Peugeot 607 2.2 HDI 136 CV 6 vel

El buque insignia de Peugeot, el espléndido 607, recibe una caja de cambios de seis velocidades que complementa perfectamente al poderoso motor 2.2 HDI de 136 CV. Con esta combinación mecánica, los amantes de los viajes cómodos están de enhorabuena.
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Peugeot 607 2.2 HDI 136 CV 6 vel
Peugeot 607 2.2 HDI 136 CV 6 vel

Si lo que se busca es un coche amplio, cómodo, que viaje sin problemas y que, además, aporte distinción y un confort de alto nivel, el 607 es una opción que no conviene dejar de lado.

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p> La berlina de Peugeot es un ejemplo perfecto del refinamiento que ha ido alcanzando la automoción francesa, que rivaliza en lujo y niveles de equipamiento con la alemana. Sin embargo, el mercado, al menos el español, sigue sin sonreír abiertamente a estos coches galos. El 607, los Vel Satis... Con la honrosa excepción del C5, que se defiende, todos los demás han ido de tropiezo en tropiezo en nuestro país. Y eso que argumentos de venta no les faltan.

El 607 2.2 HDI de 136 CV es un claro ejemplo de este magnífico momento creativo que atraviesa el segmento alto en Francia. Con sus formas elegantes y sosegadas, quintaesencia lo que debe ser un vehículo de representación: bello, de gran presencia y envergadura, capaz de transmitir imagen de poderío y también de seguridad.
Nada de esto falta en nuestro protagonista que, además, propone una combinación mecánica muy atractiva. Hemos elegido en esta ocasión el motor 2.2 HDI con la caja de cambios de seis velocidades. Es una mezcla interesante de eficacia mecánica y ahorro de combustible.

Es el 607 una berlina de lujo que, al menos en España, no tiene el mismo tirón comercial de sus rivales alemanes. La verdad es que, tras pasar un fin de semana en su compañía, uno no sabe muy bien a qué puede deberse esta “discriminación”. ¿Tanto importa la marca?

El propulsor 2.2 HDI es una máquina bastante conocida, pero no por eso poco útil. Es un motor abnegado, silencioso, de entrega total y de respuesta siempre generosa. Moviendo el voluminoso cuerpo del 607, este HDI cumple: no es que sea un ejemplo de aceleración o que derroche fuerza, pero tampoco se le pueden poner demasiados reparos.

Tiene buenos bajos, necesarios para lanzar los 1.642 kilogramos del Peugeot. Después, su mejor momento se sitúa sobre las 2.200 vueltas, mientras que por encima de 4.000 ya no aparece mucha más fuerza, aunque el motor, voluntarioso, permite estirar todavía algo más. Según nuestro banco de pruebas el par máximo es de 32,72 mkg a 2.250 revoluciones, una cifra muy interesante.
Aun así, es de los menos potentes de su categoría, donde el mínimo de potencia ronda los 150 CV.

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p> La caja de cambios de seis velocidades ha venido a dar un carácter más reposado a este motor. Ahora, los esfuerzos le cuestan menos y se ha logrado reducir ruidos y, sobre todo, consumos, que presentan una media ponderada de 7,2 litros a los 100 km.
Esta cantidad puede parecer muy alta para un turbodiésel, pero hay que explicar que está condicionada por el consumo en ciudad (8,8 litros a los 100 km). En los trazados urbanos, el peso del coche es determinante. En cambio, en carreteras interurbanas ha marcado una media de 5,4 litros.

Siguiendo con la caja, es obligatorio señalar que su manejo resulta un tanto dificultoso, pues es necesario trazar muy bien los movimientos de la palanca para no errar en el engrane de alguna marcha. También hay que señalar que son recorridos largos. En cambio, la elección de los desarrollos es muy buena.
Da gusto explotar las virtudes de la tercera, quizá la marcha más brillante de todas, sobre todo cuando la carretera se enreda en curvas y cuestas. Es una relación en la que el motor muestra todo su vigor y la potencia afluye en torrente al pie del acelerador. Casi lo mismo se puede apuntar de la cuarta, capaz de estirarse mucho y de proporcionar una buena aceleración sostenid

Es una marcha perfecta para las recuperaciones y los adelantamientos rápidos, cuando hace falta agilidad para dejar atrás los problemas del tráfico espeso. En cambio, en quinta nos quedamos un poco en tierra de nadie: es demasiado larga y se solapa con la sexta. Esta última, inagotable, está pensada para viajar cómodamente, ahorrando y disfrutando de una conducción relajada. Tiene bastante fuelle y aguanta relativamente bien las caídas de vueltas, lo que la hace idónea para la autopista: si tenemos cuidado de no dejar caer mucho el régimen del motor, podemos hacer cientos de kilómetros sin sacar esta sexta.

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p> Otra cosa es en carreteras más incómodas, donde el volumen del coche nos obligará a trabajar mucho con el cambio para mantener el ritmo. Es ahí donde las marchas medias, con su gran capacidad para tirar, nos ayudarán más.

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