Seat Altea

Lo han conseguido. Seat ha logrado crear el monovolumen del futuro: bello estéticamente, con la dosis justa y necesaria de habitabilidad y con un carácter dinámico de primer orden.
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Seat Altea
Seat Altea

No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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p> Además, semi-oculto y moviéndose solidariamente con la bandeja trasera, tenemos otro cajón para transportar, por ejemplo, elementos tan necesarios como los triángulos de señalización.

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p> Si buscamos el máximo espacio, abatiendo los asientos y aprovechando al máximo las posibilidades que nos ofrecen los múltiples huecos del maletero, podemos alcanzar hasta los 1.320 litros de capacidad de carga, aunque nos tememos que olvidándonos de cualquier tipo de rueda de repuesto.

No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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p> Además, semi-oculto y moviéndose solidariamente con la bandeja trasera, tenemos otro cajón para transportar, por ejemplo, elementos tan necesarios como los triángulos de señalización.

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p> Si buscamos el máximo espacio, abatiendo los asientos y aprovechando al máximo las posibilidades que nos ofrecen los múltiples huecos del maletero, podemos alcanzar hasta los 1.320 litros de capacidad de carga, aunque nos tememos que olvidándonos de cualquier tipo de rueda de repuesto.

No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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p> Además, semi-oculto y moviéndose solidariamente con la bandeja trasera, tenemos otro cajón para transportar, por ejemplo, elementos tan necesarios como los triángulos de señalización.

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p> Si buscamos el máximo espacio, abatiendo los asientos y aprovechando al máximo las posibilidades que nos ofrecen los múltiples huecos del maletero, podemos alcanzar hasta los 1.320 litros de capacidad de carga, aunque nos tememos que olvidándonos de cualquier tipo de rueda de repuesto.

No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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p> Además, semi-oculto y moviéndose solidariamente con la bandeja trasera, tenemos otro cajón para transportar, por ejemplo, elementos tan necesarios como los triángulos de señalización.

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p> Si buscamos el máximo espacio, abatiendo los asientos y aprovechando al máximo las posibilidades que nos ofrecen los múltiples huecos del maletero, podemos alcanzar hasta los 1.320 litros de capacidad de carga, aunque nos tememos que olvidándonos de cualquier tipo de rueda de repuesto.

No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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p> Además, semi-oculto y moviéndose solidariamente con la bandeja trasera, tenemos otro cajón para transportar, por ejemplo, elementos tan necesarios como los triángulos de señalización.

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p> Si buscamos el máximo espacio, abatiendo los asientos y aprovechando al máximo las posibilidades que nos ofrecen los múltiples huecos del maletero, podemos alcanzar hasta los 1.320 litros de capacidad de carga, aunque nos tememos que olvidándonos de cualquier tipo de rueda de repuesto.

No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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No ha pasado mucho tiempo desde que Walter de Silva daba con su lápiz los primeros trazos del Altea; ahora ya es una masa de acero grácil y voluptuosa. Cuando se presentaba como prototipo en el Salón de Frankfurt de 2003, muchos de los que lo vimos no confiábamos demasiado en su nacimiento. Suponía algo arriesgado para Seat lanzar un modelo de estética tan atrevida. Los malos augurios, por suerte, no se han cumplido y la marca española, embarcada en un cambio importante de imagen, estilo y carácter, optó por que el Altea viera finalmente la luz. Desde hace unos meses, Seat se ha dedicado a ponernos los dientes largos anunciando en pequeñas dosis nueva información sobre su nuevo monovolumen. Hasta hoy, cuando, finalmente, hemos tenido la oportunidad de contemplarlo "in situ" y, lo que es más importante, de conducirlo.

Es significativo el hecho de que, visto desde fuera, este modelo parece más pequeño de lo que es. Mide 4,28 metros de largo, pero su diseño nos engaña visualmente. En este punto toma capital importancia lo que llama Seat “línea dinámica”, un trazo estético que nace en el arco del paso de las ruedas delanteras y recorre lateralmente la carrocería hasta llegar a la rueda posterior.

Con los citados 4,28 metros, calca las dimensiones de sus principales rivales: Xsara Picasso (4,28 metros), Almera Tino (4,26) y Scénic (4,26), y queda algo por debajo de Focus C-Max (4,33), Opel Zafira (4,32) y Volkswagen Touran (4,39). Lo que no ofrece ninguna duda es que es más bajo que todos ellos. Mide 1,56 metros y el único que se le acerca en este apartado es el monovolumen de Ford, que se queda en 1,60 metros.

El hecho de que también se encuentre entre los más estrechos del segmento (1,76 metros), con cifras similares a las que ofrecen los monovolúmenes de Opel, Citroën y Nissan, hace que este Altea no sea un dechado de espacio, principalmente en las plazas traseras, algo que veremos más tarde.

Hablábamos de una sensación de coche de dimensiones contenidas, pero esa percepción no se confirma cuando nos introducimos en el habitáculo. Los ingenieros de la marca han colocado los asientos a un nivel más bajo que la línea inferior de la puerta, lo que favorece la entrada, sobre todo en las plazas traseras, e incrementa la distancia de nuestras cabezas respecto del techo, con lo que se gana en sensación de espacio. En este fin también colabora un parabrisas de grandes dimensiones y unas ventanas “extra” de pequeño tamaño que se encuentran junto al pilares A y C.

Las plazas delanteras son muy desahogadas, con unos asientos cómodos y que recogen bien el cuerpo incluso en las versiones básicas. Los acabados más deportivos cuentan con unas butacas específicas con alas más grandes que someten a nuestro físico a un marcaje más eficaz. Si echamos un vistazo a la zona posterior, descubrimos que el espacio para las piernas y para las personas más altas es más que suficiente. Es innegable que es un coche realizado para acoger a cuatro pasajeros, ya que, como citábamos antes cuando hablábamos de sus dimensiones, no se trata de un modelo excesivamente ancho y, además, la existencia de un apoyabrazos delantero no facilita las cosas. La habitabilidad trasera también depende de si estamos ante una versión básica o deportiva, ya que, en estas últimas, se pierde espacio por las alas en las banquetas.

El maletero cubica, según las mediciones de la marca, 409 litros, y cuenta con una gran modularidad y capacidad de configuración. Posee, por decirlo así, hasta tres niveles, dos convencionales y un tercero donde se almacena la rueda de repuesto o de galleta (si se lleva, pues tendremos que pagar un sobreprecio por cada uno de estos elementos, puesto que de serie sólo incluye un kit de reparación de pinchazos; incomprensible por imagen de marca y por seguridad.) En el nivel superior se puede almacenar el equipaje convencional y, si así lo necesitáramos, podemos abatir los asientos traseros, algo que se realiza con una sola mano y de forma fácil y sin esfuerzo.

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p> Bajo un tapa plegable, se sitúa un doble fondo en el que podemos almacenar objetos que queramos que no se muevan demasiado. Para ellos, contamos con la ayuda de una red de carga y de una serie de traviesas que nos permiten una colocación ordenada y racional de los mismos.

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p> Además, semi-oculto y moviéndose solidariamente con la bandeja trasera, tenemos otro cajón para transportar, por ejemplo, elementos tan necesarios como los triángulos de señalización.

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p> Si buscamos el máximo espacio, abatiendo los asientos y aprovechando al máximo las posibilidades que nos ofrecen los múltiples huecos del maletero, podemos alcanzar hasta los 1.320 litros de capacidad de carga, aunque nos tememos que olvidándonos de cualquier tipo de rueda de repuesto.

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Maletero Seat Altea

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