pequeños detalles que lo diferencian captan la atención de peatones y conductores. Rápidamente, se dan cuenta de que no están ante un TT convencional: entradas de aire más grandes y “branquias” en el paragolpes delantero, una salida con diseño de panel de nido abeja y un nuevo alerón en la zaga... El conjunto da como resultado -no se le escapa a nadie- una imagen más dinámica y agresiva que la que este modelo tiene normalmente.

Es entonces cuando la expectación que provoca este Audi se transforma en una expresión de “¡Menudo coche!”. En los semáforos, con cara de entusiasmo, otros conductores nos han consultado toda suerte de datos sobre este TT: potencia, cilindrada, manejo... La pregunta más repetida, que resumía todas las demás, fue “¿corre mucho?”.

Pues sí, corre mucho. No podía ser de otra manera, con un motor de seis cilindros en V, 3.200 cm3, 250 CV y el sistema de tracción total quattro, que permite inscribirse en las curvas a un ritmo asombroso. El propulsor reacciona inmediatamente a los requerimientos del acelerador gracias al dispositivo de control empleado para accionar la válvula de la mariposa, mientras deja escapar un sonido ronco que hará las delicias de los amantes de la deportividad. Esta rumorosidad no resulta molesta ni se cuela en exceso en el habitáculo, incluso aunque se llegue a la zona alta del cuentavueltas. Una válvula, presente en el sistema de escape de dos vías, se cierra dependiendo del número de revoluciones que alcance la mecánica, influyendo así en la acústica.

Ni que decir tiene que el ritmo que se puede llevar en carreteras amplias es elevado. Sin embargo, la estabilidad del vehículo y su cómodo manejo nos harán pensar que, en realidad, rodamos más despacio de lo que marca el velocímetro. ¿Adelantamientos comprometidos? Apenas existen. ¿Cuestas? ¿Qué cuestas? Un chasis aplomado y un innovador sistema de transmisión de seis marchas se encargan de digerir el derroche de potencia que este deportivo “de raza” pone a nuestra disposición.

A diferencia de éste, el del Audi no puede regular su velocidad de cambio, aunque, cuando el manejo es automático, se puede escoger entre un programa normal y otro deportivo, que permite al motor subir hasta la zona alta del cuentarrevoluciones antes de pasar a una marcha superior y acorta los tiempos a la hora de reducir. Lo cierto es que esta diferencia en los intervalos se nota poco; resulta más apreciable el ruido que llega al habitáculo cada vez que apura las relaciones.

Aunque este sistema resulta muy cómodo, la mayoría de los compradores del TT DSG preferirán emplear el modo manual. A éste se accede en cualquier momento, desplazando la palanca desde la posición “D” hacia la derecha o accionando las levas situadas a ambos lados del volante. No nos cansaremos de cantar las alabanzas de estos elementos, que dan al vehículo un aire más deportivo gracias a su evocación de los monoplazas de la Fórmula Uno y a su manejo rápido e intuitivo: con la palanca de la derecha subimos marchas, con la de la izquierda las bajamos. Todo se ejecuta con suavidad, sin tirones y con una gran precisión.

Es muy similar al resto de los Audi TT y, sin embargo, los pequeños detalles que lo diferencian captan la atención de peatones y conductores. Rápidamente, se dan cuenta de que no están ante un TT convencional: entradas de aire más grandes y “branquias” en el paragolpes delantero, una salida con diseño de panel de nido abeja y un nuevo alerón en la zaga... El conjunto da como resultado -no se le escapa a nadie- una imagen más dinámica y agresiva que la que este modelo tiene normalmente.

Es entonces cuando la expectación que provoca este Audi se transforma en una expresión de “¡Menudo coche!”. En los semáforos, con cara de entusiasmo, otros conductores nos han consultado toda suerte de datos sobre este TT: potencia, cilindrada, manejo... La pregunta más repetida, que resumía todas las demás, fue “¿corre mucho?”.

Pues sí, corre mucho. No podía ser de otra manera, con un motor de seis cilindros en V, 3.200 cm3, 250 CV y el sistema de tracción total quattro, que permite inscribirse en las curvas a un ritmo asombroso. El propulsor reacciona inmediatamente a los requerimientos del acelerador gracias al dispositivo de control empleado para accionar la válvula de la mariposa, mientras deja escapar un sonido ronco que hará las delicias de los amantes de la deportividad. Esta rumorosidad no resulta molesta ni se cuela en exceso en el habitáculo, incluso aunque se llegue a la zona alta del cuentavueltas. Una válvula, presente en el sistema de escape de dos vías, se cierra dependiendo del número de revoluciones que alcance la mecánica, influyendo así en la acústica.

Ni que decir tiene que el ritmo que se puede llevar en carreteras amplias es elevado. Sin embargo, la estabilidad del vehículo y su cómodo manejo nos harán pensar que, en realidad, rodamos más despacio de lo que marca el velocímetro. ¿Adelantamientos comprometidos? Apenas existen. ¿Cuestas? ¿Qué cuestas? Un chasis aplomado y un innovador sistema de transmisión de seis marchas se encargan de digerir el derroche de potencia que este deportivo “de raza” pone a nuestra disposición.

A diferencia de éste, el del Audi no puede regular su velocidad de cambio, aunque, cuando el manejo es automático, se puede escoger entre un programa normal y otro deportivo, que permite al motor subir hasta la zona alta del cuentarrevoluciones antes de pasar a una marcha superior y acorta los tiempos a la hora de reducir. Lo cierto es que esta diferencia en los intervalos se nota poco; resulta más apreciable el ruido que llega al habitáculo cada vez que apura las relaciones.

Aunque este sistema resulta muy cómodo, la mayoría de los compradores del TT DSG preferirán emplear el modo manual. A éste se accede en cualquier momento, desplazando la palanca desde la posición “D” hacia la derecha o accionando las levas situadas a ambos lados del volante. No nos cansaremos de cantar las alabanzas de estos elementos, que dan al vehículo un aire más deportivo gracias a su evocación de los monoplazas de la Fórmula Uno y a su manejo rápido e intuitivo: con la palanca de la derecha subimos marchas, con la de la izquierda las bajamos. Todo se ejecuta con suavidad, sin tirones y con una gran precisión.

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