Opel Astra

En abril se pone a la venta el nuevo Opel Astra. El compacto alemán ha sufrido una espectacular metamorfosis y se presenta ahora con una imagen radicalmente distinta a la que lucía en su última etapa. Y, además, será bastante más barato. El cambio promete.
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Opel Astra
Opel Astra

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

Del Astra de la generación anterior queda poco más que el nombre. Al menos, en lo que a fachada se refiere. Ahora, el coche tiene una planta de deportivo que sorprende. Más largo, más ancho y más alto, exhibe también un diseño más racial, más aguerrido, con rasgos muy marcados y una musculatura prominente. Llama la atención lo tenso de sus líneas, sobre todo la que enmarca el techo del coche, una curva rápida y fuerte que define una personalidad audaz y deportista.

Hay mucha chapa a la vista: grandes planos en la zaga, llena de protuberancias y nervaduras, con grupos ópticos sobredimensionados y el parabrisas trasero redondeado. Hay también mucho volumen de metal en los laterales, con una línea de cintura muy alta y los hombros marcados y prominentes. El morro, quizá más en la línea de los Signum y últimos Vectra, muestra un aspecto torvo, con ópticas tridimensionales de carcasas romboides y una parrilla muy alargada. Para rematar el conjunto, las unidades con que hicimos el contacto lucían unas colosales llantas de 17” que subrayaban todavía más el espíritu deportivo del coche.

Friedhelm Engler ha dirigido al equipo que ha dibujado este nuevo Astra. Es también el “ideólogo” de esta revolución estética que ha vivido el compacto alemán. Engler explica que ha buscado deliberadamente una ruptura con la línea anterior y que ha tratado de alcanzar formas más latinas, más pasionales.

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p> Pregunta: La imagen que da este Astra está lejos de la clásica idea de coche alemán. ¿Se buscaba esta separación cuando se empezó a diseñar?
Respuesta: Sí, completamente. Es un coche que no tiene nada que ver con la estética tradicional alemana, es muy emocional, entra por los ojos. Queremos que la gente vaya al concesionario y, automáticamente, diga “quiero probarlo”.
P.: ¿Marcará una nueva tendencia en el diseño de Opel?
R.: Sin duda, seguro que sí. El “feeling” de los coches de Opel va a cambiar, va a ser más atrevido, más... febril.
P.: ¿Qué inspiró este diseño?
R.: Hay muchas fuentes de inspiración, pero me gusta que me influyan la música, el deporte, la arquitectura... Es como cuando visitas Barcelona y paseas por las Ramblas, que recibes multitud de sensaciones sugerentes. Así es este coche, como ese ambiente de las Ramblas, que me encanta.
P.: ¿Las versiones familiares estarán en la misma línea?
R.: Sí, estamos preparando un Caravan muy deportivo, muy aproximado a los conceptos que mostraremos en el Salón del Automóvil de Ginebra.
P.: ¿Por qué cree que el Golf, el gran rival del Astra, ha visto tan poco modificada su imagen?
R.: Creo que nuestro cliente es más moderno y progresista, por eso pide otras cosas. Además, el momento y el mercado cambian constantemente, hay que estar atento para no perder el paso, porque puede ser un gran paso para luego recuperarse.
P.: ¿No tienen miedo de que un diseño tan arriesgado se haga viejo muy rápido?
R.: No, porque el coche es moderno, pero no marca una moda, no se quedará desfasado.

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p> Como se puede ver, Opel ha transformado por completo la idea del Astra. De unas líneas más bien conservadoras y sosegadas se ha pasado a una tormenta de líneas que busca, ante todo, entrar por el ojo del comprador. En un segmento como el de los compactos, donde rivalizan coches tan bellos como los Alfa 147, los Mazda3, los Mégane, los Audi A3 e incluso los Focus, Opel ha comprendido que necesitaba dar un aldabonazo, un puñetazo en la mesa que atraiga la atención del público. Eso es el Astra: una reacción química. Un discurso valiente que deja en evidencia el conservadurismo de la otra marca alemana generalista, Volkswagen, que apenas ha modificado la idea de su Golf, el sempiterno rey del segmento.

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Opel Astra 2004

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